Archivo mensual: febrero 2012

Explicar nuestras ideas.

A veces sucede muy fácilmente, sin darnos cuenta en una conversación damos una explicación de cuál es nuestra idea sobre un tema específico. Ojo, estoy hablando de algo más que nuestra opinión o decir si estamos a favor o en contra de X o Y. Quiero hablar sobre esas ocasiones dónde somos especialmente lúcidos y definimos algo para nosotros y delante de alguien más, de esas veces en que nos damos a entender y además nuestros interlocutores terminan dando un aporte que hace todavía más rica la idea, y ésta deja de pertenecernos sólo a nosotros y hasta parece que cobra vida y se convierte en una acción compartida.

¿Por qué traigo este tema a la mesa? Por mi experiencia de dar un taller en dos grupos de nivel primaria, uno de 2º y otro de 5º, dos grupos que además suponían otra complicación muy interesante, una hija en cada uno de ellos. No es que hablar en público me represente un problema, aunque es algo que me produce cierto nerviosismo, me gusta hacerlo y creo que soy más o menos bueno en ello. La cosa es que a veces me ando por las ramas y no llego a ser lo suficientemente claro, brinco de un ejemplo a otro, de un libro que recuerdo a una película y de ahí a una canción, y luego se acaba el tiempo y quedo con la sensación de que no llegué a donde quería llegar. ¡No podía permitir que me pasara eso delante de mis hijas! Ok, los grupos no iban a permitir que eso sucediera. Con los niños si te vas por las ramas es más fácil que pierdan la atención y se pongan a hacer algo que les resulte más interesante, como ver una mosca de cerca o jalarle el cabello a la niña que les gusta. Tenía entonces un punto bien definido, había que ponerlos a jugar con las ideas y luego explicarlas desde el juego, y no al revés, explicar y luego demostrar funciona poco con los niños y cada vez menos con los adultos.

Tuve entonces que ir más allá de las analogías, y pensar en cómo mostrar los conceptos de manera que se pudieran tocar, o por lo menos hacer como si esto fuera posible, y después hacer la explicación. Presentar la situación problemática y dejar que surgieran las posibles soluciones y con ellas hablar de los conceptos que estaban presentes al aplicarlas. Todo en la velocidad de los niños que ven los padrinos mágicos, que juegan Wii y X-box Kinnect, que nacieron y el internet ya estaba ahí, que ven una foto y deciden si la quieren conservar o no y no tienen que esperar a revelar una película fotográfica.

Con todo esto quiero decir que hoy más que nunca es importante que podamos mostrar de cierta manera nuestras ideas, que es importante que utilicemos todos los recursos que tenemos a la mano, que lo hagamos de una manera breve y que tengamos especial cuidado en que ello provoque algo, que puede ser una sonrisa, un asentimiento de cabeza o una pregunta que nos obligue a reformular nuestro planteamiento.

Creo que todo lo que quiero decir es que si realmente quieres ver que tan clara tienes una idea, trata de explicársela a un niño.

GLM

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