Lecturas Infantiles

Primero pensé en ponerle a este post “la Importancia de la Fantasía”, pero pensé que ese título lo puedo utilizar en otra ocasión y mejor no mezclar la gimnasia con la magnesia.

Ya hablé en un post anterior de la importancia que para mí tiene la lectura, y ahora escribo esto de lecturas infantiles para hablar de esos libros que al leerlos de niños nos pudieron parecer entretenidos, o incluso muy buenos, y en los que al regresar años después hemos encontrado más cosas de las que creíamos que había ahí, para llegar a pensar que esos libros a lo mejor y no eran tan de niños.

De hecho hay algunos libros que hoy consideramos infantiles y que en un inicio no lo fueron, como Los Viajes de Gulliver, que cuando lo escribió Jonathan Swift lo hizo como un escrito satírico (una burla) contra la vanidad y la hipocresía de los partidos políticos y los hombres que en ellos participan, poco infantil, ¿verdad? Sólo que por estar tan bien imaginado y escrito, resultó de fácil lectura para los niños, y como no siempre los papás leen los libros que sus hijos toman pues se hizo muy popular entre los más pequeños.

Como leerle a mis hijas es una actividad que me gusta mucho, me ha pasado que me he re-econtrado con algunos libros que leí de chico y que incluso leí de más joven (nótese que me estoy queriendo decir joven) y que ahora he encontrado todavía más placenteros y con más enseñanzas. Uno de ellos es el Principito, algo que podría resultar un verdadero cliché, pero que les aseguro que es un libro que vale la pena leer y volver a leer. Otro es La Historia Interminable, libro al que a veces no llegamos porque si bien la película fue buena en su época, toca la mitad de la historia que vienen en el libro, y simplifica detalles que para mí terminan siendo verdaderamente importantes.

Pero también me ha pasado con libros que ahora voy descubriendo, como la Trilogía de Tinta de Cornelia Funke (Corazón de Tinta, Sangre de Tinta y Muerte de Tinta), libros con los que se puede hacer toda una “arqueología de autores” que valen la pena para lectores juveniles y mayores, y gracias a los cuales mi hija de sólo 8 años aprendió lo que es un epígrafe, algo que muchos universitarios no saben todavía.

A lo que voy con todo esto, es que muchas pequeñas o grandes enseñanzas se pueden encontrar en libros en los que en un inicio creíamos que había pura fantasía. Lo importante es estar abiertos a esas enseñanzas, considerar que muchas veces para enseñar necesitamos primero aprender, que en lo sencillo y en lo fantástico podemos encontrar algo si estamos atentos. Por el momento me despido, que hoy toca leerle a las hijas El Jinete del Dragón, y cuándo terminemos ese entraremos por fin al universo Tolkien, ya les contaré a más profundidad lo que encuentre junto con mis hijas en estos libros.

GLM

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