Iba regularmente a la librería en la que yo trabajé durante un verano. De hecho cuando entré me comentaron que el lugar tenía un personaje muy particular, un señor que tenía entre 50 años y 60 años que por lo menos iba una vez por semana y que, aunque regularmente compraba libros, estaban seguros que iba a robar. Pero nadie había probado nunca que se hubiera llevado un libro sin pagar, sólo veían que volteaba constantemente para ver dónde estaban los trabajadores de la librería, luego se movía entre las secciones de libros  rápidamente y después lo veían encaminarse a la salida tratando de disimular una sonrisa.

Al principio traté de desentrañar el misterio lo más rápido posible, pero el señor era lo suficiente listo como para ir el sábado, el día en que más visitantes tenía la librería, así que aunque lo seguía en cuanto llegaba a la librería, siempre había algún cliente que me distraía con una pregunta y entonces lo perdía de vista el tiempo suficiente para que hiciera un movimiento sin que lo viera.

Después de 1 semana trabajando en la librería, instalaron cámaras de seguridad y yo me ofrecí como voluntario para cerrar el sábado y así poder revisar las grabaciones y saber por fin qué hacía nuestro extraño visitante. Recuerdo que ese día lo saludé cuando entró a la librería, él no me respondió y evitó mi mirada como era su costumbre cuando alguien trataba de hacer un contacto más personal, yo sonreí pensando que ahora sí lo descubriría y podría comentarles a todos cuál era la verdad detrás de nuestro visitante misterioso. Cuando terminé de cerrar estuve a punto de correr a ver la grabación, pero pensé que todo eso también quedaría grabado y se vería un poco ridículo.

Entré a la oficina y regresé la grabación viendo en pantalla las escenas hasta que pudiera reconocer al personaje de lo que yo creía un misterio. Cuando por fin apareció en pantalla vi que ese día había hecho 3 recorridos desde una sección específica de la librería hacia otras, pero realmente sólo en una imagen parecía que acomoda un libro en una de las secciones, no para llevárselo sino para dejarlo. Fui entonces a esa sección y me di cuenta qué es lo que había hecho este señor ese sábado. Decidí no contárselo a nadie y esperar a que volviera a visitar la librería.

El sábado siguiente esperé con más emoción que llegara que el día que pensaba descubrirlo; lo seguí un buen rato buscando quedar siempre en un punto ciego y cuando se agachó como para tomar uno de los libros de los estantes de abajo, me acerqué y le dije en voz baja: “¿por qué lleva libros que no corresponde a esa sección?”. Para mi sorpresa, se empezó a reír y me dijo: “Si me invitas un café, te cuento”.

Le pedí al gerente un descanso y lo invité a la cafetería que había en la librería. Nos sentamos y comenzó la conversación presentándose

– Me llamo Guillermo, y esto de llevar libros que no van en la sección de superación personal es una especie de broma y venganza personal. Verás, soy psicólogo clínico y me suelen llegar a consulta pacientes que después de 10 o 20 libros de esa sección deciden por fin consultar a un profesional. La cosa es que cuando llevan varios libros de esos, luego creen que saben qué tienen y el proceso se vuelve más enfadoso porque tienen explicaciones que les dan certezas que no quieren abandonar. Entonces, desde hace un tiempo decidí que mejor pondría libros con un título que incluso pareciera interesante en esa sección, pero que generaran dudas en lugar de certezas. –

Acabó con una sonrisa melancólica que yo devolví mientras asentía; terminó su café y se despidió amablemente. No lo volví a ver, e incluso me preocupé pensando que quizá le había pasado algo, pero cuando le comenté a un compañero que ya no iba el señor misterioso se rió de mi y no me animé a buscarlo sin un cómplice de aventura.

Terminó el verano y dejé de trabajar en la librería, regresé a la prepa y no volví a pensar en Don Guillermo hasta que hoy al estar buscando libros pasé por la sección de superación personal y vi un título que inmediatamente llamó mi atención: Principia Mathematica. Solté una carcajada que hizo que varios de los clientes me voltearan a ver, tomé el libro y no dejé de sonreír aún después de pagarlo y salir de la librería.

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1 comentario

enero 23, 2014 · 07:43

Una respuesta a “Terapeutas de Cuento II.

  1. Me encanta este cuento!

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