Archivo mensual: abril 2014

Terapeutas de Cuento III. Bar Placebo.

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No quiero que me mal interpretes, me gusta mucho mi trabajo – me dijo a mitad de la quinta cerveza – de hecho me está yendo mejor que nunca. Lo que pasa es que termina siendo un trabajo muy solitario, no puedes hablar con cualquiera de tus pacientes y cuando lo haces con un colega, termina siendo más una sesión de retroalimentación no pedida de lo que hiciste mal y aquello que deberías de hacer en la siguiente sesión. Además, después de un tiempo termina siendo un poco repetitivo, ya sabes que a 8 de cada 10 de los que te preguntan qué hacer les debes de decir una indicación que no van a seguir, luego están las señoras que quieren una vida sexual como la de la última novela de porno para amas de casa pero no quieren sentirse un personaje bobo de esas novelitas. Tampoco falta el esposo que quiere llevar a su esposa para que no le cause problemas, o el ejecutivo exitoso que sólo quiere vomitar los dilemas morales en los que acabó cayendo por continuar su camino al éxito. A lo mejor estás pensando que el que debería ir a terapia soy yo, pero eso ya lo he intentado y cuando voy con un terapeuta de una corriente diferente a la mía me la paso cuestionando en silencio sus fundamentos, cuando voy con uno de mi misma escuela no dejo de pensar en los errores técnicos que comete cuando está conmigo, lo peor es cuando vas con uno de los terapeutas famosos altamente recomendados y conoces su vida personal, y eso que uno sabe que en la universidad al psicólogo sólo nos enseñan psicología y no como vivir. Probablemente sólo sea que hoy fue un día cansado, que necesita sentir que alguien me podía escuchar, ¿o crees que soy una persona más que quiere que le digan qué hacer?

No pude responderle, se terminó la cerveza y me dejó el dinero para la cuenta con una buena propina incluida. Yo que sólo quería decirle que lo entendía, que yo terminé poniendo un bar.

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¿Será que preferimos a “los malos”?

“El mal nunca gana, porque cuando gana se llama bien”.

Anónimo.

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¿Se han fijado que en algunas de las series que más éxito han tenido últimamente el protagonista es “el malo”? Veamos: Frank Underwood de House of Cards es un político corrupto y manipulador que lo mismo chantajea o mata a quien no le ayuda o estorba en su camino hacia el poder; sin embargo, el personaje es tremendamente interesante y al romper la cuarta pared llega a aliarse con nosotros como espectadores. Walter White, de Breaking Bad, es un maestro de química que ante su enfermedad terminal se convierte en productor y traficante de meta anfetaminas con todo lo que eso implica, pero en el camino de su transformación de maestro a traficante uno termina queriendo que le vaya bien, que reúna el dinero necesario para que su familia esté bien cuando el no esté.

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¿Qué pasa con las películas? Pensemos en Avengers y Batman, películas en las que para muchos lo más memorable es el papel del villano, quedando Loki y Joker como los personajes más representativos e incluso como aquellos a los que se les atribuyen las frases citables. ¿Será que preferimos a “los malos”?, ¿aprenderemos más cosas de los personajes antagónicos?, ¿se habrá agotado la perspectiva del héroe o es que medimos su impacto con relación al malo que enfrenta?¿Y si son parte de lo mismo como lo sugiere la ficción: The Deal?, ¿será insuficiente la dicotomía malo/bueno?

¿Qué piensan?

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¿Valen la pena los audiolibros?

Cuando a mi me preguntaban sobre audiolibros solía decir que me parecían una opción para la gente que no le gusta leer, pues me parecía poco atractivo que alguien desconocido me leyera algo que yo perfectamente podía leer. Quizá en esta visión del audiolibro estaba presente la experiencia que había tenido de niño con unos audiolibros presentados en formato de acetatos y que eran básicamente la misma historia que las películas infantiles que contaban, sólo que con audio y el apoyo de un libro, lo que terminaba siendo algo bastante rudimentario y no terminaba por ser ni la película ni el libro.

Ahora, después de 4 audiolibros en 4 meses, mi idea sobre éstos es positiva. Comencé a utilizar este tipo de formato porque en el blog de Tim Ferris encontré un link para un audiolibro sobre rituales diarios de diferentes grandes artistas. Descargué la aplicación (Audible) y el libro. Lo empecé a escuchar en diferentes trayectos cuando tenía que utilizar mi automóvil. Después de dos semanas así, comencé a escucharlo también cuando tenía que hacer algún trayecto a pie, lo que hizo que terminara bastante rápido el audiolibro y empezara a estudiar un poco más la aplicación y los títulos que tenía disponibles.

Al ver que tenía una gran variedad de títulos y de temas, y además encontrar que había un libro que necesitaba para cuestiones de trabajo en ese momento y que no había podido conseguir de manera digital o física, decidí adquirir la membresía que por 200 pesos mensuales te permitía adquirir un audilibro al mes sin importar que este tuviera un valor superior, después de todo, este servicio podía ser cancelado en cualquier momento y el libro podía ser cambiado si la experiencia de lectura no era satisfactoria.

¿Fuí “víctima” del modelo Freemium? Quizá, pero la verdad es que después de The Six Disciplines for Excellence (el libro que necesitaba), escuché: A Whole New Mind de Daniel H. Pink y On Writting. Memoirs of the craft, un libro sobre escribir de Stephen King, ambos narrados directamente por los autores y me convencí de que la experiencia valía mucho la pena, sobre todo porque en lugar de sustituir la lectura me ha servido como una forma más de acceder a más libros. Es decir, creo que la experiencia vale la pena seas o no lector y que puede perfectamente ayudar a que el tráfico de una ciudad se soporte de mejor manera o a que una caminata se convierta en algo más atractivo.

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Experimentar con el Cambio: 31 días sin café.

Aunque la palabra “cambio” pareciera estar muy desgastada en nuestro país (México) por cuestiones partidistas, el concepto me sigue pareciendo atractivo y útil para hablar de la movilidad y evolución constante que tiene la vida. Además, gran parte de mi trabajo consiste en ayudarle a la gente a cambiar para conseguir resultados diferentes y mejores en su vida o trabajo. Teniendo esto en mente, desde hace un tiempo realizo pequeños experimentos conmigo mismo para experimentar el cambio en primera persona y probar teorías, técnicas y mi propia flexibilidad para modificar hábitos e ideas.

Té Matcha

Así, decidí pasar el mes de marzo sin tomar café. Quizá para mucha gente esto no suponga un gran cambio, pero para mi el café es algo que tiene un papel importante en mi día a día, pues tomarlo es algo que disfruto y me da una cierta pausa para reflexionar mientras hago algunas de mis actividades laborales. Por otra parte, dejar de tomar café de ve en cuando lo siento como una especie de desintoxicación y como prueba de que yo controlo el consumo, algo sumamente importante pensando que en una etapa de mi vida llegué a tomarme 3 litros de café al día.

Como en otras ocasiones los primeros días fueron los más difíciles, pues el cuerpo se acostumbra al “empujón” que da la cafeína y el ritual de prepararlo está tan embebido en mi rutina que esos primeros días se sienten muy diferentes desde muy temprano. Este bache inicial lo suelo pasar de mejor forma cuando sustituyo el café por el té, otra bebida que requiere de un ritual particular de preparación y que hoy en día puede convertirse en todo un disfrute si uno se da el tiempo de investigar sobre variedades, preparaciones y la diferencia que implica tomar un té o una infusión con hojas enteras o frutos secos, algo que mejora tremendamente la experiencia pero tiene la desventaja de que es más caro que las clásicas bolsitas de diferentes marcas.

Una vez que llegué a la mitad del mes me di cuenta que no extrañaba tanto el sabor y el efecto de la cafeína, y que empezaba a disfrutar más los diferentes sabores y estilos de té, pues en 15 días ya había podio probar las variedades Oolong, Pu’erh y distintos Té Verdes. Además de que para esas fechas ya no se trataba de estar sin el café, sino de estar con el té. Este pequeño cambio de idea ayuda de manera importante en el cambio de hábitos, pues uno deja de centrarse en lo que está perdiendo y comienza a tener más foco en aquello que está ganando.

Al final del mes ya calculaba mejor el tiempo de calefacción necesario para el agua según el tipo de té, identificando además las variaciones de sabor que se producen si se calienta de más o de menos el agua, por lo que puedo decir que si bien no me hice un experto pude disfrutar de manera más consciente de esta bebida que muchas veces suele verse como menor por los tomadores de café.

Hoy, después de 31 días sin café y con el té, siento que tengo la flexibilidad necesaria como para no depender de una u otra bebida, y además empiezo el mes con la idea de seguir experimentando con pequeños cambios que me ayuden a mantenerme flexible y abierto a posibilidades diferentes de las que normalmente veo, algo que según yo me ayuda a cambiar no sólo cuando es inevitable y a ayudar a los demás a cambiar.

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