Experimentar con el Cambio: 31 días sin café.

Aunque la palabra “cambio” pareciera estar muy desgastada en nuestro país (México) por cuestiones partidistas, el concepto me sigue pareciendo atractivo y útil para hablar de la movilidad y evolución constante que tiene la vida. Además, gran parte de mi trabajo consiste en ayudarle a la gente a cambiar para conseguir resultados diferentes y mejores en su vida o trabajo. Teniendo esto en mente, desde hace un tiempo realizo pequeños experimentos conmigo mismo para experimentar el cambio en primera persona y probar teorías, técnicas y mi propia flexibilidad para modificar hábitos e ideas.

Té Matcha

Así, decidí pasar el mes de marzo sin tomar café. Quizá para mucha gente esto no suponga un gran cambio, pero para mi el café es algo que tiene un papel importante en mi día a día, pues tomarlo es algo que disfruto y me da una cierta pausa para reflexionar mientras hago algunas de mis actividades laborales. Por otra parte, dejar de tomar café de ve en cuando lo siento como una especie de desintoxicación y como prueba de que yo controlo el consumo, algo sumamente importante pensando que en una etapa de mi vida llegué a tomarme 3 litros de café al día.

Como en otras ocasiones los primeros días fueron los más difíciles, pues el cuerpo se acostumbra al “empujón” que da la cafeína y el ritual de prepararlo está tan embebido en mi rutina que esos primeros días se sienten muy diferentes desde muy temprano. Este bache inicial lo suelo pasar de mejor forma cuando sustituyo el café por el té, otra bebida que requiere de un ritual particular de preparación y que hoy en día puede convertirse en todo un disfrute si uno se da el tiempo de investigar sobre variedades, preparaciones y la diferencia que implica tomar un té o una infusión con hojas enteras o frutos secos, algo que mejora tremendamente la experiencia pero tiene la desventaja de que es más caro que las clásicas bolsitas de diferentes marcas.

Una vez que llegué a la mitad del mes me di cuenta que no extrañaba tanto el sabor y el efecto de la cafeína, y que empezaba a disfrutar más los diferentes sabores y estilos de té, pues en 15 días ya había podio probar las variedades Oolong, Pu’erh y distintos Té Verdes. Además de que para esas fechas ya no se trataba de estar sin el café, sino de estar con el té. Este pequeño cambio de idea ayuda de manera importante en el cambio de hábitos, pues uno deja de centrarse en lo que está perdiendo y comienza a tener más foco en aquello que está ganando.

Al final del mes ya calculaba mejor el tiempo de calefacción necesario para el agua según el tipo de té, identificando además las variaciones de sabor que se producen si se calienta de más o de menos el agua, por lo que puedo decir que si bien no me hice un experto pude disfrutar de manera más consciente de esta bebida que muchas veces suele verse como menor por los tomadores de café.

Hoy, después de 31 días sin café y con el té, siento que tengo la flexibilidad necesaria como para no depender de una u otra bebida, y además empiezo el mes con la idea de seguir experimentando con pequeños cambios que me ayuden a mantenerme flexible y abierto a posibilidades diferentes de las que normalmente veo, algo que según yo me ayuda a cambiar no sólo cuando es inevitable y a ayudar a los demás a cambiar.

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Archivado bajo Cambio, Estilo de Vida, Motivos Personales

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