Lo que cuesta y lo que vale.

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Esto de dedicarse a una actividad que entra en la categoría: “Servicios” hace que uno se encuentre constantemente con la diferenciación entre costo y valor. Claro que difícilmente aparece de una manera tan elaborada. Por ejemplo, en las investigaciones cualitativas no falta el cliente que dice, haciendo una división algo burda entre el precio del servicio y el número de hojas del reporte: “o sea que me salió a X por hoja”. También están los clientes que, tanto en reportes de investigación como en diagnósticos organizacionales, después de ver reportes voluminosos dicen: “¿y si me pones las respuestas resumidas en unas dos hojas?”. O, uno de mis favoritos, los que piden descuento o financiamiento señalando: “a fin de cuentas, sólo inviertes tu tiempo y el de tu equipo de trabajo, ¿no?”.

Para ser justos el problema no es solamente de los clientes. Difícilmente encontraremos a los clientes ideales todo el tiempo, menos cuando uno trabaja para no ser indispensable (quizá algún día tendré que elaborar algo sobre esto), y aunque al parecer al contratar el servicio queda claro por qué uno cobra lo que cobra, hay que estar siempre abiertos a la posibilidad de recordárselos. Después de todo, puede que cueste bastante clarificar el servicio, pero definitivamente lo vale.

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Archivado bajo Desarrollo Organizacional, Estilo de Vida

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