Terapeutas de cuento VIII. Frente a los miedos.

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Un viejo maestro nos dijo un día que si nuestros pacientes nos daban miedo, era mejor que aprendiéramos karate o algún tipo de defensa personal. Lo que no dijo fue cómo nos íbamos a enfrentar ante más tipos de miedos que el de ser dañados físicamente. Es cierto, temer que un paciente traiga pistola es complicado; que te diga que la dejó en el auto, tampoco es sencillo, pero “se soluciona” convirtiéndolo en política del tratamiento: prohibido entrar al consultorio con pistola. No, los miedos personales son mucho más difíciles, y esos son los que se enfrentan más frecuentemente, pues no es poco común encontrar historias que perfectamente hubieran podido ser la nuestra si hubiéramos tomado una decisión diferente en tal o cuál momento de nuestra vida. También están aquellos casos en dónde la situación que vemos es muy parecida a la nuestra, quizá demasiado.

Pero no deja de ser emocionante estar frente a los miedos, sentir como se quieren mover del paciente hacia uno, como empiezan a tocarnos, a veces empezando por las piernas otras como un escalofrío en la espalda, para después ser uno el que les toma la mano y los deja sentados para que vean que ya no están dentro de nadie, y ponerlos después dentro de un expediente, o de un cuento, dónde son ya la historia de lo que fue y ya no será.

GLM

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Archivado bajo Ficción, Terapeutas de Cuento

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