Reflexiones sobre la Tristeza de una Osa Polar.

Osa Polar. Foto de Periódico El Informador

Regresa el tiempo de calor a mi ciudad, Guadalajara (Jalisco, México), y vuelven a escucharse y leerse los comentarios sobre la tristeza que se ve en la osa polar que habita en el Zoológico local. Mientras que en la plataforma change.org se solicitan firmas para que se traslade a este oso a un lugar con un clima más favorable, el Zoológico informa en sus redes sociales que Ágata, así se llama la osa, tiene todas las atenciones necesarias para asegurar su salud. En ambas publicaciones se presentan comentarios a favor y en contra de cada una de las posturas y se presentan señalamientos sobre lo equivocada que está la postura de los que no piensan igual que cualquiera de los opinantes.

Yo, porque seguí de cerca un libro sobre el Zoológico de Guadalajara que elaboró Publicaciones Ilustra, sé que en la institución trabaja un equipo de apasionados por los animales, que buscan a toda costa el bienestar de los mismos con cuidados profesionales y, sobre todo, sumamente amorosos. Sin embargo, los zoológicos no dejan de parecerme una especie de refugio-cárcel-galería que construimos los humanos para cuidar-exhibir especies que nosotros mismos pusimos en peligro. Como bien dicen los del zoológico, muchas de éstas especies no se conservarían si no fuera por su trabajo, el problema es que seguimos sin hacer lo necesario para que las diferentes especies que protegen los zoológicos puedan reintegrarse a su hábitat, y algo todavía más grave es que no estamos haciendo lo necesario para recuperar los lugares en los que viven especies como el oso polar.

No me parece que el debate esté en sacar o no a Ágata del Zoológico de Guadalajara, sino más bien en qué podemos hacer para que haya más camadas de oso polar que nazcan en su hábitat y que éste no corra más el riesgo de desaparecer. ¿Tendremos que involucrar a proyectos como Xprize para buscar soluciones a problemas que parecen imposibles?, quizá es una buena opción, quizá además de esto nos ayude cambiar la mentalidad tipo “dueños de la tierra” a una en la que seamos responsables de su cuidado y conservación, como una especie más que tiene como manera de “pagar la renta” asegurar que esta casa de todos pueda seguir existiendo. De lo contrario, la tristeza de una osa polar se convertirá en el lamento humano por no haber hecho lo suficiente para favorecer a la existencia de todas las especies.

GLM

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Archivado bajo Clima, Conocimiento, Ecología, Educación

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