Replantearse el Contrato Social.

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Una de las cosas que más me gusta de la escuela de mi hija menor, de nombre oficial Ignacio Díaz Morales pero mejor conocida como Centro Educativo Koala, es que todos los años a principio del ciclo escolar se plantea el contrato social de cada uno de los salones, es decir, se establecen los compromisos, derechos y obligaciones que se cumplirán por todos los integrantes del salón. ¿Suena a que cada año se reafirma el reglamento?, pues no es así, porque el contrato social se elabora de manera participativa, los niños proponen y se ponen de acuerdo en qué es aquello a lo que se comprometen, así como las consecuencias derivadas de no cumplir estos puntos.

A lo mejor a mucha gente le parece algo demasiado simple, pero a mi me parece algo sumamente poderoso. De hecho, una vez intenté hacer algo así en una empresa en la que intervine como asesor y, aunque los resultados fueron buenos, pude observar que a los adultos nos cuesta trabajo hablar con candor sobre compromisos laborales y que muchas veces se habla más desde supuestos sobre entendidos que desde la escucha y la búsqueda de un bien común. Para decirlo más claro, en muchas personas está muy presente esta idea de que: “tu haces como que me pagas, yo hago como que trabajo”, o la que dice: “en los eventos de la empresa, yo me porto y digo lo que creo que se ve mejor”. La verdad, es que no resulta extraño porque muchos directores y dueños de empresa se manejan de esta manera, y cuándo no lo hacen no siempre se hacen llegar de las personas más adecuadas para trabajar y convivir en una dinámica distinta.

Si esto suena difícil en una empresa, me parece que el escenario es todavía más drástico en lo social. Se supone que el estado debe cumplir ciertas funciones, pero al mismo tiempo sabemos que no las cumplirá todas, y que muchas de las que hará no las hará tan bien. Damos por hecho que nos engañarán, por eso hacemos cosas para engañarlos. ¿No me creen?, ¿qué pasó cuando se popularizaron las infracciones de tránsito con radares que tomaban fotografías?, pues fácil, salieron a la venta dispositivos para que las cámaras no pudieran captar nuestras matrículas. Algo lógico, después de todo, las autoridades sólo hacen eso para perjudicarnos y el dinero que recaudan es para cualquier cosa menos para la ciudad, o por lo menos ese es el discurso que nos decimos para tolerar y hasta comprar estos dispositivos.

A mi me parece que todo esto es síntoma de que el contrato social está roto, o por lo menos caduco. Me parece que hay una fuerte necesidad de plantearlo en múltiples niveles de la sociedad, no sólo en las empresas y con relación al estado, sino también en las escuelas y hasta en las familias. ¿Cómo hacerlo? No sé la respuesta específica, pero pienso que debe pasar por el diálogo y que, forzosamente debe incluir las consecuencias de no cumplirlo. Sé que suena a una tarea titánica, pero me parece que cada quien podemos empezar por nuestra casa y nuestros trabajos, y desde ahí exigir y participar en el estado en sus diferentes formas de gobierno. ¿Difícil?, sin duda, pero ¿qué pasa si no hacemos esto? En lo particular, pienso que lo pero ya no es seguir igual, sino seguir empeorando.

GLM

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Archivado bajo Cambio, Educación, Empresas, México

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