Archivo mensual: noviembre 2015

Generación Espectáculo

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Tienen más selfies que fotos con sus amigos o familiares, pero son sólo un poco más que las de sus platillos y bebidas, casi todos de restaurantes, bares y cafeterías de cadena o franquicia. Evidentemente tienen su selfie stick. Declaran su amor de manera espectacular, aunque luego dure un mes y tengan sólo 15 años, total, al mes siguiente se les ocurrirá otra forma de demostrar que este sí es el amor de su vida. Muestran que su relación es seria poniéndolo en su perfil de redes sociales, tomándose muchos selfies con él o ella y hablándole (escribiéndole) con sus apodos cariñosos de la manera más pública posible. Luego se arrepentirán de eso, pero a fin de cuentas también el arrepentimiento es momentáneo, pues no hay nada que más imágenes y declaraciones no puedan borrar, o por lo menos hacer olvidar. Buscan tener siempre lo último de lo último, conocer el restaurante más nuevo y la tendencia más “in” de la moda de ropa, accesorios y tecnología. No se trata de lo que piensan, sino de cómo muestran o dicen lo que dicen que piensan, el punto es ser espectaculares, mostrarse y mostrar qué y cuánto saben, quiénes son y, casi siempre, qué tienen para demostrar que lo son. Y, quizá lo más interesante, no son propiamente una generación pues hay miembros que tienen 12, 15, 30, 40 o más años, de hecho, probablemente todos hemos sido en algún momento parte de ellos. El que esté libre de pecado, que muestre que no tiene una selfie.

GLM

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Terapeutas de Cuento XV. El Plan Maestro

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Sabía que tendría una semana con algunos casos complicados, supongo que eso pasa cuando uno participa mucho en los talleres de las especializaciones y maestrías, o cuando uno se presenta como voluntario para cuanto caso simulado y casos a revisión surgen en grupos de estudio. Así que decidí pedirle una asesoría a mi maestro el lunes temprano. Pasé a su consultorio y, mientras preparaba un café para cada uno de los dos en su hermosa DeLonghi, pude ver que en su escritorio tenía tres hojas en las que estaba escrito el mismo nombre de una familia. Yo iba a pedirle asesoría sobre su forma de preparar los casos, quería conocer más a detalle cuál era su manera de construir un plan de acción, así que no me importó ser poco discreto y le pregunté: “¿son estos tres planes posibles para atender a una familia?”. Me miró fijamente mientras me pasaba la taza con lo que parecía un delicioso espresso, se dió la vuelta para tomar su taza, observó por un momento su café, después acercó su nariz mientras cerraba los ojos, bajó la taza un poco y, aún con los ojos cerrados, bebió un trago de su café. Volvió a abrir los ojos, su mirada se clavó en mi y dijo: “Sí, son tres escenarios posibles para la siguiente sesión con esa familia.” Después de decir eso, volvió a tomar de su café mientras caminaba a la silla que ocupaba cuando estaba en sesión.

“¿Siempre hace tres planes para la sesión con cada caso?” Pregunté. Después de hacer una pequeña mueca, algo parecido a una sonrisa algo triste, respondió: “A veces hago más, en raras ocasiones hago sólo uno.”  Pensé que sin querer habíamos llegado justo a eso que yo buscaba ese día. –“¿Cómo hace para llegar a ese plan maestro, al plan exacto para el caso?” Soltó una carcajada y, cuando terminó, me dedicó una amable sonrisa. –“No creo que haya un plan maestro. De hecho, cuando sólo hago un plan, o cuando sólo me planteo un escenario, que es como prefiero pensarlo, me siento con más incertidumbre. Casi nunca se dan los escenarios tal cual los pensé, eso sólo pasa en las ficciones, pero claro que sirven, pues me dan ideas y me ayudan a sentirme preparado. Pero la intervención correcta, esa aparece en el momento, y rara vez es sólo una intervención la que resuelve un caso. Además, muchas veces cuando hago seguimiento y pregunto por aquello que más ayudó a que se resolviera la situación, me dicen algo totalmente distinto a lo que yo esperaba.”

Terminé mi café, le pedí prestados algunos libros y después nos pusimos a conversar sobre nuestras familias.

GLM

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La Magia del Pensamiento…

12294888_10153764389491419_8485543017667513949_n… no es lo mismo que el pensamiento mágico. De entrada la idea les puede parecer algo extraña, y quizá en ello influya la imagen que encabeza mi publicación de hoy, pero permítanme explicarme.

Empecemos por la imagen, que la tomó mi Esposa el día de ayer por la noche. Si 1 dona tradicional cuesta 4 pesos y uno compra 6, en teoría uno pagaría 24 pesos; la “oferta”, que además dice “aprovecha!” (sic) dice: caja con 6 donas surtidas por 28 pesos. Nosotros compramos las 6 donas tradicionales y pagamos los 24 pesos, porque le dijimos al joven de panadería que eran 6 donas tradicionales y entonces no nos convenía la promoción. Espero que si alguien más compró sólo donas tradicionales, haya reparado en que la oferta no era lo más conveniente para él o ella, pues sabemos que si uno no le piensa, puede “caer” en ofertas que no son tales, de hecho, hay tiendas y comerciantes que le apuestan a eso, pues no somos tan racionales como nos creemos, y en ese sentido somos fáciles de “engañar” si no pensamos y analizamos con detenimiento los resultados de nuestros análisis y acciones.

Vamos ahora con el pensamiento, aunque para eso seguiré necesitando a la imagen. Cuando mi Esposa subió la foto a su Facebook, tuvo muchos comentarios, uno muy bueno decía: “Ah, pero tienes una caja”, a lo que se me ocurrió comentar a mi: “Y entonces uno se da cuenta que “pensar fuera de la caja”, te hace pensar en la caja”. Con el pensamiento pasa algo similar, para pensar “mejor” hay que pensar cómo piensa uno, y además ver los resultados que ese tipo de pensamiento nos da, si las acciones que llevamos a cabo son coherentes y congruentes con la que decimos que es nuestra forma de pensar, de lo contrario, por más que pensemos de manera positiva, digamos que pensamos estar bien, pero hagamos cosas que no nos ayudan a estar de eso modo, no lo conseguiremos. Y es que a veces se puede caer en lo que se llama pensamiento mágico, la idea de que sólo se necesita pensar las cosas para que sucedan. No es que me cierre a la posibilidad de la magia, así como tampoco me cierro a las ventajas de conocer ciertos “trucos” o hacks que ayudan a conseguir un objetivo, mantener un esfuerzo o cambiar algo que costaba trabajo hacerlo, pero sí pienso que una de las cosas más mágicas que pueden ocurrir, es “alinear” las intenciones, el pensamiento y las acciones.

GLM

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11º Experimento del Año. Noviembre, mes de la Alegría.

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No es que esté haciendo trampa, sé que el mes no ha terminado. Bueno, en realidad sí hubo un poco de trampa porque este es el mes en el que festeja su cumpleaños mi esposa, y celebrar su nacimiento es un gran motivo de alegría para mi. Así que puedo decir que, con todo y las complicaciones propias de los últimos meses del año, Noviembre es fácilmente un mes para la alegría. Cómo no iba a serlo, si nuestra historia juntos empezó a tomar forma en un cumpleaños. En esos tiempos de universidad era un poco más tonto, de que otra forma se puede explicar que no me haya apresurado más para disfrutar la vida con una pareja tan increíble. Lo bueno es que se me ha quitado un poco, o por lo menos eso quiero pensar, y ahora atesoro más que nunca cada momento de convivencia, ahora entiendo mejor que la alegría es una opción y que desde ella es más fácil la convivencia. Sin duda, ese es un gran aprendizaje que le debo a mi esposa.

Gracias por compartir tus cumpleaños conmigo. Por compartir todas tus emociones, por dejarme acompañarte en el proceso de creación de tus pinturas, por cada una de las conversaciones que tenemos, por ayudarme a ser una mejor persona y un mejor padre del que pensé que podría ser. Y, sobre todo, gracias por la alegría.

GLM

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Dialogar/Discutir/Debatir.

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No son lo mismo y los usamos indistintamente. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), Dialogar es una plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos en busca de avenencia. El resaltado es mío y es buscando hacer énfasis en que bajo esta óptica, se supone que se dialoga para llegar a un convenio, conformidad y unión, que es lo que significa avenencia. Por otra parte, Discutir es tanto examinar atenta y particularmente una materia como contender y alegar razones contra el parecer de alguien. Una vez más el énfasis es mío, sólo que aquí es con el interés de mostrar que de acuerdo al diccionario, cuando se discute se alega, pero es examinando de manera atenta y particular lo que se está discutiendo. En lo que respecta a Debatir, la RAE lo define como discutir un tema con opiniones diferentes, y también señala que es luchar o combatir. Aquí, quisiera poner el énfasis en que después de luchar o combatir, se suele pensar en un ganador o perdedor.

Es cierto, “el diccionario no es la policía de las palabras” (Pérez-Reverte), pero siempre resulta útil nombrar de la mejor manera posible las cosas y buscar que entre los que están conversando, dialogando, discutiendo o debatiendo tengan un entendimiento más o menos compartido de lo que se supone están haciendo. Poniéndolo más fácil, hay discusiones entre amigos que, al no ser debate difícilmente van a terminar con un ganador, y ya que son entre amigos vale la pena tomársela a la ligera; aunque bueno, si los amigos son abogados o por lo menos hay uno, quizá haya un rato en el que se busque un ganador y al final todos terminen pensando que ellos tienen la razón. Si uno va a dialogar en pareja, pues habrá que buscar esa avenencia o convenio, y si no se encuentra a la primera a lo mejor vale la pena parar un momento el diálogo para que no se convierta en discusión o debate. A final de cuentas, sea diálogo, discusión o debate, siempre hay que poner en la balanza si el tema es trascendental, o si de verdad uno quiere entrarle a la dinámica que se está proponiendo, y hacerlo desde una posición empática, pues de este modo es más fácil escuchar y mantener así la posibilidad de seguir teniendo una relación constructiva con el o los compañeros de conversación.

GLM

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¿Piden Perdón los Líderes?

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Sea de un proyecto, un equipo, una empresa completa, ¿piden perdón los líderes? ¿Por qué me surge esta pregunta? Bueno, resulta que en los diferentes escenarios de trabajo en los que me desenvuelvo, me suelo encontrar con personajes que se definen a sí mismos como líderes, o por lo menos como estudiosos del liderazgo. Luego, éstos quieren que “su gente” desarrolle algunas habilidades asociados al liderazgo, o que se les instruya sobre lo importante que es ser líder, o bueno, que por lo menos sean mejores siguiéndolos a ellos, que sí son líderes, pero por alguna extraña razón no los obedecen.

Ante estos escenarios, suelo preguntar qué se ha intentado hacer, cómo ha funcionado esto. Entonces, aparecen estrategias que no se definieron bien, acciones que se abandonaron antes de analizar a detalle los resultados y hasta surgen recuerdos de pequeños esfuerzos que consiguieron ciertos avances pero se les dejó de dar de seguimiento. Cuando esto último pasa, pregunto entonces quién dejó de hacer el seguimiento o de promover eso que empezaba a dar resultados y ahí, muchas veces, es cuando el líder dice:  yo. ¿Tendría que pedir perdón el líder o esto amenazaría su liderazgo?, ¿bastaría con reconocer que se equivocó? A veces es posible retomar alguna acción que estaba dando buenos resultados, otras no. De una u otra manera, reconocer un error puede ser otra forma más de demostrar liderazgo.

GLM

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Las Buenas Intenciones.

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Pasa algo curioso con las intenciones, las buenas generalmente son las nuestras. Es decir, la gran mayoría de las veces que hacemos algo es con una buena intención, aunque no siempre tengamos el mejor de los resultados. Y bueno, si no tenemos el resultado deseado, pues resulta que la intención era buena y buscamos dejar en claro eso primero, antes de revisar si hubo algo que estuviera en nuestra responsabilidad que pudiéramos haber hecho diferente.

¿Y las malas intenciones? Pues esas son de los otros, y casi siempre que nos aclaran que actuaron con buenas intenciones o de buena fe, pues seguramente lo hacen para esconder sus “verdaderos” motivos, ¿o no? Después de todo, nosotros llevamos tantos años de experiencia, tenemos tanto conocimiento que, sabemos “leer” a la gente, ¿verdad?

¿Resulta un tanto absurdo leer los párrafos anteriores? Quizá un poco, ¿no creen? Lo interesante es que muchas veces son estilos de pensamiento que seguimos, y que luego llevamos a la acción, tengamos claras o no las intenciones de los demás, hayamos pensado con detenimiento y calma en las posibles consecuencias más allá de nuestras buenas intenciones. Ojalá y podamos juzgar menos las intenciones de los demás y excusarnos en nuestras buenas intenciones, a fin de cuentas, ¿no dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones? Bueno, por lo menos tendré la intención de mantenerme vigilante en mi forma de pensar.

GLM

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Rendición de Cuentas VS Responsabilidad

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Mucho de lo escrito sobre la Rendición de Cuentas está hecho en inglés, y ahí se utiliza la palabra: Accountability para referirse a este término. Algunos autores señalan que, en inglés, la palabra generalmente está asociada a aspectos negativos, pues lo normal es que “se llame a rendir cuentas” a alguien que cometió un error o que fue “sorprendido” haciendo algo indebido. En una entrada de  The Trust Ambassador hacen comentarios muy interesantes y hasta proponen la palabra: Procountable para referirse a una forma proactiva y positiva de rendición de cuentas basada en retroalimentar lo bien hecho y lo mal hecho.

En español, se suele utilizar el término en cuestiones de gobierno u organizacionales, y también suele asociarse a aspectos negativos que tienen que ver con el combate a la corrupción o con el “castigo” a acciones específicas o, “por lo menos”, a una llamada de atención o un regaño. Es decir, el término no es muy positivo que digamos, y mucho de ello tiene que ver con que “rendir” “cuentas”  son palabras que tienen que ver con vencer y justificar. Lo curioso, es que tanto en español como en inglés el termino responsable se podría utilizar sin tener tanta asociación negativa, ¿por qué no se usa entonces?, ¿será porque de alguna forma hemos “desgastado” la palabra? No lo sé, pero sí me parece que valdría la pena revalorarla y hacer más por vivirla, cuidando que seamos “realmente” responsable por lo que hacemos y sus consecuencias, teniendo en cuenta que a veces también nos toca hacernos responsables de que no pasen ciertas cosas, y eso puede ser un poco más difícil. Pero eso, ya es cosa de otra entrada.

GLM

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Terapeutas de Cuento XIV. Los que Buscan Explicaciones.

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Le pregunté a mi Maestro: –¿Qué es peor que las barracudas?– Haciendo referencia al concepto de Joel Bergman de esas familias y pacientes que van de terapeuta en terapeuta demostrando que nadie puede con ellos.

-No sé si son peores, o si podrían clasificarse como otro tipo de barracudas, y es que no me encanta ponerle tipologías a quienes me consultan- comenzó a decir mi maestro -pero sí me llaman mucho la atención los que llegan buscando explicaciones- continuó -esos que generalmente llevan por lo menos un proceso terapéutico y que además se han leído cuanto libro de autoayuda ha caído en sus manos o se ha puesto de moda. Esos, lo que generalmente quieren encontrar son justificaciones.

¿Qué hay que hacer con ellos?– Pregunté.

Después de un breve silencio, sonrió y me respondió: -¿Quieres que te explique o que te enseñe cómo hacerlo?-

GLM

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Librarnos del mal.

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A veces pedimos que nos libren del mal, así, sin pensar y reflexionar un poco más a fondo en aquello que viene en esa oración que aprendemos a recitar de memoria y que, con el tiempo va dejando de hacerse de corazón y que, sobre todo, vamos olvidando las enseñanzas (o historias) que acompañan al personaje que se supone que la dijo (o, si usted gusta, al que se le atribuye). Otra veces, señalamos a esos malos que vemos en la lejanía. Unas más señalamos a los que señalan y no hacen nada, o no hacen como deberían, o como nosotros quisiéramos. ¿Y si para librarnos del mal el trabajo tuviera que ser nuestro?, ¿y si para librarnos del mal “simplemente” hiciéramos el bien del que nos podemos hacer responsables? Quizá la propuesta es demasiado simple, buscar hacer el bien, hacernos responsables de las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de nuestras decisiones, de todas, hasta las que parecen más banales, porque esas también tienen repercusiones que muchas veces no contemplamos. Acerquémonos al bien, poco a poco si quieren, con pequeños detalles, dejando de señalar lo que hacen mal los otros, dejando de pensar y actuar en juegos de suma igual a cero. Acerquémonos al bien. Amén.

GLM

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