Librarnos del mal.

Colibrí

A veces pedimos que nos libren del mal, así, sin pensar y reflexionar un poco más a fondo en aquello que viene en esa oración que aprendemos a recitar de memoria y que, con el tiempo va dejando de hacerse de corazón y que, sobre todo, vamos olvidando las enseñanzas (o historias) que acompañan al personaje que se supone que la dijo (o, si usted gusta, al que se le atribuye). Otra veces, señalamos a esos malos que vemos en la lejanía. Unas más señalamos a los que señalan y no hacen nada, o no hacen como deberían, o como nosotros quisiéramos. ¿Y si para librarnos del mal el trabajo tuviera que ser nuestro?, ¿y si para librarnos del mal “simplemente” hiciéramos el bien del que nos podemos hacer responsables? Quizá la propuesta es demasiado simple, buscar hacer el bien, hacernos responsables de las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de nuestras decisiones, de todas, hasta las que parecen más banales, porque esas también tienen repercusiones que muchas veces no contemplamos. Acerquémonos al bien, poco a poco si quieren, con pequeños detalles, dejando de señalar lo que hacen mal los otros, dejando de pensar y actuar en juegos de suma igual a cero. Acerquémonos al bien. Amén.

GLM

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