Un Mes Hablando con “Extraños”. 4o Experimento Del Año.


Este es uno de los experimentos a los que ya les he agarrado bastante gusto, tanto que hasta repetí el mes en el que lo realicé. ¿Por qué en Abril? Porque el hablar con desconocidos es algo que hacen mucho los niños hasta que los enseñamos que no es algo bueno. Quizá tengamos algo de razón, pues hay mucha gente que se aprovecha de la inocencia de los niños, pero quizá también sería bueno que les enseñáramos a tener el criterio suficiente para decidir cuándo sí y cuándo no hay que hablar con “extraños”. Pero bueno, sobre estas pequeñas cosas que enseñamos y las que no haré un post en un futuro no muy lejano.

El caso es que hablé con desconocidos 28 de 30 días del mes, la mayoría de las veces pláticas triviales de esas que tocan lugares comunes como el clima y el precio de las cosas, pero que de cierta manera eran una especie de reconocimiento mutuo entre personas que están buscando vivir lo mejor que se pueda. Eso, de entrada, hace para mí más sencillo convivir con la gente, pues es una especie de recordatorio de que ellos están pasando por algo en particular en sus vidas y que yo no puedo suponer que en su actuar hay una buena o mala intención en sí misma, y aunque lo que hagan me afecte de alguna manera, no puedo suponer que lo hacen en mi contra.

Una conversación que me resultó menos trivial fue la que tuve con un migrante con el que hablé mientras caminaba unas cuadras. Me contó que él ya iba de regreso a su tierra, Chiapas, después de haber estado en el otro lado. En principio iba a pizcar tomate, pero no le pagaban casi nada y terminó sembrando mariguana. Le decían que era una plantación legal, pero que como él no lo era no le podían pagar bien, “así que de todos modos terminé jodido”. Le pregunté sino había trabajo en su tierra, y me respondió que sí había en el café, pero que lo pagaban muy mal, así que ahora intentaría trabajar en el cacao. Una vez dicho eso se despidió y siguió por su lado.

Yo me quedé pensando que la gente busca estar bien, que a veces no es sólo una cuestión del trabajo que hay que hacer, si no de las condiciones que hay y de las que no siempre buscamos cambiar. También pensé en que las personas no somos tan distintas cuando conversamos y nos escuchamos.

A fin de cuentas fue un buen experimento, a ver cómo me va en el siguiente que es un mes sin quejas.

GLM

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