Archivo mensual: junio 2016

Más que Procrear.

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De hecho, hay hombres que son unos grandes padres sin haber procreado. Es más que proveer, aunque este es uno de los puntos más importantes, sea por medio de un trabajo remunerado o por la cacería o el cultivo, algo que quizá pasa mucho menos que antes pero estoy seguro que seguirá ocurriendo. Es más que dar unas horas mientras se ve la televisión, Netflix o algún video en Youtube. Más que comprar el último juguete, que dar una regañada o un consejo con la mejor de las intenciones.

Ser padre es mucho más que las funciones que uno pudo haber supuesto, más que aquellas que uno pudo haber acordado con la pareja, o aquellas que están contempladas por la ley y cualquier manual de escuela para padres. Además, ser papá es algo siempre cambiante, porque l@s hij@s crecen, los tiempos cambian y las crisis se presentan, a veces de manera prevista y muchas más no tanto.

Es toda una aventura. Muchas veces es complicado, pues uno tiene que hacer consciente lo que aprendió, decidir qué va a “usar” de eso, ver cómo va a aprender todo aquello que le hace falta saber, practicar hábitos que le cuestan trabajo y que hay que modelar, desaprender los patrones que vienen un poco más allá de la familia de origen, entender las expectativas, necesidades y deseos de la pareja y del o l@s hij@s… Y luego, cuando uno está más cansado, encontrar motivos para sonreír, o a veces recordarlos y en ocasiones fabricarlos.

No sé si los padres merezcamos una celebración. Sé que no debería ser nada más de un día inventado para hacer que las familias gasten porque los mercadólogos, publicistas y psicólogos que les ayudan han elaborado un esquema genial para que esto suceda. Sé que es más reconfortante cuando se vive como algo más que una obligación y que solamente al final sabremos si hicimos bien o no nuestro trabajo, y que en el camino siempre será más claro todo aquello que faltó, falta o no se había contemplado siquiera. Sí, definitivamente es toda una aventura, me encanta y vale mucho cada una de las alegrías que uno se encuentra en el trayecto.

GLM

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Respeto Condicionado.

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Por la manera en que piensas…

Por la manera en que actúas…

Porque eres diferente, pero no lo muestras tanto…

Por tu economía…

Por tu posición social…

Por tu jerarquía…

Por mi estado de ánimo…

Si me respetas, pues entonces te respeto…

¿Es respeto cuando le ponemos una o más de éstas condiciones? Todos las hemos visto y las hemos practicado, y estoy seguro de que me falta más de alguna otra condición para dar nuestro respeto, ¿o serán justificaciones para decir por qué no estamos siendo respetuosos? Desde mi punto de vista, respetar no es estar de acuerdo, tampoco es dejarse y mucho menos reprimir las emociones que sentimos ante lo diferente o lo que nos parece incómodo o incluso grosero. El diccionario en esta ocasión aporta poco, pues lo define como:

1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.

2. m. Miramiento, consideración, deferencia.

Estas dos acepciones quizá hacen más difícil su aplicación, ¿cómo definir mejor el respeto?, ¿cómo practicarlo de mejor forma? Espero no ser irrespetuoso con alguno de los que leen el blog, si es así, por favor señálenmelo. Si se les ocurre alguna manera en que podemos tener una sociedad más respetuosa, me encantaría saberlo.

GLM

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Un mes sin quejas. 5º Experimento del Año.

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En los primeros días del mes de Mayo, como de casualidad, me preguntó mi hija menor: “¿qué experimento vas a hacer este mes?”. Yo, después de sentir una mezcla combinada de gusto y de sorpresa por darme cuenta de que mi hija me lee (literalmente en este espacio de la virtualidad), le dije: toca un mes sin quejas. Rápidamente, como buena adolescente me respondió: “pues ya te has quejado en estos días”, y pasó a describirme 4 situaciones en las que me había quejado según su punto de vista. Después siguió una conversación sobre qué era y qué no era una queja, de como un regaño sobre un comportamiento que no me parecía adecuado no era necesariamente una queja, pero que en otras de las ocasiones mencionadas, efectivamente, me había quejado.

Confieso que después de la conversación me puse a revisar la definición de queja en el diccionario de la RAE, lo que evidentemente me llevó a ver las acepciones de quejar, aquejar y querella, pues las palabras son una especie de uróboro que al mismo tiempo que nos dan entendimiento nos generan dudas. Al hacer esto y pensar en la imagen de la serpiente que se devora a sí misma, pensé que con las quejas muchas veces pasa lo mismo, éstas se retroalimentan a sí mismas y uno puede continuar por ese espiral de manera indefinida sin que esto implique necesariamente encontrar una solución. No es que esté mal quejarse, sino que lo importante es ir más allá del desahogo o la expresión de la molestia ante una situación en la que no tenemos resultados que nos satisfacen o que complican innecesariamente nuestra vida. Evidentemente uno podría cuestionar también las definiciones de satisfacción, preguntarse si ese es el objetivo de la vida o centrarse en qué es necesario o necesidad, y quizá parte de la cuestión es precisamente analizar y vivir de acuerdo a definiciones de otros, personales o de una comunidad específica.

A fin de cuentas, terminé el mes quejándome en 10 de los 31 días que tuvo, contando las quejas que me señalaron y en las que yo mismo me di cuenta, y lo más relevante para mi de este experimento del año fue fijarme hacia dónde me llevan las quejas y, sobre todo, reflexionar que siempre hay alguien que me está “leyendo” y observando en el “mundo real”, y que no siempre podré responder en esta virtualidad sobre mis actos, pero siempre seré responsable de estos tenga o no un espacio para la conversación, explicación, justificación o réplica.

GLM

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