Un mes sin quejas. 5º Experimento del Año.

ouroboros(2)

En los primeros días del mes de Mayo, como de casualidad, me preguntó mi hija menor: “¿qué experimento vas a hacer este mes?”. Yo, después de sentir una mezcla combinada de gusto y de sorpresa por darme cuenta de que mi hija me lee (literalmente en este espacio de la virtualidad), le dije: toca un mes sin quejas. Rápidamente, como buena adolescente me respondió: “pues ya te has quejado en estos días”, y pasó a describirme 4 situaciones en las que me había quejado según su punto de vista. Después siguió una conversación sobre qué era y qué no era una queja, de como un regaño sobre un comportamiento que no me parecía adecuado no era necesariamente una queja, pero que en otras de las ocasiones mencionadas, efectivamente, me había quejado.

Confieso que después de la conversación me puse a revisar la definición de queja en el diccionario de la RAE, lo que evidentemente me llevó a ver las acepciones de quejar, aquejar y querella, pues las palabras son una especie de uróboro que al mismo tiempo que nos dan entendimiento nos generan dudas. Al hacer esto y pensar en la imagen de la serpiente que se devora a sí misma, pensé que con las quejas muchas veces pasa lo mismo, éstas se retroalimentan a sí mismas y uno puede continuar por ese espiral de manera indefinida sin que esto implique necesariamente encontrar una solución. No es que esté mal quejarse, sino que lo importante es ir más allá del desahogo o la expresión de la molestia ante una situación en la que no tenemos resultados que nos satisfacen o que complican innecesariamente nuestra vida. Evidentemente uno podría cuestionar también las definiciones de satisfacción, preguntarse si ese es el objetivo de la vida o centrarse en qué es necesario o necesidad, y quizá parte de la cuestión es precisamente analizar y vivir de acuerdo a definiciones de otros, personales o de una comunidad específica.

A fin de cuentas, terminé el mes quejándome en 10 de los 31 días que tuvo, contando las quejas que me señalaron y en las que yo mismo me di cuenta, y lo más relevante para mi de este experimento del año fue fijarme hacia dónde me llevan las quejas y, sobre todo, reflexionar que siempre hay alguien que me está “leyendo” y observando en el “mundo real”, y que no siempre podré responder en esta virtualidad sobre mis actos, pero siempre seré responsable de estos tenga o no un espacio para la conversación, explicación, justificación o réplica.

GLM

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