La Gratitud y las Quejas. 6º y 7º Experimentos del Año.

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Es difícil ver que dejé de escribir en el blog a mitad del año, pues me pesa haber descuidado este espacio. Afortunadamente esto no quiere decir que dejé de escribir ni que dejé de hacer los experimentos, así que más vale retomar la escritura en este sitio reportando lo que viví con los experimentos seis y siete de este año, pues ambos están íntimamente relacionados.

Empezar y terminar los días de un mes dando gracias me ayuda a recordar  lo que sí tengo, algo que siempre ayuda pues me es más fácil pensar en posibilidades desde esta posición, aún al enfrentar momentos complicados. De hecho, cuando se han presentado complicaciones en algunos proyectos regreso a esta idea de dar gracias por lo que sí tengo y desde ahí comienzo a retomar. Vamos, regresar a escribir en el blog es también parte de este ejercicio, pues este espacio está aquí y en él puedo escribir siempre que quiera y lo que yo desee.

Con las quejas en esta ocasión me pasó algo muy curioso, pues por una parte el dejar de quejarme me obliga a hacer algo al respecto de las situaciones que me desagradan, pero también me di cuenta de que muchas veces sentía que me quedaba con ganas de decir algo. Al analizar con más detalle en que situaciones me sucedía esto, pude ver que eran aquellas en las que había dejado crecer una pequeña molestia o había dejado de hacer algún señalamiento o aclaración en el momento que había sido necesario.

Es decir, me di cuenta que muchas veces me surge la queja cuando ya llevo tiempo con un desacuerdo, molestia o sin prestar atención a alguna incomodidad que pude haber resuelto antes de que creciera. Probablemente habrá quienes piensan que esto también es quejarse, pero a mi me parece que si la incomodidad es dicha a tiempo, es descriptiva y no juzga intenciones, no necesariamente es una queja.

Por otra parte, también me di cuenta de que hay momentos, situaciones y hasta personas con las que lo que mejor funciona es la queja directa y hasta airada, pues de lo contrario no se escucha o no se toma tan en serio la incomodidad, molestia o el simple señalamiento.

Ciertamente, las quejas bajan cuando uno se centra en lo que sí hay y lo agradece, y con esa actitud es más sencillo encarar las situaciones aunque estén muy complicadas. Pero también hay momentos en los que queda bien quejarse y pelear por modificar el estado de las cosas. La clave parece estar en diferenciar cuando es momento de hacer qué cosa y no persistir en un estilo que está dejando de tener resultados.

GLM

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Archivado bajo Cambio, Estilo de Vida, Experimentos, Psicología

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