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La Conexión Entre la Gente

Sí, las personas importan, sin ellas no se puede hacer nada, o por lo menos nada humano que es de lo que yo puedo hablar. El contexto influye mucho, pues presenta condiciones específicas que juegan un papel muy importante en esta realidad multifactorial en la que vivimos. Pero, además de los factores anteriores y otros que me llevarían demasiado tiempo listar, la conexión entre la gente es algo que muchas veces llega a ser vital.

Y es que ésta es más que sólo sumar individuos. Es más que sumar cualidades individuales o características contextuales de los miembros de un equipo. Es una propiedad emergente que genera algo de magia, que consigue que las cosas salgan mejor y que las personas hagan cosas que no creían posibles. Esa conexión necesita tiempo, se da con base a la confianza que da vivir varias cosas juntos y, a pesar de las dificultades encontradas, ver siempre lo bueno que tiene la gente como persona.

En estos tiempos tan veloces cada vez es más difícil encontrar eso en los equipos, y curiosamente es justo ahora cuando es más necesaria. ¿No creen?

GLM

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Agobiarse

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Cuando se nos presentan muchas cosas por hacer y tenemos poco tiempo, o cuando tenemos ya mucho tiempo haciendo una cosa tras otra y surge una más, muchos decimos que nos sentimos agobiados o sobrepasados. Y hasta cierto punto resulta lógico, pues si decimos que sí a demasiados compromisos, si tenemos más cosas por hacer que horas en el día, o si la forma en la que organizamos nuestro tiempo depende demasiado de factores externos, ¿cómo no nos vamos a sentir agobiados?

Es justo en esos momentos en los que hay que hacer un alto, dejar todo aunque sea momentáneamente y pensar para poder decidir cuáles son las prioridades para nosotros en el corto, mediano y largo plazo. Una vez hecho esto es más fácil, o menos difícil, decidir que sí es lo que podemos, queremos y necesitamos hacer, ya sea bajo la lógica de lo que queremos obtener o de lo que queremos conservar. Después de todo, si agobiar es imponer a alguien actividad o esfuerzos excesivos, hay que definir cuáles son los esfuerzos y actividades que hay que seguir haciendo y cuáles hay que dejar de hacer. ¿No tienes claro esto? Pues pide ayuda a alguien cercano o algún profesional que pueda ayudarte a analizar bien todo eso que hoy te abruma, busca a alguien que no tenga esos agobios que tú tienes y que pueda acompañarte en las decisiones que vas a tomar y en el plan de acción que te ayude a definir qué hay que hacer primero y qué después, que en estos casos lo mejor es ir haciendo una cosa por vez.

GLM

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Vamos Politizándonos.

Lo sé, lo que se suele decir es que no hay que politizar las cosas. Claro que también está la variante que dice: “prohibido hablar de futbol, religión y política, porque nunca se llega a nada”, pero después de tanto tiempo tratando ese tema “con pincitas” ¿qué hemos logrado? Ojo, no estoy diciendo que nos pongamos a querer convencer a los demás de que voten por el partido con el que nosotros somos afines, no, pues eso sería partidizarnos, y como dije alguna vez (y amablemente me copiaron): Si crees que los partidos políticos pueden cambiar al país, seguramente trabajas para uno de ellos.

No, más bien mi propuesta es que nos pongamos a informarnos y participar con plena conciencia de que quede quien quede en algún puesto de poder, nuestro trabajo es supervisarlo y exigirle. Es decir, que nos pongamos a conocer y analizar lo que propone cada candidato, pertenezca a un partido o no, que investiguemos la viabilidad de sus propuestas, los impactos que pueden tener en nuestras vidas y que con esa base decidamos, que ese es el primer paso.

El segundo es ser ciudadano activo. Desde lo más elemental, como puede ser tirar o no tirar basura, respetar las señales de tránsito, no estacionarse en doble fila, vamos, no joder a nadie ni nada; hasta lo más complejo, como puede ser pagar impuestos y hacer cumplir aquello que habían quedado de hacer o protestar y procurar que se castigue aquello en lo que se faltó. Si mucho nos llama la atención que en USA mantengan un presidente como el que tienen, habría que pensar cuántas veces se ha dicho lo mismo de nuestro país y nosotros no hemos contribuido en que eso ocurra.

Vamos politizándonos, conversemos y discutamos sin atacar, escuchemos, preguntemos y actuemos en pleno uso de nuestra conciencia y de nuestra responsabilidad.

GLM

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¿Blue Monday?

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Muchos le han dado click y compartir a las publicaciones que señalan que el día de hoy, el tercer lunes del año, es el día más triste del 2018. Claro, todo esto según una fórmula matemática que se le ocurrió a quién sabe quién, quién sabe en dónde, y no se sabe hace cuanto. En resumen, se trata de una estrategia más para tener de que hablar (o escribir) y poder justificar porque ahora, cuando todavía podemos decir que va empezando el año, muchos se sienten tristes o “deprimidos” o, como dicen en inglés: they’re feeling blue.

Y es que por más que para muchos la tristeza y la depresión sean algo que están experimentando justo en esta época, por más que haya una correlación con los factores climáticos de esta temporada al norte del ecuador, esto no quiere decir que haya un sólo factor para sentirse de esta manera, con todo y que se pueda hacer una fórmula matemática para decir que esto es así. Estamos entonces ante una confusión más entre correlación y causalidad, entre explicación y justificación, algo que muchas veces nos sirve para quedarnos como estamos, aunque digamos que entendemos mejor las cosas.

No sé, pero me parece que deberíamos invertir menos tiempo en averiguar cuál lunes es peor que el otro, y más en procurar que nuestros lunes tengan mucho más sentido, aún si el trabajo que tenemos no nos encanta, o si la economía está difícil, o incluso si el frío y la oscuridad temprana nos bajan el entusiasmo. Mejor vamos viendo cómo hacemos que cada lunes nos acerque más a esas metas que decimos que queremos alcanzar.

GLM

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Saber Descansar

Quizá a muchos les parezca muy tonto, pero no todos sabemos descansar. A veces creemos que lo estamos haciendo, pero en realidad nos estamos ocupando en otra cosa que solamente nos está distrayendo de lo que hacemos todos los días porque, seamos francos, aunque no estamos haciéndolo estamos pensando en ello. Tanto en lo que dejamos de hacer, como en lo que salió mal, como en lo que tendremos que hacer una vez que vuelva iniciar la semana, ¿es eso descansar?

Por eso digo que hay que saber descansar. Es decir, no sólo hay que saber desconectarse de las obligaciones y conectarse a los pasatiempos. No, también hay que saber aburrirse, para entonces salir de ese estado con mayor energía, para poder hacer algo más que retomar una semana más. Saber descansar, por lo menos para mí, es revisar qué tan conectado estoy conmigo mismo, con lo que me apasiona, con las personas que más quiero, y desde ahí hacer las cosas. No solamente las que hay que hacer o porque se deben hacer, sino porque quiero y significan algo y hasta tienen sentido. Para poder dar toda la energía disponible, para que al final no haya agotamiento, sino satisfacción. Para eso me gusta a mi descansar.

GLM

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Conversaciones Difíciles.

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Muchas veces las evitamos, y en gran parte lo hacemos porque las suponemos más difíciles de lo que terminan siendo. En ocasiones involucran algo que queremos pedir y que creemos que será difícil que nos lo concedan. Otras tienen que ver con algo que queremos que admita la otra persona y, por experiencias previas, “sabemos” que no lo hará. Además, algunas de estas conversaciones son difíciles porque los que tenemos que reconocer algún error somos nosotros mismos, o porque intuimos que nos dirán o preguntarán algo que no queremos escuchar o responder, es más, puede que sea algo para lo que ni siquiera tenemos respuesta.

Hay que decir que están también aquellas en las que las emociones presentes son las que las vuelven más complicadas, esas en dónde lo que pesa es más que el tema. ¿Qué me dicen de aquellas que ya no se quieren tener por la relación con la que se tiene con una persona en específico? En esas pareciera que, diga lo que diga nuestro interlocutor, así sea una apreciación sobre el clima, se considerará algo difícil porque “siempre” dice algo contrario a nuestra manera de ver el mundo.

Cualquiera que sea el caso, las conversaciones difíciles se van enredando más mientras más se postergan, en gran parte porque las vamos teniendo tanto en nuestra mente, las imaginamos tan vívidamente, que ya no vemos manera de que algo bueno pueda salir de ellas. Y lo curioso es que cuando las tenemos, a veces por una mera cuestión de azar, de pronto escuchamos bien lo que está pasando, tanto lo que nos dicen como lo que decimos, y nos damos cuenta de que algo bueno puede salir de esa conversación, incluso si se convirtió en discusión. La cuestión es precisamente la escucha, pues cuando ponemos el énfasis en ella no hay conversación difícil de no sea productiva para todos los involucrados.

GLM

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Mañana Será Otro Día.

Puede que no hayas resuelto todo lo que querías resolver el día de hoy, lo bueno es que mañana será otro día. ¿En qué vas a insistir?, ¿qué vas a hacer diferente? Quizá vale la pena que te preguntes eso en la mañana, justo antes de iniciar actividades. Podrías agregarle: ¿qué quiero que esté resuelto hoy? o, si no lo puedo resolver hoy, ¿qué sí puedo hacer hoy para que avance en algo su solución? A veces tenemos que recordarnos algunas cosas para no dejar detenernos y darnos por vencidos. Muchas ocasiones hay que identificar lo que hay que dejar de hacer y no sólo aquello que está pendiente.

Mi punto el día de hoy es: fíjate con qué pensamientos inicias tu día, si te ayudan a mantener o aumentar un esfuerzo, si te recuerdan por qué y para qué quieres hacer algo y esto te ayuda a mantenerte motivado, ¡muy bien! Si no, cámbialos, a veces cambiar un pensamiento ayuda a que cambien un montón de cosas más.

GLM

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La Velocidad de la Entropía. Terapeutas de Cuento XIX

Otoño

Ese día la asesoría con mi maestro se estaba transformando más bien en un momento para descargar todas mis frustraciones. Había un par de casos en los que me sentía estancado, por cuestiones estacionales la consulta estaba baja y para colmo ese día me había quedado sin gas, por lo que me había tenido que bañar con agua helada. Él dejó que hablara y hablara mientras ponía todo listo en su cafetera para servirnos un par de espressos y, cuando los cafés estuvieron listos y yo hice una pausa para agradecerle el mío, comenzó a decir:

— Recuerdo que una vez tuve en consultoría a un físico que llegó quejándose de la velocidad de la entropía– Notó que hice una mueca y antes de que pudiera decir algo continuó, — sí, yo tampoco entendí que quería decir con eso y entonces comenzó a decirme cómo en los sistemas lo más natural es la tendencia al desorden, y que las posibilidades de este desorden, que elegantemente se llama entropía, en un sistema cerrado tienden al infinito, mientras que las del orden son muy pocas, a veces sólo una. Vamos, en pocas palabras me dijo que en un sistema cerrado es mucho más sencillo que todo se fuera al carajo y, para terminarla de poner peor, de manera muy rápida. Que esto era una verdad absoluta y uno se encontraba peleando una y otra vez contra eso. Le dije que yo no me identificaba peleando contra la entropía todo el tiempo, y obviamente me comentó que eso se debía a que desconocía el concepto, pero que con él se podía explicar fácilmente porque las cosas en la vida de las personas más fácilmente se ponen a marchar mal que a marchar bien.–

–Como ya te imaginarás–, continuó, –le pregunté si me estaba hablando de la demás personas o si me estaba hablando de su vida en específico. A lo que respondió que así se sentía él y que tener en cuenta ese concepto le hacía pensar que todo esfuerzo era inútil, pues aún si conseguía cualquier avance lo más probable era que todo se volviera a estropear en cualquier momento. Entonces yo le hice un par de preguntas más: esto es lo que pasa en un sistema cerrado, ¿cierto?, a lo que respondió afirmativamente con la cabeza, ¿qué sucede cuando el sistema es abierto? Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos y me dijo que cuando un sistema se abría las posibilidades cambiaban, que eso hacía que el sistema cambiara y que cambios continuos podrían hacer que la entropía no llevara al sistema a un caos total, a una degradación final, por lo menos teóricamente. Entonces le dije ¿cómo te puedo ayudar para que tu sistema se abra?, y ahí fue cuando empezamos el trabajo verdaderamente–

Como en muchas ocasiones antes, mi mentor guardó silencio, cerró los ojos para oler profundamente su café y comenzó a tomarlo pausadamente. Yo hice lo mismo con el mío y comencé a pensar cuáles eran los cambios a los que tenía que abrirme yo para detener a la entropía en mi vida, o por lo menos bajarle un poco de velocidad.

GLM

 

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El Derecho a Cambiar de Opinión.

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Humberto Maturana tiene alguno años señalando que, para él, es importante que se incluya dentro de los Derechos Humanos Universales el de cambiar de opinión. Parece una idea muy simple, y quizá lo es, después de todo esto de cambiar de opinión es muy lógico si a uno le faltaba información, o si algo que creía que era de una forma resultó ser “realmente” de otra, o bueno, si uno se da cuenta de que su opinión estaba equivocada lo ilógico sería no cambiarla, ¿o no?

La cuestión es que no nos es tan fácil cambiar de opinión, más bien hay temas en los que nos es más complicado que en otros, y claro, también hay edades, momentos y personas con las que admitir que hemos modificado lo que opinábamos con relación a un tema lo consideramos ahora equivocado, incompleto o simplemente ya no nos satisface. Incluso hay ocasiones en las que vemos con malos ojos a aquellos que han cambiado de opinión, hasta les tenemos apodos, les decimos veletas, indecisos y hasta pusilánimes por dejar de pensar como pensaban antes.

¿Y qué me dicen si el cambio se da en una creencia?, ahí sí tenemos más apelativos y hasta insultos para dar y repartir rápidamente, muchas veces sin analizar antes el por qué, cómo y qué implica para alguien modificar una creencia. Digo, en el para qué generalmente encontramos o, más bien, inventamos alguna oscura intención, conspiración y hasta una coerción para el cambio de creencia. ¿No habíamos dicho que el cambio era bueno?, ¿cuándo conviene cambiar de opinión?, ¿y de creencias?

¿Será que el problema se da cuando el cambio aleja a la persona de aquello que nosotros opinábamos, pensábamos o creíamos?, ¿o cuando el cambio modifica la relación que teníamos con la persona? No sé, yo pensaba hacer un post muy largo al respecto, pero cambié de opinión, de momento prefiero plantearme estas preguntas y, por qué no, también preguntarte, ¿ha habido algo en lo que en el último año has cambiado de opinión, forma de pensar o creencia?, ¿qué impacto tuvo esto en tu vida? Quizá con esta información se pueda armar la continuación de esta publicación.

GLM

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Hablar con Extraños. 12º Experimento del 2017.

Es el tercer año consecutivo en que me propongo hacer este experimento y aunque no lo cumplí al 100%, pues sólo hablé con un extraño en 28 de los 31 días del mes, volvió a ser un ejercicio bastante interesante en esta ocasión que lo hice en el último mes del año.

No sé si a ustedes les pasa, pero a mi ya van varios años en los que me parece que en Diciembre las personas nos ponemos un poco más estresadas y esto se nota en cómo conducimos, caminamos y hasta en cómo volteamos a ver a los demás cuando estamos en los espacios públicos. Sí, es por demás extraño pensar que en un mes en el que se supone que de lo que se trata es de celebrar y reconciliarse, parece que lo que hemos conseguido es justamente lo contrario. Pero bueno, no es momento de entrarle a la pose cuasi contracultural o de intelectual cuestionalotodo y hablar del despilfarro, excesos y demás, ya hay mucha gente que escribe de eso.

La cuestión en este mes de hablar con extraños fue ver que tanto los que tienen esta pose de contraculturales como los que están estresados le entran a la posibilidad de conversar sobre cómo están viviendo el mes o la actividad que están realizando, así se encuentre o no relacionada con los ires y venires decembrinos. Es cierto, la primera reacción de casi toda la gente cuando la abordaba para entablar una pequeña conversación es más bien del tipo: “y este qué se trae”, pero después de que ven que uno no es demasiado peligroso o metiche perfectamente le entran a hablar de lo trivial que está a la mano o de algo un poco más profundo que muchas veces surge simplemente porque alguien se puso a hacernos preguntas sobre cómo veíamos algo en particular.

Desde los señores que empiezan quejándose porque los llevaron de compras, hasta las señoras que comentan cómo han cambiado el tipo de regalos que le escogen a sus hijos, pasando por los que reflexionan sobre lo que quieren hacer distinto el año que viene y los que agradecen tener con quien pasar estas fechas.

Lo más curioso de este experimento en esta ocasión fue darme cuenta de que algo por lo que no me encantaba la idea de hablar con extraños era porque mi Madre, al contrario de muchas, acostumbra ponerse a platicar con cuanta persona está a su alrededor en casi cualquier contexto, y esto me ponía muy incómodo cuando era adolescente. Así que esta vez además de reconocerme un poco en los otros, encontré una manera de “reconciliarme” con algo que antes me molestaba bastante. Por lo visto, hay veces que se necesita hacer un experimento varias veces antes de encontrar algo más interesante.

GLM

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