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2º Experimento del 2018, Hacer un Dibujo Todos los Días.

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Tarde, muy tarde en esto de actualizar mis experimentos mensuales; y muy desorganizado pues este año hasta les he cambiado el orden que había previsto. Pero bueno, dicen que nunca es demasiado tarde para intentar algo nuevo y justo eso fue lo que hice para el segundo experimento del año, que además buscaba ser un pequeño regalo para una de mis dibujantes favoritas.

Aunque la imagen sólo se ven 8 dibujos, hice 21 en los 28 días que tuvo el mes, sólo que no encontré todos para tomarles una fotografía como conjunto. El experimento puede parecer muy superfluo, pero para mi implicó hacer algo para lo que siempre he considerado que no tengo talento, en gran parte porque en casa soy el que peor dibuja, y en parte porque la única vez que recibí algo de capacitación al respecto, en bachillerato, tanto mis compañeros como el maestro me repitieron constantemente que no era lo mío.

Así que esto de dibujar todos los días fue un ejercicio para tratar de hacer mejor algo para lo que sé no tengo mucha facilidad. Es cierto, varios de los días que no hice un dibujo fue porque me estaba desanimando ante la falta de progreso, pero retomé el camino después de que mi esposa me dijo que sí se veía algo de mejoría. Chistoso, ¿verdad?, a veces con un poco de ánimo se pueden retomar las cosas. O mejor dicho, a mí me resulta más fácil retomar lo difícil cuando recibo algo de ánimo.

Todo esto me da mucho tema para la reflexión, pues depender del reconocimiento, el elogio o el ánimo que te de alguien más, es poner los motivadores fuera de mi mismo, y la verdad es que no siempre y no en todo voy a tenerlos. ¿A ti te ha pasado algo así? Después de retomar los dibujos, y con pleno reconocimiento de que no llegaría a dibujar de manera excelente en un mes, asumí el reto con más ganas y dispuesto a continuar un poco más después de que terminara el experimento. Después de todo, de eso se trata esto de encarar cosas que me resultan complicadas por puro gusto. ¿Qué cambio o cosa nueva intentarás por puro gusto?

GLM

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Liberación de Energía. Terapeutas de Cuento XX

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Era la tercera sesión de pareja y había pasado entre gritos, reclamos e insultos. Cada comentario de algo que había sucedido en la semana era seguido por un: “sí, pero tu también hiciste…”, que conforme se fueron agotando los sucesos entre una y otra cita escaló hacia el pasado distante, hacia quejas que de tan añejas casi podían oler a podrido, que de tanto coraje acumulado hacían sentir el aire pesado y el tiempo muy lento.

Entonces, cuando los insultos empezaron a dirigirse a la identidad de cada uno de ellos, cuando comenzaba a aparecer el odio, afuera del consultorio comenzaron a escucharse perros ladrando y aullando, hasta acumularse lo que parecían cientos de ellos, al punto que él y ella tuvieron que callarse porque ya ni gritando se podían escuchar. Luego, se presentó un silencio que se sintió muy profundo, aunque seguramente duró muy poco, y antes de que pudieran volver a discutir, o de que yo pudiera realizar una intervención, comenzó a temblar.

Fueron sólo unos segundos, pero todo el consultorio se cimbró. Las ventanas vibraron, el candelabro se agitó y, mientras sostenía mi taza, antes de que les pidiera que saliéramos con calma, ellos se tomaron de la mano y se miraron a los ojos, después de que en las sesiones anteriores no había logrado que lo hicieran. Para entonces el sismo ya no se sentía, y antes de que dejaran de tomarse de las manos y mirarse, les dije: “a veces la tierra necesita liberar mucha energía antes de volver a acomodarse, quizá eso es lo que les hacía falta a ustedes, ¿están listos para reconstruir su relación?”

GLM

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La Conexión Entre la Gente

Sí, las personas importan, sin ellas no se puede hacer nada, o por lo menos nada humano que es de lo que yo puedo hablar. El contexto influye mucho, pues presenta condiciones específicas que juegan un papel muy importante en esta realidad multifactorial en la que vivimos. Pero, además de los factores anteriores y otros que me llevarían demasiado tiempo listar, la conexión entre la gente es algo que muchas veces llega a ser vital.

Y es que ésta es más que sólo sumar individuos. Es más que sumar cualidades individuales o características contextuales de los miembros de un equipo. Es una propiedad emergente que genera algo de magia, que consigue que las cosas salgan mejor y que las personas hagan cosas que no creían posibles. Esa conexión necesita tiempo, se da con base a la confianza que da vivir varias cosas juntos y, a pesar de las dificultades encontradas, ver siempre lo bueno que tiene la gente como persona.

En estos tiempos tan veloces cada vez es más difícil encontrar eso en los equipos, y curiosamente es justo ahora cuando es más necesaria. ¿No creen?

GLM

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Agobiarse

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Cuando se nos presentan muchas cosas por hacer y tenemos poco tiempo, o cuando tenemos ya mucho tiempo haciendo una cosa tras otra y surge una más, muchos decimos que nos sentimos agobiados o sobrepasados. Y hasta cierto punto resulta lógico, pues si decimos que sí a demasiados compromisos, si tenemos más cosas por hacer que horas en el día, o si la forma en la que organizamos nuestro tiempo depende demasiado de factores externos, ¿cómo no nos vamos a sentir agobiados?

Es justo en esos momentos en los que hay que hacer un alto, dejar todo aunque sea momentáneamente y pensar para poder decidir cuáles son las prioridades para nosotros en el corto, mediano y largo plazo. Una vez hecho esto es más fácil, o menos difícil, decidir que sí es lo que podemos, queremos y necesitamos hacer, ya sea bajo la lógica de lo que queremos obtener o de lo que queremos conservar. Después de todo, si agobiar es imponer a alguien actividad o esfuerzos excesivos, hay que definir cuáles son los esfuerzos y actividades que hay que seguir haciendo y cuáles hay que dejar de hacer. ¿No tienes claro esto? Pues pide ayuda a alguien cercano o algún profesional que pueda ayudarte a analizar bien todo eso que hoy te abruma, busca a alguien que no tenga esos agobios que tú tienes y que pueda acompañarte en las decisiones que vas a tomar y en el plan de acción que te ayude a definir qué hay que hacer primero y qué después, que en estos casos lo mejor es ir haciendo una cosa por vez.

GLM

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Vamos Politizándonos.

Lo sé, lo que se suele decir es que no hay que politizar las cosas. Claro que también está la variante que dice: “prohibido hablar de futbol, religión y política, porque nunca se llega a nada”, pero después de tanto tiempo tratando ese tema “con pincitas” ¿qué hemos logrado? Ojo, no estoy diciendo que nos pongamos a querer convencer a los demás de que voten por el partido con el que nosotros somos afines, no, pues eso sería partidizarnos, y como dije alguna vez (y amablemente me copiaron): Si crees que los partidos políticos pueden cambiar al país, seguramente trabajas para uno de ellos.

No, más bien mi propuesta es que nos pongamos a informarnos y participar con plena conciencia de que quede quien quede en algún puesto de poder, nuestro trabajo es supervisarlo y exigirle. Es decir, que nos pongamos a conocer y analizar lo que propone cada candidato, pertenezca a un partido o no, que investiguemos la viabilidad de sus propuestas, los impactos que pueden tener en nuestras vidas y que con esa base decidamos, que ese es el primer paso.

El segundo es ser ciudadano activo. Desde lo más elemental, como puede ser tirar o no tirar basura, respetar las señales de tránsito, no estacionarse en doble fila, vamos, no joder a nadie ni nada; hasta lo más complejo, como puede ser pagar impuestos y hacer cumplir aquello que habían quedado de hacer o protestar y procurar que se castigue aquello en lo que se faltó. Si mucho nos llama la atención que en USA mantengan un presidente como el que tienen, habría que pensar cuántas veces se ha dicho lo mismo de nuestro país y nosotros no hemos contribuido en que eso ocurra.

Vamos politizándonos, conversemos y discutamos sin atacar, escuchemos, preguntemos y actuemos en pleno uso de nuestra conciencia y de nuestra responsabilidad.

GLM

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¿Blue Monday?

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Muchos le han dado click y compartir a las publicaciones que señalan que el día de hoy, el tercer lunes del año, es el día más triste del 2018. Claro, todo esto según una fórmula matemática que se le ocurrió a quién sabe quién, quién sabe en dónde, y no se sabe hace cuanto. En resumen, se trata de una estrategia más para tener de que hablar (o escribir) y poder justificar porque ahora, cuando todavía podemos decir que va empezando el año, muchos se sienten tristes o “deprimidos” o, como dicen en inglés: they’re feeling blue.

Y es que por más que para muchos la tristeza y la depresión sean algo que están experimentando justo en esta época, por más que haya una correlación con los factores climáticos de esta temporada al norte del ecuador, esto no quiere decir que haya un sólo factor para sentirse de esta manera, con todo y que se pueda hacer una fórmula matemática para decir que esto es así. Estamos entonces ante una confusión más entre correlación y causalidad, entre explicación y justificación, algo que muchas veces nos sirve para quedarnos como estamos, aunque digamos que entendemos mejor las cosas.

No sé, pero me parece que deberíamos invertir menos tiempo en averiguar cuál lunes es peor que el otro, y más en procurar que nuestros lunes tengan mucho más sentido, aún si el trabajo que tenemos no nos encanta, o si la economía está difícil, o incluso si el frío y la oscuridad temprana nos bajan el entusiasmo. Mejor vamos viendo cómo hacemos que cada lunes nos acerque más a esas metas que decimos que queremos alcanzar.

GLM

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Saber Descansar

Quizá a muchos les parezca muy tonto, pero no todos sabemos descansar. A veces creemos que lo estamos haciendo, pero en realidad nos estamos ocupando en otra cosa que solamente nos está distrayendo de lo que hacemos todos los días porque, seamos francos, aunque no estamos haciéndolo estamos pensando en ello. Tanto en lo que dejamos de hacer, como en lo que salió mal, como en lo que tendremos que hacer una vez que vuelva iniciar la semana, ¿es eso descansar?

Por eso digo que hay que saber descansar. Es decir, no sólo hay que saber desconectarse de las obligaciones y conectarse a los pasatiempos. No, también hay que saber aburrirse, para entonces salir de ese estado con mayor energía, para poder hacer algo más que retomar una semana más. Saber descansar, por lo menos para mí, es revisar qué tan conectado estoy conmigo mismo, con lo que me apasiona, con las personas que más quiero, y desde ahí hacer las cosas. No solamente las que hay que hacer o porque se deben hacer, sino porque quiero y significan algo y hasta tienen sentido. Para poder dar toda la energía disponible, para que al final no haya agotamiento, sino satisfacción. Para eso me gusta a mi descansar.

GLM

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Conversaciones Difíciles.

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Muchas veces las evitamos, y en gran parte lo hacemos porque las suponemos más difíciles de lo que terminan siendo. En ocasiones involucran algo que queremos pedir y que creemos que será difícil que nos lo concedan. Otras tienen que ver con algo que queremos que admita la otra persona y, por experiencias previas, “sabemos” que no lo hará. Además, algunas de estas conversaciones son difíciles porque los que tenemos que reconocer algún error somos nosotros mismos, o porque intuimos que nos dirán o preguntarán algo que no queremos escuchar o responder, es más, puede que sea algo para lo que ni siquiera tenemos respuesta.

Hay que decir que están también aquellas en las que las emociones presentes son las que las vuelven más complicadas, esas en dónde lo que pesa es más que el tema. ¿Qué me dicen de aquellas que ya no se quieren tener por la relación con la que se tiene con una persona en específico? En esas pareciera que, diga lo que diga nuestro interlocutor, así sea una apreciación sobre el clima, se considerará algo difícil porque “siempre” dice algo contrario a nuestra manera de ver el mundo.

Cualquiera que sea el caso, las conversaciones difíciles se van enredando más mientras más se postergan, en gran parte porque las vamos teniendo tanto en nuestra mente, las imaginamos tan vívidamente, que ya no vemos manera de que algo bueno pueda salir de ellas. Y lo curioso es que cuando las tenemos, a veces por una mera cuestión de azar, de pronto escuchamos bien lo que está pasando, tanto lo que nos dicen como lo que decimos, y nos damos cuenta de que algo bueno puede salir de esa conversación, incluso si se convirtió en discusión. La cuestión es precisamente la escucha, pues cuando ponemos el énfasis en ella no hay conversación difícil de no sea productiva para todos los involucrados.

GLM

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Mañana Será Otro Día.

Puede que no hayas resuelto todo lo que querías resolver el día de hoy, lo bueno es que mañana será otro día. ¿En qué vas a insistir?, ¿qué vas a hacer diferente? Quizá vale la pena que te preguntes eso en la mañana, justo antes de iniciar actividades. Podrías agregarle: ¿qué quiero que esté resuelto hoy? o, si no lo puedo resolver hoy, ¿qué sí puedo hacer hoy para que avance en algo su solución? A veces tenemos que recordarnos algunas cosas para no dejar detenernos y darnos por vencidos. Muchas ocasiones hay que identificar lo que hay que dejar de hacer y no sólo aquello que está pendiente.

Mi punto el día de hoy es: fíjate con qué pensamientos inicias tu día, si te ayudan a mantener o aumentar un esfuerzo, si te recuerdan por qué y para qué quieres hacer algo y esto te ayuda a mantenerte motivado, ¡muy bien! Si no, cámbialos, a veces cambiar un pensamiento ayuda a que cambien un montón de cosas más.

GLM

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La Velocidad de la Entropía. Terapeutas de Cuento XIX

Otoño

Ese día la asesoría con mi maestro se estaba transformando más bien en un momento para descargar todas mis frustraciones. Había un par de casos en los que me sentía estancado, por cuestiones estacionales la consulta estaba baja y para colmo ese día me había quedado sin gas, por lo que me había tenido que bañar con agua helada. Él dejó que hablara y hablara mientras ponía todo listo en su cafetera para servirnos un par de espressos y, cuando los cafés estuvieron listos y yo hice una pausa para agradecerle el mío, comenzó a decir:

— Recuerdo que una vez tuve en consultoría a un físico que llegó quejándose de la velocidad de la entropía– Notó que hice una mueca y antes de que pudiera decir algo continuó, — sí, yo tampoco entendí que quería decir con eso y entonces comenzó a decirme cómo en los sistemas lo más natural es la tendencia al desorden, y que las posibilidades de este desorden, que elegantemente se llama entropía, en un sistema cerrado tienden al infinito, mientras que las del orden son muy pocas, a veces sólo una. Vamos, en pocas palabras me dijo que en un sistema cerrado es mucho más sencillo que todo se fuera al carajo y, para terminarla de poner peor, de manera muy rápida. Que esto era una verdad absoluta y uno se encontraba peleando una y otra vez contra eso. Le dije que yo no me identificaba peleando contra la entropía todo el tiempo, y obviamente me comentó que eso se debía a que desconocía el concepto, pero que con él se podía explicar fácilmente porque las cosas en la vida de las personas más fácilmente se ponen a marchar mal que a marchar bien.–

–Como ya te imaginarás–, continuó, –le pregunté si me estaba hablando de la demás personas o si me estaba hablando de su vida en específico. A lo que respondió que así se sentía él y que tener en cuenta ese concepto le hacía pensar que todo esfuerzo era inútil, pues aún si conseguía cualquier avance lo más probable era que todo se volviera a estropear en cualquier momento. Entonces yo le hice un par de preguntas más: esto es lo que pasa en un sistema cerrado, ¿cierto?, a lo que respondió afirmativamente con la cabeza, ¿qué sucede cuando el sistema es abierto? Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos y me dijo que cuando un sistema se abría las posibilidades cambiaban, que eso hacía que el sistema cambiara y que cambios continuos podrían hacer que la entropía no llevara al sistema a un caos total, a una degradación final, por lo menos teóricamente. Entonces le dije ¿cómo te puedo ayudar para que tu sistema se abra?, y ahí fue cuando empezamos el trabajo verdaderamente–

Como en muchas ocasiones antes, mi mentor guardó silencio, cerró los ojos para oler profundamente su café y comenzó a tomarlo pausadamente. Yo hice lo mismo con el mío y comencé a pensar cuáles eran los cambios a los que tenía que abrirme yo para detener a la entropía en mi vida, o por lo menos bajarle un poco de velocidad.

GLM

 

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