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Las Pretensiones del que Escribe.

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A veces, la pretensión es ordenarse. Apoyarse en la escritura para clarificar ideas o incluso crearlas mediante la comparación o combinación de otras existentes. En otras, lo que se intenta es convencer, ya sea de que algo es bueno o malo, casi siempre con respecto a ciertos cánones o principios con los que el que escribe está de acuerdo o por lo menos simpatiza, ¿o conocen a alguien que argumente en contra de lo que piensa?Bueno, hay escritores que recurren a este truco para sorprender, una pretensión muy alta hoy en día, sobre todo si consideramos a todo lo que están expuestos los lectores que quedan y cómo hasta éstos tienen ya un lapso de atención bastante breve.

Hay que decirlo, lo que se busca a veces es una venta, y entonces el escritor se suele presentar como copy writer, un poco intentando cobrar más o por adelantado y en parte  para que su labor suene más seria y menos bohemia. Los que se sienten cómodos con la definición de bohemios, románticos o artistas, hacen como quieren hacernos viajar, asustarnos, reír, llorar, a veces hasta tratan de seducirnos, en fin, pareciera que buscan involucrarnos en un mundo que ellos inventaron y que quieren compartir con nosotros.

Detrás de todas esas pretensiones, del diálogo que intentan consigo mismo y con los demás, está la idea de ser leído, de ser escuchado, o más profundamente, como lo llegó a decir García Márquez, de ser querido. Quiero pensar que cuando lo hacemos bien, lo conseguimos.

GLM

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¿Y si la inspiración no existe?

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¿Y si todo esto de la inspiración fuera un cuento que inventaron para que nos parezca más difícil esto de crear? Qué tal que todo sea un plan maestro más para que sólo algunos se queden con los medios de producción de la manera más abstracta posible. Imagínense, o tienes el don o nomás vas a pasar vergüenzas. Y miren que eso de pasar vergüenzas es una de esas cosas que nos disuade fácilmente de hacer algo, bueno, luego hay unos de esos racionalistas que dicen que el miedo a exponerse es algo que nos viene de manera natural por aquellos tiempos pasados en los que fungíamos más de presa que de depredadores.

Pero bueno, ya me estoy desviando, seguramente porque hoy nomás no ando inspirado y estoy tratando de seguir con el reto de escribir, una de las formas de crear que hay y que uno pensaría que no debe de resultar tan difícil, sobre todo si piensa que para ello usamos el lenguaje, ese que según esto utilizamos todos los días para comunicarnos con la gente. Pero la cosa es que ya que están escritas las palabras, no suenan igual que cómo se nos habían ocurrido, como que ya que están todas en línea se ven muy definitivas y ya no hay oportunidad de explicarle al que las lee. Es decir, o sale bien o quién sabe qué vaya a entender el que nos lee, si es que hay alguien que lo hace.

Caray, otra vez me desvié y la cosa era escribir sobre la inspiración, de eso que antes decían que nos llegaba gracias a las musas, que nos dictaban lo que teníamos que escribir, pintar o esculpir, o a veces nos ayudaban a hacer las tres cosas bien, algo que supongo pasaba si andaban muy de buenas. Quizá todo es una confusión, pues inspirar también significa tomar aire, en una de esas lo que se intentaba decir es que el punto era agarrar aire y aventarse, ponerse a escribir, esculpir, pintar o cualquiera de las formas posibles de crear algo.

En una de esas todo es cuestión de estar intentándolo una y otra vez, como si fuera trabajo, ja, como si fuera un mantra y en un momento dado nos llegue por fin un buen resultado. No sé, hoy yo no tuve inspiración y no me quedó otra que por lo menos intentarlo.

GLM

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La Velocidad de la Entropía. Terapeutas de Cuento XIX

Otoño

Ese día la asesoría con mi maestro se estaba transformando más bien en un momento para descargar todas mis frustraciones. Había un par de casos en los que me sentía estancado, por cuestiones estacionales la consulta estaba baja y para colmo ese día me había quedado sin gas, por lo que me había tenido que bañar con agua helada. Él dejó que hablara y hablara mientras ponía todo listo en su cafetera para servirnos un par de espressos y, cuando los cafés estuvieron listos y yo hice una pausa para agradecerle el mío, comenzó a decir:

— Recuerdo que una vez tuve en consultoría a un físico que llegó quejándose de la velocidad de la entropía– Notó que hice una mueca y antes de que pudiera decir algo continuó, — sí, yo tampoco entendí que quería decir con eso y entonces comenzó a decirme cómo en los sistemas lo más natural es la tendencia al desorden, y que las posibilidades de este desorden, que elegantemente se llama entropía, en un sistema cerrado tienden al infinito, mientras que las del orden son muy pocas, a veces sólo una. Vamos, en pocas palabras me dijo que en un sistema cerrado es mucho más sencillo que todo se fuera al carajo y, para terminarla de poner peor, de manera muy rápida. Que esto era una verdad absoluta y uno se encontraba peleando una y otra vez contra eso. Le dije que yo no me identificaba peleando contra la entropía todo el tiempo, y obviamente me comentó que eso se debía a que desconocía el concepto, pero que con él se podía explicar fácilmente porque las cosas en la vida de las personas más fácilmente se ponen a marchar mal que a marchar bien.–

–Como ya te imaginarás–, continuó, –le pregunté si me estaba hablando de la demás personas o si me estaba hablando de su vida en específico. A lo que respondió que así se sentía él y que tener en cuenta ese concepto le hacía pensar que todo esfuerzo era inútil, pues aún si conseguía cualquier avance lo más probable era que todo se volviera a estropear en cualquier momento. Entonces yo le hice un par de preguntas más: esto es lo que pasa en un sistema cerrado, ¿cierto?, a lo que respondió afirmativamente con la cabeza, ¿qué sucede cuando el sistema es abierto? Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos y me dijo que cuando un sistema se abría las posibilidades cambiaban, que eso hacía que el sistema cambiara y que cambios continuos podrían hacer que la entropía no llevara al sistema a un caos total, a una degradación final, por lo menos teóricamente. Entonces le dije ¿cómo te puedo ayudar para que tu sistema se abra?, y ahí fue cuando empezamos el trabajo verdaderamente–

Como en muchas ocasiones antes, mi mentor guardó silencio, cerró los ojos para oler profundamente su café y comenzó a tomarlo pausadamente. Yo hice lo mismo con el mío y comencé a pensar cuáles eran los cambios a los que tenía que abrirme yo para detener a la entropía en mi vida, o por lo menos bajarle un poco de velocidad.

GLM

 

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Confesiones de un Lector.

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Hola, soy Gustavo y me gusta mucho leer. Me gusta mucho leer de varios temas, ficción, cuento, novela, negocios, divulgación científica, deportes, biografías, en fin, termino leyendo de varias cosas tanto si el título del artículo o libro me llama la atención, como si el tema ha despertado algún interés en mi.

¿Leo mucho? No sé, leo lo que alcanzo a leer. Más bien, aquello que me doy tiempo para leer o, incluso, aquello que me resulta tan interesante que hace que le “robe” tiempo a alguna otra actividad. Sí, una de mis formas de procrastinar es leyendo, y a lo mejor es por eso que no me gusta decir que leo mucho. Lo curioso es que me genera bastante desconfianza cuando alguien se autodefine como un gran lector o hasta cuando dice que es un amante de los libros, aunque debo confesar que cuando esto sucede casi siempre les pido alguna recomendación para ver hacia dónde me envían, pues después de que me dicen un título o autor les pregunto por qué me lo recomiendan.

Cuando me dicen que alguien como yo tendría que leer ese libro, o cuando me dicen que es indispensable para una persona que se dedica a lo que yo me dedico, procuro profundizar en sus definiciones de mi persona y de mi profesión y actividades. Si me divierte, me interesa o me plantea algo interesante, busco el libro o artículo, si no, pues no.

A mi casi no me gusta recomendar libros, me parece algo muy personal y necesito conocer o convivir bastante con alguien para poderle sugerir alguno de los libros que me gustó. Eso sí, evito recomendar libros de autoayuda, sobre todo cuando alguien está en consulta conmigo, de hecho cuando esto sucede prefiero señalar una novela o incluso algún cuento, pues me parece que las ficciones ayudan mucho más que la gran mayoría de las recetas que están publicadas bajo el estandarte de la autoayuda. Digamos que pienso que los buenos libros siempre ayudan, aunque no se lo propongan.

Suelo tener libros por leer,  a veces tantos como los temas que me llaman la atención. En ocasiones priorizo aquellos que me van a ayudar a alguna de mis actividades, y lo más divertido es que hasta con esos me termino divirtiendo. Además de confesar que hay libros recomendados que ni siquiera he buscado, hay otros libros que me han regalado y no he pasado de la página 60, vamos, algunos de ni de la 20. Sí, están en la lista de libros por leer, pero tampoco me apura mucho hacerlo.

También hay muchos libros que me prestaron y leí, los regresé y tengo en la lista de libros por comprar. Sí, hay por lo menos 5 libros que me prestaron, leí y no regresé. No te preocupes, si tu me prestaste algún libro no es el caso, lo que pasa es que se me ha olvidado dártelo.

Confieso que me cuando me acuerdo de lo que he leído, casi siempre me cuesta más trabajo escribir, y a veces prefiero platicar un poco de eso ante la terrible sensación de que nunca podré igualar algunos de esos textos que me siguen manteniendo en este maravilloso vicio que es leer.

GLM

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Escribir un Post Todos los Días. 3er Experimento del Año.

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Escribí un post para el blog 24 de los 31 días que tiene el mes de Marzo, es decir, prácticamente dejé de escribir en este medio durante una semana. Haciendo el análisis de los días que no escribí, uno fue por enfermedad, dos porque no me organicé bien para hacerlo durante un viaje de trabajo, y los cuatro restantes fueron una combinación entre mala organización de mi tiempo y no haber pensado durante el día un tema específico sobre el cual escribir.

Una vez más escogí un mes con 31 días para hacer este experimento y como cambio me puse a escribir para el blog al final del día, lo que quizá fue algo que influyó para que ahora tuviera más días sin cumplir con el reto que el año pasado. Si considero que escribir es algo que tengo que hacer como parte de mi trabajo, debería de poder organizarme mejor para darle tiempo de calidad a este espacio de reflexión y diversión.

Ahora no me sentí culpable por no escribir cuando me lo había propuesto y, aunque en este año tuve 20 visitas menos que el mes de 2016 en que hice este experimento, tuve un mayor número de me gusta a las publicaciones que hice. ¿Será que escribir sin culpa ayuda a que escriba mejor aunque lo haga con menos frecuencia?, puede ser, y quizá la clave está en ver cómo ser más consistente.

Quizá para el próximo año lo más conveniente será enmarcar esta experiencia de una manera diferente, algo así como: ¿cuánto es lo más que puedo durar escribiendo todos los días para mi blog? Claro que también podría averiguar cuánto es lo más que puedo escribir por puro gusto, sea para publicar en este blog, como reflexión o para algún otro tipo de proyecto. ¿Sería ésta una manera de convertirme en escritor? No lo sé, pero bien vale la pena averiguarlo.

GLM

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¿Citar o no citar en Redes Sociales?

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Probablemente el tema sea muy ñoño o friki, pero son de esas cosas que a mi me parecen importantes, pues tanto si uno pone una frase que le gusta o que considera profunda u oportuna para un momento de su vida, más vale que uno identifique bien de dónde vino. No vaya a ser que uno ande posando de intelectual y ponga la frase de uno de esos gurús de la autoayuda. O bueno, igual y uno se considera intelectual por leer ese tipo de autores, pero más vale saber bien si fue él o ella quien dijo lo que yo estoy poniendo que dijo.

¿Y las de los amigos? Esas se me hacen todavía más importantes, primero porque me encanta tener amigos que son más inteligentes que yo y logran sintetizar una idea en una frase, y segundo porque me parece una falta de respeto no reconocerlos su inteligencia y hacer esa especie de robo intelectual. Pues eso, que a mi me parece que no citar es tratar de robar una idea y no reconocer que uno necesita pararse en hombros de gigantes para ver más lejos. Cuando eso pasa, uno puede terminar citando mal hasta a un personaje de ficción, como sucede en la foto de Gandalf que encabeza este texto ;).

GLM

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La Profundidad de los Placeres Sencillos

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Un buen café por la mañana, una de esas conversaciones que se pueden tener en una sobremesa, el primer trago a uno de esos excelentes vinos de mesa que se toman con una gran compañía, una comida en compañía de nuestros seres queridos, abrazar a la persona que más quieres en el mundo, una película que te deja muy contento, triste o reflexivo. En fin, la lista de placeres sencillos de cada uno de nosotros puede ser infinita, bueno, espero que cada uno de ustedes pueda tener una varios de ellos y, sobre todo, espero que no se les pase ninguno antes de que sea muy tarde.

Ojalá que cada uno de nosotros pueda apreciar la profundidad que puede haber en las pequeñas cosas, que podamos apreciar y recordar ese momento en que pasó algo importante para una de nuestras relaciones, que podamos percibir en un sabor todo lo que hay en él y todas las personas que participaron para que éste fuera posible y cómo lo compartimos con una persona específica y esto lo hizo todavía más especial. Ojalá y nos demos cuenta de esos momentos que, quizá sin querer, experimentamos un momentáneo aleph.

GLM

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¿Se Pueden “Desgastar” las Palabras?

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No sé si les haya pasado, pero yo he conocido personas que utilizan mucho una palabra y después de un momento de plática me he puesto a dudar de si sabe qué significa o, en otros casos, empiezo a sentir que la palabra la empiezo a ver más como una muletilla, hasta me parece que pierde peso. Por eso la pregunta del título, ¿será que hay palabras que podemos desgastar de tanto utilizarlas?

Siguiendo con la idea de la repetición excesiva, me he encontrado con personas que a todos los que van saludando o a quienes me van presentando les dicen que los quieren mucho o que me quieren mucho, y a lo mejor es que soy muy amargoso, pero después de un tiempo me termina pareciendo que pues al final no nos han de querer tanto o a lo mejor no quieren tan profundo.

También me sucede cuando escucho un rato a esos adolescentes de posición acomodada que dicen que odian todo, bueno, realmente dicen que odian todo aquello que no les gusta. Entonces me pregunto si la palabra perderá peso o si el odio ganará terreno. ¿Será entonces que a veces volvemos huecas a las palabras?, ¿o habrá palabras que podrán llenar contextos y discursos por simple repetición?

Qué pasaría si saboreáramos más lo que decimos, si pensáramos que tanto las palabras dulces, ácidas y amargas que digamos en algún momento es probable que tengamos que tragárnoslas. ¿Y si pensáramos que cada una de ellas tenemos que honrarlas? No sé, quizá es que a mi me gustan mucho las palabras y lo que hacemos con ellas. Comenzaré por cuidar más cuáles uso y cómo lo hago.

GLM

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La Gente.

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Cuando decimos: “la gente” normalmente quedamos fuera de la frase como por arte de magia. A veces lo hacemos para diferenciarnos de los demás, que nomás son gente y no tienen nombre y apellido como nosotros, “ya ves cómo es la gente”. Otras es para escudarnos en multitudes que justifican nuestro punto de vista, “la gente está a favor de X”. Y unas pocas más para ser lo suficientemente vagos como para diferenciarnos o diferenciar sin sonar tan duros o críticos, “es que hay de gente a gente”.

De una u otra forma, me parece que hablar o escribir de esta manera es un intento de ser un narrador omnisciente en la vida de los demás, algo así como agarrar una postura en la que aún con un error siempre se tiene la razón, o por lo menos no se le concede a la gente. Seguramente no es algo muy consciente, quizá quien usa este tipo de comunicación termine diciendo que nada más son cuestiones de semántica o algo así, probablemente muchos simplemente lo lean y digan: “pues sí, así hay gente”.

GLM

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Cuestión de Estilo.

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“El estilo es la incorrectitud que “pule y da esplendor” a lo que se habla o escribe.”

Pablo Fernández Christlieb.

Uno puede escribir como habla y hablar como escribe y no por eso sonar o leerse “bien”, y es que no siempre se tiene claro lo que se quiere decir, cómo decirlo y qué medio utilizar. Tanto en la plática como en la escritura esto se nota en el uso de muletillas, en la falta de claridad, el exceso de palabras y en el uso de términos que aunque pueden estar correctos suenan o se leen forzados.

Si uno quiere hacer algo más que transmitir una idea, es decir, si uno busca mover a la acción, convencer, mostrar, argumentar o hasta hacer sentir algo a quien nos escucha o lee, lo mejor es que uno encuentre su voz y pula su estilo, que tenga claro el medio y contexto en el que quiere desempeñarse y, en la medida de lo posible, que evite la pretensión de sonar o escribir como alguien más.

Aunque bueno, todos empezamos queriendo escribir o platicar como alguien, y sólo los que más practican llegan a desarrollar su estilo propio. “Sólo” se necesita tener claro qué es lo que se quiere decir o provocar y desarrollar una o varias formas de hacerlo. Ojalá y haya más gente que lo logre y menos que vayan por ahí posando como si tuvieran un estilo mientras todo lo que hacen es seguir las recetas de alguien más.

GLM

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