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Escribir un Post Todos los Días. 3er Experimento del Año.

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Escribí un post para el blog 24 de los 31 días que tiene el mes de Marzo, es decir, prácticamente dejé de escribir en este medio durante una semana. Haciendo el análisis de los días que no escribí, uno fue por enfermedad, dos porque no me organicé bien para hacerlo durante un viaje de trabajo, y los cuatro restantes fueron una combinación entre mala organización de mi tiempo y no haber pensado durante el día un tema específico sobre el cual escribir.

Una vez más escogí un mes con 31 días para hacer este experimento y como cambio me puse a escribir para el blog al final del día, lo que quizá fue algo que influyó para que ahora tuviera más días sin cumplir con el reto que el año pasado. Si considero que escribir es algo que tengo que hacer como parte de mi trabajo, debería de poder organizarme mejor para darle tiempo de calidad a este espacio de reflexión y diversión.

Ahora no me sentí culpable por no escribir cuando me lo había propuesto y, aunque en este año tuve 20 visitas menos que el mes de 2016 en que hice este experimento, tuve un mayor número de me gusta a las publicaciones que hice. ¿Será que escribir sin culpa ayuda a que escriba mejor aunque lo haga con menos frecuencia?, puede ser, y quizá la clave está en ver cómo ser más consistente.

Quizá para el próximo año lo más conveniente será enmarcar esta experiencia de una manera diferente, algo así como: ¿cuánto es lo más que puedo durar escribiendo todos los días para mi blog? Claro que también podría averiguar cuánto es lo más que puedo escribir por puro gusto, sea para publicar en este blog, como reflexión o para algún otro tipo de proyecto. ¿Sería ésta una manera de convertirme en escritor? No lo sé, pero bien vale la pena averiguarlo.

GLM

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Archivado bajo Comunicación, Escribir, Experimentos, Motivos Personales

¿Citar o no citar en Redes Sociales?

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Probablemente el tema sea muy ñoño o friki, pero son de esas cosas que a mi me parecen importantes, pues tanto si uno pone una frase que le gusta o que considera profunda u oportuna para un momento de su vida, más vale que uno identifique bien de dónde vino. No vaya a ser que uno ande posando de intelectual y ponga la frase de uno de esos gurús de la autoayuda. O bueno, igual y uno se considera intelectual por leer ese tipo de autores, pero más vale saber bien si fue él o ella quien dijo lo que yo estoy poniendo que dijo.

¿Y las de los amigos? Esas se me hacen todavía más importantes, primero porque me encanta tener amigos que son más inteligentes que yo y logran sintetizar una idea en una frase, y segundo porque me parece una falta de respeto no reconocerlos su inteligencia y hacer esa especie de robo intelectual. Pues eso, que a mi me parece que no citar es tratar de robar una idea y no reconocer que uno necesita pararse en hombros de gigantes para ver más lejos. Cuando eso pasa, uno puede terminar citando mal hasta a un personaje de ficción, como sucede en la foto de Gandalf que encabeza este texto ;).

GLM

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Archivado bajo Cultura, Escribir, Estilo de Vida, Motivos Personales

La Profundidad de los Placeres Sencillos

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Un buen café por la mañana, una de esas conversaciones que se pueden tener en una sobremesa, el primer trago a uno de esos excelentes vinos de mesa que se toman con una gran compañía, una comida en compañía de nuestros seres queridos, abrazar a la persona que más quieres en el mundo, una película que te deja muy contento, triste o reflexivo. En fin, la lista de placeres sencillos de cada uno de nosotros puede ser infinita, bueno, espero que cada uno de ustedes pueda tener una varios de ellos y, sobre todo, espero que no se les pase ninguno antes de que sea muy tarde.

Ojalá que cada uno de nosotros pueda apreciar la profundidad que puede haber en las pequeñas cosas, que podamos apreciar y recordar ese momento en que pasó algo importante para una de nuestras relaciones, que podamos percibir en un sabor todo lo que hay en él y todas las personas que participaron para que éste fuera posible y cómo lo compartimos con una persona específica y esto lo hizo todavía más especial. Ojalá y nos demos cuenta de esos momentos que, quizá sin querer, experimentamos un momentáneo aleph.

GLM

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Archivado bajo Entre Libros y Revistas, Escribir, Estilo de Vida

¿Se Pueden “Desgastar” las Palabras?

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No sé si les haya pasado, pero yo he conocido personas que utilizan mucho una palabra y después de un momento de plática me he puesto a dudar de si sabe qué significa o, en otros casos, empiezo a sentir que la palabra la empiezo a ver más como una muletilla, hasta me parece que pierde peso. Por eso la pregunta del título, ¿será que hay palabras que podemos desgastar de tanto utilizarlas?

Siguiendo con la idea de la repetición excesiva, me he encontrado con personas que a todos los que van saludando o a quienes me van presentando les dicen que los quieren mucho o que me quieren mucho, y a lo mejor es que soy muy amargoso, pero después de un tiempo me termina pareciendo que pues al final no nos han de querer tanto o a lo mejor no quieren tan profundo.

También me sucede cuando escucho un rato a esos adolescentes de posición acomodada que dicen que odian todo, bueno, realmente dicen que odian todo aquello que no les gusta. Entonces me pregunto si la palabra perderá peso o si el odio ganará terreno. ¿Será entonces que a veces volvemos huecas a las palabras?, ¿o habrá palabras que podrán llenar contextos y discursos por simple repetición?

Qué pasaría si saboreáramos más lo que decimos, si pensáramos que tanto las palabras dulces, ácidas y amargas que digamos en algún momento es probable que tengamos que tragárnoslas. ¿Y si pensáramos que cada una de ellas tenemos que honrarlas? No sé, quizá es que a mi me gustan mucho las palabras y lo que hacemos con ellas. Comenzaré por cuidar más cuáles uso y cómo lo hago.

GLM

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Archivado bajo Comunicación, Conocimiento, Cultura, Educación, Escribir, Motivos Personales, Preguntas

La Gente.

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Cuando decimos: “la gente” normalmente quedamos fuera de la frase como por arte de magia. A veces lo hacemos para diferenciarnos de los demás, que nomás son gente y no tienen nombre y apellido como nosotros, “ya ves cómo es la gente”. Otras es para escudarnos en multitudes que justifican nuestro punto de vista, “la gente está a favor de X”. Y unas pocas más para ser lo suficientemente vagos como para diferenciarnos o diferenciar sin sonar tan duros o críticos, “es que hay de gente a gente”.

De una u otra forma, me parece que hablar o escribir de esta manera es un intento de ser un narrador omnisciente en la vida de los demás, algo así como agarrar una postura en la que aún con un error siempre se tiene la razón, o por lo menos no se le concede a la gente. Seguramente no es algo muy consciente, quizá quien usa este tipo de comunicación termine diciendo que nada más son cuestiones de semántica o algo así, probablemente muchos simplemente lo lean y digan: “pues sí, así hay gente”.

GLM

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Cuestión de Estilo.

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“El estilo es la incorrectitud que “pule y da esplendor” a lo que se habla o escribe.”

Pablo Fernández Christlieb.

Uno puede escribir como habla y hablar como escribe y no por eso sonar o leerse “bien”, y es que no siempre se tiene claro lo que se quiere decir, cómo decirlo y qué medio utilizar. Tanto en la plática como en la escritura esto se nota en el uso de muletillas, en la falta de claridad, el exceso de palabras y en el uso de términos que aunque pueden estar correctos suenan o se leen forzados.

Si uno quiere hacer algo más que transmitir una idea, es decir, si uno busca mover a la acción, convencer, mostrar, argumentar o hasta hacer sentir algo a quien nos escucha o lee, lo mejor es que uno encuentre su voz y pula su estilo, que tenga claro el medio y contexto en el que quiere desempeñarse y, en la medida de lo posible, que evite la pretensión de sonar o escribir como alguien más.

Aunque bueno, todos empezamos queriendo escribir o platicar como alguien, y sólo los que más practican llegan a desarrollar su estilo propio. “Sólo” se necesita tener claro qué es lo que se quiere decir o provocar y desarrollar una o varias formas de hacerlo. Ojalá y haya más gente que lo logre y menos que vayan por ahí posando como si tuvieran un estilo mientras todo lo que hacen es seguir las recetas de alguien más.

GLM

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Archivado bajo Comunicación, Conocimiento, Cultura, Escribir, Estilo de Vida, Identidad, Investigación, Lecturas

Terapeutas de Cuento XVII. Alimento para Gusanos.

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La espiritualidad siempre ha sido un tema importante para mi, y de hecho suelo abordar el esa área con mis pacientes, así que un día decidí preguntarle a mi maestro sobre alguna recomendación para que mis pacientes resistentes o escépticos pudieran ver la relevancia de incorporar esto a sus vidas. Después de dar un trago a su café, me dijo:

-Deja te cuento una historia, hace no tanto tiempo llegó conmigo un paciente que estaba atravesando por un duelo muy difícil, su única y joven hija acababa de morir en un accidente automovilístico y eso había puesto para él todo su mundo de cabeza. Estaba muy molesto con la vida y se estaba cuestionando mucho por qué había pasado tanto tiempo trabajando para un futuro que ahora, a todas luces sería diferente. Cuando le pregunté por sus creencias, me dijo: “Nunca he creído en dios, ahora mismo se me haría todavía más tonto hacerlo. Estoy convencido de que cuando morimos todo acaba, y que cuando esto pasa nos convertimos en alimento para gusanos”. Pude haber cuestionado esa creencia, hasta me había dado la posibilidad de hacerlo porque me dijo que había cremado a su hija, ¿acaso no quería que fuera alimento para gusanos? Pero eso hubiera sido darle preferencia a mi interés por ese tema en lugar de atender el enojo que cubría la tristeza y el miedo ante un futuro incierto. Mejor me centré en trabajar en dolor y el enojo, lo que eventualmente nos llevó a ver cómo podía reinventarse para tener un presente menos duro y un futuro al que quisiera dirigirse.-

Creo que se dio cuenta de que me sentí un poco tonto por buscar darle prioridad a mis temas sobre los de los pacientes, y mientras veía el espresso que había preparado para mi me dijo -Lo más curioso es que al final terminó dejando su trabajo y puso un negocio, ¿sabes de qué?- Antes de que yo pudiera decir algo rápidamente respondió -Composta. Dijo que quería aprovechar a los gusanos antes de que estos se alimentaran de él.-

GLM

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2º Experimento del Año. Un Experimento Fallido.

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Bueno, en sentido estricto más que un experimento fallido, solamente le leí a mis hijas 10 de 29 días que tuvo el mes. Es cierto, no es ni el 50% del número de días que tuvo el mes, y no es por ponerle excusas a ese tipo de cumplimiento, pero además de que la carga de trabajo que he tenido ha sido bastante alta, la verdad es que este año también noté como la carga de estudio y de intereses de mis hijas ha aumentado. Con esto no quiero decir que ni ellas o yo no disfrutamos de los pocos días en los que hicimos coincidir nuestras agendas para darnos el espacio de leer juntos, al contrario, me parece que lo disfrutamos un montón y que es muy importante que terminemos este libro que estamos leyendo juntos, lo que quiero decir es que en esta ocasión los puntos de atención de cada uno de nosotros nos requieren mucha energía, bueno, por lo menos a mi, que no se trata de hablar por ellas, menos ahora que veo que no sólo tienen más ganas de defender sus intereses y su voz, sino que hoy tienen más argumentos y los saben articular de mejor forma. Quizá por esto mismo es que vale mucho la pena que sigamos teniendo este tipo de momentos de convivencia, sin aparatos electrónicos de por medio, con una historia que nos une y con un espacio que con todo y todas las ocupaciones, decidimos darnos los unos a los otros. Sin duda fueron pocos días, no queda más que procurar más de ellos aunque no se trate de un experimento.

GLM

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La Necesidad de Escribir y Escribir por Necesidad.

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Es extraño esto de escribir. Hay ocasiones en las que las ideas surgen tan fácilmente que hasta parecieran que se escriben solas. Otras, aunque dan vueltas dentro de la cabeza tardan tiempo en ordenarse y cuando se pasan al papel o la pantalla hay que darles diferentes acomodos hasta que uno queda más o menos satisfecho. Hay veces que hay una necesidad por escribir, tanta que la claridad va surgiendo a medida que se escribe, como si se ordenaran las ideas y las emociones con la palabras que se van tecleando y al mismo tiempo que uno mismo las está leyendo. También están esos escritos que tienen una fecha límite, que tienen un tema específico y que, sea fácil o difícil, hay que entregar. Estos son los momentos de escribir por necesidad, y tienen que ver con artículos, investigaciones, propuestas, entregas para un requisito, o hasta un armado más del currículum. Aquí es dónde muchos nos atoramos, muchas veces por pensar demasiado en qué es lo que quieren “escuchar” estos lectores particulares, otras por pre juzgarlos y, sobre todo, por sentirnos pre juzgados, por pensar mucho en las muecas que harán con una u otra idea, con el acomodo que quizá prefieran y que seguramente es absolutamente distinto a eso que creemos y sentimos que es nuestro estilo. Nos volvemos otra vez los niños que piensan: ¿qué dirán de mi?, ¿seré lo suficientemente bueno?, ¿me irán a ver?, ¿de verdad leerán esto?. Lo bueno es que aún con estas ideas en la cabeza, sea por la fecha límite o por la necesidad del trámite o requisito, terminamos por llegar al punto final del escrito, y además imprimimos o adjuntamos el archivo y lo enviamos, lo entregamos, o simplemente hacemos click en el botón que dice Publicar. Lo mejor de todo es que sea desde la necesidad o por la necesidad, aunque sea algo difícil, esto termina por ser un gusto. A lo mejor, habrá que empezar siempre por ahí, por el simple y maravilloso gusto.

GLM

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1er Experimento del Año. Escribir un post todos los días.

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Si bien escribí 29 de 31 días posibles, noté diferencias con relación a la última vez que hice este experimento. Para comenzar, llegué a escribir y publicar algo en 15 minutos. Probablemente no fueron post particularmente buenos, pero fueron lo suficientemente notables como para recibir un comentario, o para por lo menos tener un par de vistas. Por otro lado, noté que en esta ocasión no sufrí tanto el “tener” que publicar o el hacer algo que me impidiera hacerlo. Digamos que me sentí bien publicando y no publicando, que aunque había una meta no la sentí en ningún momento como un castigo o como una obligación pesada. Además, aunque no publiqué en el blog no dejé de escribir para los otros proyectos en los que estoy trabajando, así que puedo decir que no dejé de escribir ni uno de los 31 días del mes.

Otra cosa que me gusta mucho de esto de publicar con la mayor frecuencia posible, es que si hay algo que leer es más probable que aparezca un lector. Y no nada más se trata de provocar más vistas en este espacio, ahora hay algo más comentarios en el espacio y sobre todo fuera de él, lo que viene a ser más importante porque detona más posibilidades que van más allá del blog personal. Digamos que la bitácora va cobrando algo más de vida, y que la habilidad de escribir y el hábito de pensar más en ideas para escribir van adquiriendo más fuerza. Quizá no es mucho, pero es un avance, y esos hay que reconocerlos para avanzar más y mejor.

GLM

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Archivado bajo Comunicación, Escribir, Experimentos