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Terapeutas de Cuento XVIII. Falsas Dicotomías.

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Después de apagar el video de la sesión sobre la que quería que mi maestro me asesorara le dije: Ya no sé que es mejor, si trabajar con las ideas y las creencias de las personas o centrarme en las relaciones y los comportamientos que los contextos favorecen.

Mi maestro cerró el cuaderno de notas en el que atentamente había escrito varias notas mientras observaba la sesión en perfecto silencio, hizo una pequeña pausa en la que aprovechó para acomodarse los lentes y después me dijo:

-¿Qué te hace pensar que actúas en una u otra área? Es cierto que las intervenciones y las preguntas se suelen centrar en uno de los dos puntos de lo que en este momento mencionas como dicotomías, pero eso no quiere decir que una parte no toque a la otra. Muchas veces es más la teoría del terapeuta la que lo ciñe a uno u otro aspecto, otras es el estilo de la persona, pareja o familia, pero lo más importante para mí es no quedarse atrapado en lo que podría ser una falsa dicotomía, ¿por qué hacerlo? Si es por comodidad, con el tiempo sólo atenderás casos que respondan favorablemente al estilo que elegiste, pues esos casos tendrán mejores resultados y te irán refiriendo a más personas que tengan ese tipo de acercamiento a la vida. Si es por pureza teórica, ese tipo de casos terminarán por convencerte cada vez más. A mi me gusta más adaptarme a la situación y buscar soluciones diferentes a las intentadas, a veces me centro en la interacción y los comportamientos precisamente porque el problema se ha tratado de resolver en la dimensión de las ideas, las creencias y las palabras; otras, me centro en la manera en que las personas han encuadrado un comportamiento y busco como se pueden construir diferentes marcos de interpretación basados en lo que las personas piensan, dicen y hacen.

Hizo una pausa para tomar un poco de su café y después de saborearlo comentó:

-¿Has pensado en cambiar de lugar tu silla para que puedas captar con tu visión periférica tanto tu librero como el espejo unidireccional?

GLM

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Terapeutas de Cuento XVII. Alimento para Gusanos.

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La espiritualidad siempre ha sido un tema importante para mi, y de hecho suelo abordar el esa área con mis pacientes, así que un día decidí preguntarle a mi maestro sobre alguna recomendación para que mis pacientes resistentes o escépticos pudieran ver la relevancia de incorporar esto a sus vidas. Después de dar un trago a su café, me dijo:

-Deja te cuento una historia, hace no tanto tiempo llegó conmigo un paciente que estaba atravesando por un duelo muy difícil, su única y joven hija acababa de morir en un accidente automovilístico y eso había puesto para él todo su mundo de cabeza. Estaba muy molesto con la vida y se estaba cuestionando mucho por qué había pasado tanto tiempo trabajando para un futuro que ahora, a todas luces sería diferente. Cuando le pregunté por sus creencias, me dijo: “Nunca he creído en dios, ahora mismo se me haría todavía más tonto hacerlo. Estoy convencido de que cuando morimos todo acaba, y que cuando esto pasa nos convertimos en alimento para gusanos”. Pude haber cuestionado esa creencia, hasta me había dado la posibilidad de hacerlo porque me dijo que había cremado a su hija, ¿acaso no quería que fuera alimento para gusanos? Pero eso hubiera sido darle preferencia a mi interés por ese tema en lugar de atender el enojo que cubría la tristeza y el miedo ante un futuro incierto. Mejor me centré en trabajar en dolor y el enojo, lo que eventualmente nos llevó a ver cómo podía reinventarse para tener un presente menos duro y un futuro al que quisiera dirigirse.-

Creo que se dio cuenta de que me sentí un poco tonto por buscar darle prioridad a mis temas sobre los de los pacientes, y mientras veía el espresso que había preparado para mi me dijo -Lo más curioso es que al final terminó dejando su trabajo y puso un negocio, ¿sabes de qué?- Antes de que yo pudiera decir algo rápidamente respondió -Composta. Dijo que quería aprovechar a los gusanos antes de que estos se alimentaran de él.-

GLM

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Terapeutas de Cuento XV. El Plan Maestro

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Sabía que tendría una semana con algunos casos complicados, supongo que eso pasa cuando uno participa mucho en los talleres de las especializaciones y maestrías, o cuando uno se presenta como voluntario para cuanto caso simulado y casos a revisión surgen en grupos de estudio. Así que decidí pedirle una asesoría a mi maestro el lunes temprano. Pasé a su consultorio y, mientras preparaba un café para cada uno de los dos en su hermosa DeLonghi, pude ver que en su escritorio tenía tres hojas en las que estaba escrito el mismo nombre de una familia. Yo iba a pedirle asesoría sobre su forma de preparar los casos, quería conocer más a detalle cuál era su manera de construir un plan de acción, así que no me importó ser poco discreto y le pregunté: “¿son estos tres planes posibles para atender a una familia?”. Me miró fijamente mientras me pasaba la taza con lo que parecía un delicioso espresso, se dió la vuelta para tomar su taza, observó por un momento su café, después acercó su nariz mientras cerraba los ojos, bajó la taza un poco y, aún con los ojos cerrados, bebió un trago de su café. Volvió a abrir los ojos, su mirada se clavó en mi y dijo: “Sí, son tres escenarios posibles para la siguiente sesión con esa familia.” Después de decir eso, volvió a tomar de su café mientras caminaba a la silla que ocupaba cuando estaba en sesión.

“¿Siempre hace tres planes para la sesión con cada caso?” Pregunté. Después de hacer una pequeña mueca, algo parecido a una sonrisa algo triste, respondió: “A veces hago más, en raras ocasiones hago sólo uno.”  Pensé que sin querer habíamos llegado justo a eso que yo buscaba ese día. –“¿Cómo hace para llegar a ese plan maestro, al plan exacto para el caso?” Soltó una carcajada y, cuando terminó, me dedicó una amable sonrisa. –“No creo que haya un plan maestro. De hecho, cuando sólo hago un plan, o cuando sólo me planteo un escenario, que es como prefiero pensarlo, me siento con más incertidumbre. Casi nunca se dan los escenarios tal cual los pensé, eso sólo pasa en las ficciones, pero claro que sirven, pues me dan ideas y me ayudan a sentirme preparado. Pero la intervención correcta, esa aparece en el momento, y rara vez es sólo una intervención la que resuelve un caso. Además, muchas veces cuando hago seguimiento y pregunto por aquello que más ayudó a que se resolviera la situación, me dicen algo totalmente distinto a lo que yo esperaba.”

Terminé mi café, le pedí prestados algunos libros y después nos pusimos a conversar sobre nuestras familias.

GLM

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Terapeutas de Cuento XIV. Los que Buscan Explicaciones.

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Le pregunté a mi Maestro: –¿Qué es peor que las barracudas?– Haciendo referencia al concepto de Joel Bergman de esas familias y pacientes que van de terapeuta en terapeuta demostrando que nadie puede con ellos.

-No sé si son peores, o si podrían clasificarse como otro tipo de barracudas, y es que no me encanta ponerle tipologías a quienes me consultan- comenzó a decir mi maestro -pero sí me llaman mucho la atención los que llegan buscando explicaciones- continuó -esos que generalmente llevan por lo menos un proceso terapéutico y que además se han leído cuanto libro de autoayuda ha caído en sus manos o se ha puesto de moda. Esos, lo que generalmente quieren encontrar son justificaciones.

¿Qué hay que hacer con ellos?– Pregunté.

Después de un breve silencio, sonrió y me respondió: -¿Quieres que te explique o que te enseñe cómo hacerlo?-

GLM

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Terapeutas de Cuento XII. Una buena estrategia.

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Una vez le pregunté a mi maestro cómo sabía cuando la intervención que estaba pensando era o no una buena estrategia, como solía hacerlo, me respondió con una historia:

– Todavía recuerdo a aquella pareja que llegó quejándose amargamente porque su hijo hacía siempre lo contrario que ellos le mandaban o incluso pedían, que ya habían intentado todo cuanto les sugerían hacer los 10 terapeutas que habían visitado, pero que nada de lo que les proponían funcionaba, es cierto, no siempre lo aplicaban al pie de la letra, pero el caso es que las cosas no funcionaban. Entonces les conté cómo había hecho yo para que uno de mis hijos, el que menos seguía instrucciones, adquiriera el hábito de la lectura. Simplemente le mostré una serie de libros y le dije que por ningún motivo quería verlo leyéndolos, acto seguido, los puse en el estante más alto del librero, aquel que el no alcanzaba si no hacía un esfuerzo y me retiré. Pasó poco tiempo para que me diera cuenta que desacomodaba mi sillón para poderse subirse a él para alcanzar precisamente esos libros. Después de contarles la historia, les dije que era una lástima que ellos no tuvieran un objetivo tan sencillo como el mío, pues yo simplemente tenía que fomentar la lectura, que sería bueno que antes de continuar un proceso terapéutico se pusieran de acuerdo si lo querían seguir conmigo aún sabiendo que yo no les iba a dar instrucciones para que no las cumplieran. No regresaron, pero al cabo de un tiempo llamé para preguntar porque no habían continuado. El esposo me dijo que simplemente habían decidido decirle a su hijo justo lo contrario de lo que querían que hiciera, buscando siempre que la estrategia no fuera demasiado obvia.

Entonces yo le dije: “quiere decir, ¿qué una estrategia es buena si es indirecta y mejor si está contada en forma de historia?” A lo que él me respondió:

– No, quiere decir que la estrategia es buena cuando no es demasiado obvia, al punto de que sea inevitable seguirla.

GLM

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Terapeutas de Cuento XI. ¿Puede cambiar la gente?

Abre la Puerta

He perdido la cuenta de las veces que me han preguntado eso en terapia. La pregunta muchas veces tiene que ver con una persona que sabe que ha hecho daño porque ha visto el dolor en los ojos de alguien que alguna vez quiso, que quizá todavía quiere. A veces es algo más racional, pues dice que aunque no comparte el mismo punto de vista moral, sabe que para esa persona lo que hizo estuvo mal. También están los que dicen que sus acciones tuvieron consecuencias no esperadas, y que estas no tuvieron nada que ver con sus intenciones. Luego están aquellos que no pueden controlar su forma de actuar, muchas veces por una adicción, otras por un problema de desajuste químico que les fue diagnosticado, otras por un contexto que no les deja salida.

Lo curioso es que esa misma pregunta me la he encontrado en el ámbito empresarial, la mayoría de las veces desde un dueño que pregunta por uno de sus empleados, pero también desde algunos que saben que han tomado decisiones demasiado arriesgadas o que son conscientes de que terminan siendo esa caricatura del empresario rico y la empresa pobre.

Siempre hago una pausa antes de responder. Generalmente les pregunto directamente: “¿tú quieres cambiar?”. Muchas veces terminan las sesiones, ya sean de terapia o asesoría, y término preguntándome yo mismo: “¿quiere cambiar la gente?, ¿puede cambiar la gente?”. Si no creyera que sí, probablemente ya no haría esto. Si yo pudiera cambiar, quizá no vería al siguiente paciente.

GLM

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Terapeutas de Cuento X. Fluctuaciones del Vacío.

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– Perdón que le insistí tanto en que me viera hoy mismo, pero la verdad es que me urgía conversar con alguien. –

Está bien, a veces así sucede, lo bueno es que pude abrir un espacio para verte. Por teléfono me dijiste que te llamas Pedro, así que dime Pedro, ¿por qué la urgencia de buscar una cita precisamente ahora?

– Son muchas cosas. La edad, eso de sentirse joven todavía pero que ya en casi todos lados te hablen de usted no es muy agradable. El trabajo, estoy apunto de conseguir un avance muy importante en él, pero al laboratorio se le están acabando los fondos, entonces ahora también estoy trabajando en conseguir fondos. Además está el tema de la pareja, en dónde me están pidiendo distancia y ya no sé si estamos o no estamos o si somos o no somos, como quien dice ahí también siento que estoy en una cuerda floja… –

Espera un poco Pedro, vamos cambiando un poco el ritmo. ¿En qué trabajas?

– Soy físico, hago investigación sobre física cuántica.

No sabía que eso se hacía en esta ciudad.

– Suele pasar, la gente suele pensar que eso sólo se hace en Suiza o Francia. Mi pareja me ha dicho que si fuera realmente bueno, trabajaría en el colisionador de hadrones. No me creyó cuando le dije que mi trabajo lo están considerando para unos experimentos, bueno, realmente me dijo: “la palabra clave es considerando, lo que cuenta es que lo usen”.

Un momento otra vez por favor. Cuéntame más concretamente qué es lo que investigas.

– Ese es parte del problema, es muy difícil hablar de lo concreto desde la física cuántica; y lo peor es que mi tema de estudio son las fluctuaciones del vacío. –

No sé que sea eso, pero suena muy bonito.

– A ver, ¿cómo explicarlo de manera muy sencilla? Mmmm, si lo tengo que decir de manera muy simple sería así: a nivel cuántico hay un punto en el que las leyes de la conservación de la energía no se cumplen exactamente porque hay oscilaciones electromagnéticas o gravitatorias que son más o menos aleatorias y no se pueden detener. Esas son las fluctuaciones del vacío. –

Ajá…

– ¡Eso es! Estoy atrapado en mi tema de estudio.

Me perdí un poco…

– Sí. Las fluctuaciones del vacío provocan que los electrones hagan algo así como “pedir prestada” energía de los campos electromagnéticos cercanos, generalmente provocando la creación de un equilibrio dinámico distinto o incluso la aparición de nuevos campos electromagnéticos, que terminan siendo algo así como nuevos mundos posibles. El problema es que por lo general esto provoca que uno de los campos anteriores deje de existir. –

Si te entiendo bien, estás relacionando esto con las distintas áreas de tu vida, ¿es así?

– Pues sí. –

Pues lo bueno es que una cosa no es exactamente igual a la otra, por lo que no tendrían que aplicar las mismas leyes…

– Justo por ahí van mis investigaciones, son sobre la manera de cambiar la materia mediante el manejo de las fluctuaciones del vacío. Gracias doctor, tengo que irme, tengo que atender uno de los “campos electromagnéticos”.

Sacó el dinero para pagar el precio que habíamos acordado por teléfono después de hacer la seña de entrecomillar el concepto campos electromagnéticos. No volví a saber de él hasta que la mañana de hoy vi la noticia de que iban a hacer un experimento en el colisionador de hadrones basado en la investigación de un mexicano.

GLM

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Terapeutas de Cuento IX. Frente al espejo.

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Hoy por fin me miré en el espejo otra vez doctor. Deje me explico un poco más. Hace mucho tiempo que no me veía realmente en el espejo doctor, digo, no es que me haya dado cuenta de que era una vampiresa. Me di cuenta de que me maquillaba, me peinaba, pero realmente no me miraba, como dicen en mi rancho, no dejaba la vista en ningún lado en específico, mucho menos directamente en mis ojos, verme de cuerpo completo era casi imposible . Pues hoy por fin me volví a mirar, y vi que soy otra, no nada más por las arrugas y las canas, no, ahora ni siquiera eso me molestó, me vi diferente, decidida, lista para salir a comerme el mundo como dicen esos libros de autoayuda que ya sé que a usted le disgustan tanto. Creo que estoy mucho mejor.

– Yo creo que puedes dejar de venir, a menos que tengas un problema diferente, que esto no se trata de estar toda la vida en terapia. – Le dije, y a luego siguió lo que ya era una platica informal en los últimos 5 minutos de su sesión. Pago, me dió un abrazo de agradecimiento y se fue. Yo terminé de apuntar los pormenores de esta última sesión en su expediente, era mi último paciente del día y quería irme a descansar. Revisé rápidamente mis citas del día siguiente, guardé la agenda y apagué la luz. Sólo al estar cerrando el consultorio me di cuenta que no había volteado a ver el espejo de la cámara de gesell en ningún momento, ¿hace cuánto que no lo hacía?

GLM

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Terapeutas de cuento VIII. Frente a los miedos.

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Un viejo maestro nos dijo un día que si nuestros pacientes nos daban miedo, era mejor que aprendiéramos karate o algún tipo de defensa personal. Lo que no dijo fue cómo nos íbamos a enfrentar ante más tipos de miedos que el de ser dañados físicamente. Es cierto, temer que un paciente traiga pistola es complicado; que te diga que la dejó en el auto, tampoco es sencillo, pero “se soluciona” convirtiéndolo en política del tratamiento: prohibido entrar al consultorio con pistola. No, los miedos personales son mucho más difíciles, y esos son los que se enfrentan más frecuentemente, pues no es poco común encontrar historias que perfectamente hubieran podido ser la nuestra si hubiéramos tomado una decisión diferente en tal o cuál momento de nuestra vida. También están aquellos casos en dónde la situación que vemos es muy parecida a la nuestra, quizá demasiado.

Pero no deja de ser emocionante estar frente a los miedos, sentir como se quieren mover del paciente hacia uno, como empiezan a tocarnos, a veces empezando por las piernas otras como un escalofrío en la espalda, para después ser uno el que les toma la mano y los deja sentados para que vean que ya no están dentro de nadie, y ponerlos después dentro de un expediente, o de un cuento, dónde son ya la historia de lo que fue y ya no será.

GLM

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Terapeutas de Cuento VII. Mensajes.

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– Poner a escribir a los pacientes siempre es una experiencia interesante – Dijo mi maestro mientras me seguía asesorando sobre un caso que me tenía particularmente preocupado. – Llevar un diario es una práctica que casi ha quedado en desuso, además, le han hecho una muy mala fama porque cuando salen a la luz, suelen ser aquellos acompañados por una situación trágica o incluso un suicidio. Eso me recuerda un caso que quizá te sirva, pues se trata precisamente de un paciente al que su familia trajo porque había cometido varios intentos de su suicidio. – Se puso de pie y abrió el cajón dónde yo sabía que tenía sus expedientes. Tomó uno de ellos, sacó una hoja y, después de una sonrisa melancólica, extendió la manó diciéndome: – este fue el mensaje que me dejó en la última sesión que vino – Lo tomé y entonces lo leí:

No se culpe a nadie de mi vida. No crea que otra vez voy a dejar un mensaje dramático mientras vuelvo a hacer una tontería, ya me cansé de eso. A lo mejor es porque me dejaron cansado tantas interpretaciones de lo que a final de cuentas no tiene tanta explicación. No me malinterprete, de los que me obligaron a ir probablemente fue el que menos se puso a jugar ese juego de encontrar motivos inconscientes, mandatos familiares y otras pendejadas. De hecho, fue el único que se centró en buscar que yo hiciera algo diferente, no nada más en que resolviera el trauma de cómo son mis padres o en tratar de que hablara de una forma específica de mi persona y mis problemas. Quiero decir, me centró en ser responsable de mi vida. A lo mejor no estoy curado, pero ya no quiero seguir por este camino. Tengo un boleto para salir del país, porque pienso que al poner tierra de por medio voy a poder portarme realmente de otra forma. Creo que además de la despedida, esto es una especie de agradecimiento, ya sabe que no soy muy bueno para eso. Además, no creo que todo el trabajo haya sido de usted, eso sería culparlo de mi mejoría, y si antes no quería que se culpara a nadie de mi muerte hoy no quiero culpar a nadie por mi vida.”

GLM

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