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Retroalimentación.

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Tanto si te dicen que algo que hiciste les gusta o no les gusta, o te dicen el clásico: “está bien, pero…”, es más, el silencio también es una retroalimentación. El punto es entender qué es lo que nos están retroalimentando, pues muchas veces no es el trabajo en sí ni nuestra persona per se, y es que muchas veces es lo que provoca nuestro trabajo en esa persona que lo ve, lo lee o lo escucha, pero el problema es que muchas veces las personas no están acostumbradas a analizar esa parte y a ponerle palabras.

¿Cómo nos van a decir que se sienten cuestionados si eso lo asocian a algo negativo?, ¿cómo decir que les pusimos enfrente una pregunta que no habían contemplado y para la que no tienen respuesta?, ¿qué pasa si lo que hicimos confronta su visión del mundo? Bueno, si muchas veces hasta es difícil decir porque algo nos parece mal, quizá por eso es más fácil tomar parámetros de un tercero para aplicárnoslos, así hasta parece que no es que el que retroalimenta lo piense así, más bien es “la regla” o “escala” que está aplicando.

¿Y que pasa cuándo nos toca a nosotros retroalimentar a alguien sobre su trabajo?, ¿qué tan específicos somos?, ¿qué tan claro tenemos que en ese momento estamos siendo jueces y qué es lo que estamos juzgando? Cuando lo hacemos, ¿retroalimentamos la acción o a la(s) perona(s)?, ¿es para mejorar o para que algo no se vuelva a hacer?

Mientras más claro tengamos cómo se nos retroalimenta, cómo lo hacemos nosotros y sobre qué vamos a estar hablando y escuchando, es más fácil vivir este proceso. ¿Cómo sabes que una retroalimentación es efectiva?, sencillo, si se continúa haciendo lo que estuvo bien y se cambia lo que estuvo mal. Todas estas ideas son fáciles de decir y quizá también de comprender, el detalle está en practicarlas.

GLM

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Un Espacio para la Épica.

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Eso es para mí el deporte, un espacio en el que con esfuerzo, dedicación y disciplina se pueden superar obstáculos y dificultades. Es cierto, así se supone que es la vida, pero en ella la “receta” del esfuerzo no siempre fructifica y, además, pocas veces cuenta con el escaparate que ofrece el deporte, sobre todo el que se desarrolla a nivel profesional. Por eso me gusta investigar diferentes tipos de historias de distintos deportes, lo que termina provocando muchas veces que siga a los deportistas o equipos que las protagonizan.

De este modo he encontrado historias de éxito en situaciones difíciles, narraciones que hablan de redención, relatos de héroes caídos ya sea por alguna desgracia, adicción o porque el día que dejaron de actuar en público ya no supieron a ciencia cierta quienes eran, y  ejemplos de cómo se puede conseguir o perder algo con mucho o poco talento. También, me he dado cuenta de que al compartir lo encontrado y los relatos pueden darse 3 grandes tipos de reacciones:

  1. Interés por conocer algo que no se sabía o un aspecto que le da mayor profundidad a la persona, equipo o deporte en cuestión.
  2. Incredulidad. A veces porque no gusta ese deporte, otras porque no cae bien el equipo o un deportista específico que participó en la historia.
  3. Disfrutar el relato con mayor profundidad y a veces, cuando es bien contado y analizado, revivirlo y re-experimentarlo identificando nuevos detalles, disfrutando aspectos en los que no se había reparado y hasta saboreando las polémicas que nunca quedarán resueltas.

Espero seguir disfrutando de momentos inolvidables en distintos tipos de deportes, y estoy seguro que muchos los seguiré encontrando en el futbol que, como dije en una publicación de hace un tiempo, a mi me ha dado muchos aprendizajes. Por lo pronto, sigo sonriendo al volver a ver los resúmenes del partido del Barcelona VS PSG, con todo y la polémica, con todo y que me gustaría que algunas reglas de este deporte cambiaran y que tanto defensas y delanteros recurrieran menos a “mañas” y provocaciones. Hoy, prefiero seguir creyendo en este espacio para la épica y pensando cómo podemos contribuir los que queremos y disfrutamos de los deportes para que no sólo sean espejo sino también modelo de cómo se puede ser y estar en sociedad, como se puede competir, colaborar y sobre todo disfrutar y aprender.

GLM

 

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Los Equipos y las Dificultades.

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Muchas veces es en las dificultades en dónde los equipos crecen, pues ellas los obligan a desarrollar nuevas capacidades. Esto sucede cuando un equipo se encuentra ante un problema común, puede cohesionarse más y promover que el esfuerzo aumente ante éste, ya sea porque uno o más de sus miembros muestran que no se rendirán ante la situación que se presenta adversa, porque se recuerda que el objetivo vale la pena con todo y el trabajo “extra” que implica, o porque se tiene definida una meta posterior a la que no se puede llegar si no se atraviesa el obstáculo.

Otras ocasiones los problemas desgastan a los equipos, ya se porque no había suficiente unión para enfrentar algo así, porque el dilema es demasiado grande o llegó precisamente en el peor momento para el grupo, para uno o varios de sus miembros. Esto se nota cuando las quejas son más que los comentarios positivos, cuando se olvidan los motivos o se empieza a dudar de ellos, o incluso porque ya se terminó el ciclo de vida de dicho equipo y sus miembros dejaron de sentir que crecían en él o comenzaron a creer que aportaban más que los demás.

He formado parte de equipos que han vivido de los dos tipos de situaciones anteriores. He lamentado cuando no he podido hacer algo para sobrepasar la dificultad, y he reflexionado para comprender lo que los otros integrantes hicieron o dejaron de hacer. Hoy agradezco los equipos de los que soy parte, pues siento que nos pertenecemos y nos participamos.

GLM

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Mayorías

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Cuando trabajaba en el Centro de Estudios de Opinión de la U. De G., llegó a mí una frase que me causó mucha gracia en su momento:

“Si miro la inmensidad de las estrellas, soy un punto en el espacio. Si veo lo grande que es el mundo, soy un grano de arena. Si veo las encuestas, ahí soy el 20%”

Es cierto, no es muy graciosa, a lo mejor así es el humor de los opinólogos, encuestadores y anexos, pero sirve para ilustrar un poco cómo todo depende del punto de vista, y que se puede jugar bastante con los porcentajes para sustentar un argumento. Lo que me parece muy interesante es que muchas veces no se necesitan siquiera los porcentajes, basta con decir: “la gente”, o si se quiere ser más contundente: “la mayoría de la gente”. Utilizar el argumento de la mayoría es sumamente efectivo cuando uno se está dirigiendo a un grupo de personas que no está bien informado, y además puede generar gran atracción si el grupo o la persona a la que se está hablando puede verse beneficiada de ser parte de esa mayoría.

Esto de hablar por las mayorías, lo utilizan los publicistas y los políticos cuando faltan argumentos y se le quiere dar peso a un mensaje, pero también lo utilizamos sin darnos cuenta cuando queremos convencer sin tener nosotros mismos tanta información. Luego pasa algo curioso, llega un punto en el que después de ver muchos mensajes que hablan de mayorías uno se encuentra cómodamente fuera de ellas, ¿será esto algo bueno? No lo sé, pero me esto me recuerda a otra frase, ésta atribuida a Mark Twain:

“Cuando te encuentres del lado de la mayoría, debes hacer una pausa y reflexionar”

Así que, vale la pena reflexionar si utilizamos sin fijarnos el argumento de: “la mayoría”, si “caemos” en él o si estamos buscando “nuestra” propia mayoría, algo muy distinto que el bien común, pero eso ya es tema para otra publicación.

GLM

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Crítica o Retroalimentación.

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En estos días está en boca de los medios deportivos mexicanos como el dueño del Guadalajara, Jorge Vergara, explicó el mal momento de su equipo como un problema que no dependía tanto de él, pues era una cuestión de rendimiento de los jugadores e incluso criticó el desempeño de uno en particular. Evidentemente esto generó muchas críticas, que terminan siendo algo parecido a lo que él hizo, así que va este escrito en un intento de retroalimentación.

La crítica es sobre el pasado, aunque a veces se puede pedir que se haga algo distinto a eso que se hizo así de mal o no tan bien como se quería. Muchas veces está cargada de suposiciones sobre por qué se hizo lo que se hizo, ideas sobre las posibles intenciones y hasta conjeturas de cuál podría ser el plan maquiavélico detrás de dicha ejecución. Es decir, aunque la crítica tiene mucho que ver con lo que se ve, con el resultado y con el proceso, está mucho más centrada en lo que no se ve.

Por otra parte, la retroalimentación habla del resultado, señalando claramente si se llegó o no a él, apuntando si hubo una ligera o gran discrepancia en aspectos específicos. Generalmente, después de hablar del resultado la retroalimentación aborda el tema del proceso, clarificando si una acción no se hizo, si se realizó mal o si estuvo hecha fuera de tiempo. Además de buscar centrarse en lo que se ve, la retroalimentación tiene énfasis en que en el futuro se consiga el resultado deseado, ya sea por una corrección en acciones, o por el desarrollo de habilidades. La crítica califica, mientras que la retroalimentación señala con candor que se puede mejorar.

Una y otra tienen que ver con expectativas y definiciones, algo que no siempre está tan claro ni en el trabajo ni en cuestiones relacionales. Ambas se utilizan de manera indistinta, generando problemas de ejecución, comunicación y hasta de relación. El primer paso es identificar cuando se usa una y cuando la otra, el segundo es entender que hay momentos para hacer cualquiera de las dos de manera individual y otros, que suelen ser pocos, grupal. Mientras que se está en el proceso de aprender a usar estos dos conceptos y a hacerla de líder o dirigir un grupo, más vale practicar en espacios individuales. De lo contrario se prestará a malos entendidos, sobre entendidos y todo terminará complicándose. Más vale pensar lo que se va a decir, que luego querer explicarlo de manera retroactiva. Más vale pensar como se va a responder, que vivir reaccionando ante las consecuencias no contempladas.

GLM

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Serás Juzgado.

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Por lo que haces y lo que no haces. Si lo haces de buenas o de malas y si tienes la mejor de las intenciones o sólo estás buscando sacar provecho. Además, lo que para algunas personas parecerá bueno, para otras será un acto tremendamente egoísta. Si hablas o escuchas, si tienes un fundamento o si estás diciendo lo primero que cruzó por tu mente. Sí, serás juzgado. Por la gente que no te conoce, por los que te han visto una o dos veces, por la gente con la que trabajas y con por aquellos para los que trabajas, por tus amigos, familiares, pareja e hijos. Serás juzgado. A veces al calor de una emoción, otras con el análisis de lo observado, unas más con lo supuesto, e incluso con lo que haces recordar a algunas personas. Serás juzgado como juzgas y, en ocasiones, de manera más dura.

Ahora que ya sabes que serás juzgado, que tienes esta certeza de que tus acciones y la falta de ellas serán calificadas, ¿qué te detiene a actuar?, ¿qué impide que hagas lo que te apasiona? Sobre todo si tú tienes claro que tu intención es buena, que estás haciendo tu mejor esfuerzo y que estás tomando en cuenta toda la información que sí tienes e incluso estás investigando para conocer algo nuevo. Cuida como juzgas y como te juzgas a ti mismo, porque de esa forma puede que actúes con más justicia. De cualquier modo serás juzgado, así que actúa (o no) con la mayor consciencia posible de tus actos y con la mayor responsabilidad de las repercusiones previstas y las imprevistas.

GLM

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Las Herramientas no hacen el Trabajo.

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Me explico, de nada sirven los mejores martillos, clavos y sierras si el carpintero no tiene la habilidad necesaria para utilizarlos. Y aún si tiene la capacidad, si no tiene el material necesario o si este es de baja calidad, el trabajo no podrá hacerse de la mejor manera. Es cierto, tener las herramientas es necesario para hacer el trabajo, no tener ninguna hace imposible avanzar. El problema es cuando se tienen las herramientas, el resultado del trabajo no es el mejor, y le echamos la culpa a que éstas no son las mejores. Y es que, aunque las capacidades de las herramientas pueden hacer muy difícil tener el resultado ideal, si uno sabe esto, puede pedir más tiempo, o ser lo suficientemente claro para decir qué es lo que sí se puede hacer y cuánto se va a tardar. Es cierto, quizá todo esto se olvide si el resultado final está muy lejos de lo prometido. Así que más vale saber las capacidades de las herramientas que uno tiene, pero centrarse en conocer al máximo las capacidades personales y mejorarlas en todo lo que se pueda para con ellas sacarles el máximo a cualquiera de las herramientas con las que contemos. Al final, con cualquier herramienta que se tenga, y cualquiera que sea el ámbito de acción en el que uno se mueva, uno es el que hace el trabajo y tiene la responsabilidad de los resultados.

GLM

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De Conferencias, Talleres y Otros Encuentros Cercanos del Tercer Tipo.

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Hablar en público no es algo que le encante a todo el mundo, pero hoy en día es algo que tenemos que hacer con mucha más frecuencia. Además, estamos más expuestos que nunca a conferencias, talleres y otro tipo de dinámicas que en otros tiempos eran más difíciles de acceder. ¿Cuántos de ustedes han disfrutado de por lo menos una conferencia de TED? Si no lo han hecho, les recomiendo mucho que le den click al enlace que está en el nombre de esta plataforma de ideas sobre Tecnología, Entretenimiento y Diseño, pues estoy seguro de que encontrarán más de una conferencia que les parecerá útil e interesante. Claro que un problema de ver este y otros medios con información de este tipo, es que uno puede quedar “vacunado” de conferencias, dinámicas y otro tipo de interacciones de aprendizaje. Bueno, no es que ya no “funcionen” las conferencias cuando uno ya vio este tipo de videos, más bien es que queda un estándar bastante alto cuando uno va a acudir a una conferencia, vamos, que hasta las presentaciones de trabajo se abordan de otra manera ahora que existen tantos recursos para ver y aprender a hacer materiales para dinámicas de este tipo.

Digamos que es como ver partidos de fútbol de la Champions League y luego ver un Chiapas VS Puebla. ¿No le gustan a usted las metáforas futboleras?, de acuerdo, es como ir al mago después de haber visto la explicación de varios trucos en programas de televisión, videos de YouTube o algún blog de alguien que se cree muy listo. Ahora, dejen el papel de audiencia o público y pónganse en el del mago. ¿Listo? Imagínense cómo tienen que planear y practicar sus trucos para este nuevo tipo de audiencia informada. Algo así es lo que viven los conferencistas, talleristas, maestros, jefes, gerentes, dueños y hasta padres de familia que tienen que comunicar, transmitir y/o enseñar algún concepto o práctica hoy en día. ¿Suena difícil?, lo es, y puede ser más si uno quiere estar en la posición de que uno sabe más “siempre”, o si uno quiere que lo escuchen como si nunca hubieran escuchado a nadie más. En estos tiempos de la información una de las cosas más difíciles de lograr, es la atención, y pocas cosas funcionan tan bien como la búsqueda del diálogo desde una postura de escucha, es decir, procurando primeramente conocer quién es quien te está escuchando. Regresando a la metáfora del mago, ahora que casi todos saben los trucos, lo mejor es que por lo menos hayas practicado.

GLM

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¿Cuestiones Culturales?

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Cuando visitamos otro país, o incluso cuando visitamos otra región del país en el que vivimos, encontramos diferentes comportamientos, formas de hablar y de pensar distintas a la nuestra que a veces nos parecen un poco graciosas y que solemos explicar como cuestiones culturales. A veces estas cuestiones culturales las usamos como estereotipos y de considerarse algo gracioso terminan siendo algo ofensivo y restrictivo para las personas a las que catalogamos con ellos. ¿Qué pasa entonces cuando decimos que nuestra región o país no puede cambiar por cuestiones culturales?, ¿somos víctimas de nuestros propio estereotipo? Habrá quien diga que sí y con ello mantenga “a salvo” el estereotipo, pero prefiero pensar que no somos víctimas sino participantes de la creación, repetición y mantenimiento tanto de los estereotipos como de las cuestiones culturales.

En ese sentido, podemos cambiar y de hecho muchas veces lo logramos por las mismas cuestiones culturales, el punto está en cómo las investigamos, analizamos y practicamos. Por ejemplo, no es lo mismo ser el dueño o jefe y decir que la empresa no avanza por la cultura de los empleados, que asumirse como parte de esa cultura y ver qué se está haciendo para que se mantenga como tal, ya sea uno dueño, jefe o empleado. No es fácil el cambio de asumirse como víctima cultural a vivirse como participe de la misma, pero me parece que bien vale la pena. Es complicado dejar de usar el pretexto de las cuestiones culturales cuando estamos hablando de gente distinta a nosotros, pero es mejor que asumirlos como inferiores o superiores ¿no creen

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El Problema con los Empleados.

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Hace poco puse un post hablando de El Problema con los Jefes, así que era justo tratar el tema desde el otro punto vista. Es decir que ahora toca poner el ojo en todos aquellos jefes o dueños que se la pasan diciendo que el problema son los empleados, que no hay gente capacitada y que la capacitada es mañosa, y aquel que no es mañoso pues termina haciéndose por culpa de aquellos empleados que los jefes no habían visto que sí eran así. ¿Y si la forma en que se construyó la estructura es el problema?, ¿y si no eres un buen jefe y mucho menos un buen líder? Estos son los puntos que vale la pena revisar para poder definir si el problema no eres tú como jefe o líder.

  1. ¿Hace cuánto tiempo que no te capacitas? Resulta que aquello de: “todos somos promovidos hasta nuestro nivel de incompetencia” puede aplicar hasta a los jefes, sobre todo si no se capacitan. Si hace más de un año que no tomas un curso o diplomado, y hace más de 3 meses que no lees un libro o una publicación especializada sobre tu negocio, cómo administrarlo o liderazgo, lamento decirte que ya estás desactualizado.
  2. Si tus empleados no hacen lo que les dices, quizá no sabes como asignar y delegar trabajo. Para empezar, no es lo mismo asignar trabajo que delegarlo. Asignar es determinar qué debe hacer cada quién y dejarle claro cómo, por qué y para qué. Delegar es confiar en un colaborador para que haga un trabajo que normalmente harías tú. Si quieres saber más del tema, te recomiendo escuchar el siguiente podcast: The Art of Delegation.
  3. ¿Eres más jefe que líder? No sólo se trata de saber asignar y delegar, ni mucho menos de nada más saber mandar. El punto es poder transmitir el por qué es importante el trabajo que cada miembro de la organización hace, así como reconocer cuando lo hace bien y saber guiar cuando lo hace mal. ¿Todo eso te suena demasiado extraño? Entonces estás centrado en ser un jefe.
  4. ¿Cómo reclutas a las personas para tu empresa? De acuerdo, probablemente no eres tú quien recluta a la gente, ¿has dejado claro qué es lo que buscan además de capacidades?, ¿seleccionas entre los candidatos que sí aceptan un sueldo que no es tan bueno? Recuerda que si la idea es muy buena pero se selecciona mal al equipo, la idea se volverá mala.

Es cierto, los empleados no siempre están tan bien calificados o tienen aprendizajes que hacen que no den su máximo desempeño, pero un buen líder y una buena empresa pueden promover que su gente de el máximo esfuerzo y llegue a resultados que no había pensado posibles.

GLM

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