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La Despersonalización de la Publicidad.

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“Los poetas se acurrucan en las palabras cálidas, los científicos disfrutan con las voces gélidas. Y la publicidad hace uso de ambas según le interese: las viejas palabras del español le sirven para la fascinación; las nuevas para el avasallamiento.”

Álex Grijelmo. La Seducción de las Palabras.

La publicidad en la calle, contrario a lo que alguno de sus “genios” actuales seguramente ha mencionado, no es un fenómeno reciente. Ya en 1818 uno se podía encontrar en las calles de Londres con los carteleros, quienes en muchas ocasiones llevaban una vestimenta llamativa y en otras incluso tenían disfraces para llamar aún más la atención, con lo que podríamos decir que la persona estaba de cierta manera “integrada” a ese tipo de publicidad. Esta incorporación o participación del cartelero con el mensaje llegó a lo que se denominó durante mucho tiempo “el hombre sandwich”, que queda muy bien representado en la imagen que encabeza este post y que debe este nombre ni más ni menos que a Charles Dickens, quien lo describió como una pieza de carne humana entre dos rebanadas de cartón.

Después, con el paso del tiempo y al parecer debido a la importancia adquirida por los automóviles y la visión que se tiene desde estos, idea que viene mejor explicada en el libro El Espíritu de la Calle de Pablo Fernández Christlieb, la publicidad se presentó ahora mediante lo que en español llamamos espectaculares. Este paso a la despersonalización de la publicidad no fue curiosamente el definitivo, con todo y que los espectaculares han “evolucionado” hasta el punto de ser mantas o impresos que cubren totalmente edificios, en los que si bien trabajan o viven personas, se vuelven más importantes como agentes publicitarios que como viviendas, con algo que parece decir, más vale “interrumpir” a lo grande a los transeúntes, que “simplemente” ser una vivienda. Para mi, el punto álgido de la despersonalización viene en el momento en que de los carteleros, que eran parte del mensaje, llegamos a los peatones anuncio (no sé si tengan algún nombre oficial).

Estos peatones anuncio, tienen una especie de mochila que pone por encima de sus cabezas el mensaje al que se desea llamar la atención y, el peatón, es sólo un instrumento que sirve algunas veces para entregar un volante o flyer que busca reforzar el mensaje, aunque por lo general termina siendo nada más una basura. ¿Cómo es que llegamos a esto?, pareciera que es más importante buscar la saturación de las calles, interrumpir la posibilidad de una reflexión personal en esos momentos de tráfico álgido y, lo que es peor, poner en riesgo a una persona nada más para que se muestren más mensajes de consumo. No sé a ustedes, pero a mi me parece triste y hasta indignante que se use dinero para esto, que la gente tenga que tomar estos trabajos y que nomás no contribuya en nada al mundo. ¿Llegaremos acaso a los hombre anuncio de los que habla Rosa Montero en Lágrimas en la lluvia? Ojalá que no, y ojalá que si tú tienes algo que puedes hacer en este ámbito, lo hagas.

GLM

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