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Esta Publicación No va a Cambiar tu Vida.

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La Libertad de una Taza de Café. Por @Crisreza

Lo siento, pero esta publicación no va a cambiar tu vida. Tampoco va a cambiar tu manera de pensar, como lo aseguran un montón de videos que circulan por el ciberespacio. Pretender que una de mis publicaciones haga cualquiera de las dos cosas me parecería sumamente arrogante, a lo más que aspiro es a generar una conversación entre mi texto y tus propias ideas, que te generes algunas preguntas personales, a que quizá respondas alguna de las que yo me hago, y a que podamos tener una conversación virtual por los diferentes medios de conexión disponibles gracias a internet.

Algunas de mis publicaciones también buscan contar cómo he hecho algunos cambios, y en otras pretendo mostrar con algo de humor mi punto de vista, o ironizar sobre él y los puntos de vista que repetimos y hacemos una moda en el espacio virtual y el cotidiano (a veces creo que cada vez nos cuesta más trabajo diferenciarlos). Quizá la máxima aspiración en esos casos es inspirar a la reflexión, a conversar sobre el tema conmigo o con alguien más, o a que simplemente alguien las lea y me diga que no está de acuerdo.

Si alguien hace algo diferente a lo que yo he hecho por probarme que estoy equivocado y además de eso consigue que le vaya bien, ¡excelente! Si alguien sigue alguno de los experimentos que he hecho y obtiene buenos resultados, me parece genial. Y es que aún en el trabajo de profesional del cambio, que cada vez me cuesta más trabajo llamarle terapia, lo más que puede uno hacer es señalar posibles caminos, detonar la reflexión sobre el que se está siguiendo y aplicar técnicas que ayuden a que la(s) persona(s) consiga el cambio que está buscando o por lo menos deje de irle tan mal como le estaba yendo.

Y es que si bien es cierto que cada uno de nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo personal, los profesionales del cambio no podemos quedarnos en señalar eso, también es nuestra labor mostrar posibilidades de reflexión y acción, recordar motivos, co-crear posibilidades, ayudar a modificar hábitos, etc., y para todo eso no basta una publicación ni un video. ¿O ustedes creen que sí?

GLM

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Retroalimentación.

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Tanto si te dicen que algo que hiciste les gusta o no les gusta, o te dicen el clásico: “está bien, pero…”, es más, el silencio también es una retroalimentación. El punto es entender qué es lo que nos están retroalimentando, pues muchas veces no es el trabajo en sí ni nuestra persona per se, y es que muchas veces es lo que provoca nuestro trabajo en esa persona que lo ve, lo lee o lo escucha, pero el problema es que muchas veces las personas no están acostumbradas a analizar esa parte y a ponerle palabras.

¿Cómo nos van a decir que se sienten cuestionados si eso lo asocian a algo negativo?, ¿cómo decir que les pusimos enfrente una pregunta que no habían contemplado y para la que no tienen respuesta?, ¿qué pasa si lo que hicimos confronta su visión del mundo? Bueno, si muchas veces hasta es difícil decir porque algo nos parece mal, quizá por eso es más fácil tomar parámetros de un tercero para aplicárnoslos, así hasta parece que no es que el que retroalimenta lo piense así, más bien es “la regla” o “escala” que está aplicando.

¿Y que pasa cuándo nos toca a nosotros retroalimentar a alguien sobre su trabajo?, ¿qué tan específicos somos?, ¿qué tan claro tenemos que en ese momento estamos siendo jueces y qué es lo que estamos juzgando? Cuando lo hacemos, ¿retroalimentamos la acción o a la(s) perona(s)?, ¿es para mejorar o para que algo no se vuelva a hacer?

Mientras más claro tengamos cómo se nos retroalimenta, cómo lo hacemos nosotros y sobre qué vamos a estar hablando y escuchando, es más fácil vivir este proceso. ¿Cómo sabes que una retroalimentación es efectiva?, sencillo, si se continúa haciendo lo que estuvo bien y se cambia lo que estuvo mal. Todas estas ideas son fáciles de decir y quizá también de comprender, el detalle está en practicarlas.

GLM

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Terapeutas de Cuento XVIII. Falsas Dicotomías.

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Después de apagar el video de la sesión sobre la que quería que mi maestro me asesorara le dije: Ya no sé que es mejor, si trabajar con las ideas y las creencias de las personas o centrarme en las relaciones y los comportamientos que los contextos favorecen.

Mi maestro cerró el cuaderno de notas en el que atentamente había escrito varias notas mientras observaba la sesión en perfecto silencio, hizo una pequeña pausa en la que aprovechó para acomodarse los lentes y después me dijo:

-¿Qué te hace pensar que actúas en una u otra área? Es cierto que las intervenciones y las preguntas se suelen centrar en uno de los dos puntos de lo que en este momento mencionas como dicotomías, pero eso no quiere decir que una parte no toque a la otra. Muchas veces es más la teoría del terapeuta la que lo ciñe a uno u otro aspecto, otras es el estilo de la persona, pareja o familia, pero lo más importante para mí es no quedarse atrapado en lo que podría ser una falsa dicotomía, ¿por qué hacerlo? Si es por comodidad, con el tiempo sólo atenderás casos que respondan favorablemente al estilo que elegiste, pues esos casos tendrán mejores resultados y te irán refiriendo a más personas que tengan ese tipo de acercamiento a la vida. Si es por pureza teórica, ese tipo de casos terminarán por convencerte cada vez más. A mi me gusta más adaptarme a la situación y buscar soluciones diferentes a las intentadas, a veces me centro en la interacción y los comportamientos precisamente porque el problema se ha tratado de resolver en la dimensión de las ideas, las creencias y las palabras; otras, me centro en la manera en que las personas han encuadrado un comportamiento y busco como se pueden construir diferentes marcos de interpretación basados en lo que las personas piensan, dicen y hacen.

Hizo una pausa para tomar un poco de su café y después de saborearlo comentó:

-¿Has pensado en cambiar de lugar tu silla para que puedas captar con tu visión periférica tanto tu librero como el espejo unidireccional?

GLM

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Encontrar y Descubrir.

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Para encontrar algo es indispensable saber qué es. Suena tan obvio como impertinente es la pregunta: ¿dónde se te perdió?, pues de poder responderla eso que buscamos no estaría realmente perdido. Descubrir es hallar algo que se ignoraba o, por ponerlo de otra manera, destapar algo nuevo que no se sabía que existía, por eso es difícil descubrir algo, porque uno tiene que reconocer primero que había algo que uno ignoraba.

La distinción entre encontrar y descubrir es importante en muchos ámbitos, y es particularmente especial en todo lo que tiene que ver con las solución de problemas, pues muchas veces buscamos encontrar una solución cuando lo que se necesita es descubrir una. Esto es, a veces intentamos aplicar “soluciones tipo” o aplicar recetas para resolver un problema porque nos parece similar a alguno que ya habíamos resuelto, lo malo es que ese tipo de soluciones no siempre funcionan y en la expectativa de su funcionamiento solemos perder tiempo y recursos.

Por otra parte, descubrir una solución supone que esperemos lo inesperado, aunque suene a cliché, pues nos pide la apertura para notar algo distinto, sea una clave, un camino, o a veces una ausencia, como sucedió en el descubrimiento de la penicilina. Así que más vale tener cuidado e identificar si uno está en una búsqueda para encontrar algo o descubrirlo.

GLM

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Los Equipos y las Dificultades.

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Muchas veces es en las dificultades en dónde los equipos crecen, pues ellas los obligan a desarrollar nuevas capacidades. Esto sucede cuando un equipo se encuentra ante un problema común, puede cohesionarse más y promover que el esfuerzo aumente ante éste, ya sea porque uno o más de sus miembros muestran que no se rendirán ante la situación que se presenta adversa, porque se recuerda que el objetivo vale la pena con todo y el trabajo “extra” que implica, o porque se tiene definida una meta posterior a la que no se puede llegar si no se atraviesa el obstáculo.

Otras ocasiones los problemas desgastan a los equipos, ya se porque no había suficiente unión para enfrentar algo así, porque el dilema es demasiado grande o llegó precisamente en el peor momento para el grupo, para uno o varios de sus miembros. Esto se nota cuando las quejas son más que los comentarios positivos, cuando se olvidan los motivos o se empieza a dudar de ellos, o incluso porque ya se terminó el ciclo de vida de dicho equipo y sus miembros dejaron de sentir que crecían en él o comenzaron a creer que aportaban más que los demás.

He formado parte de equipos que han vivido de los dos tipos de situaciones anteriores. He lamentado cuando no he podido hacer algo para sobrepasar la dificultad, y he reflexionado para comprender lo que los otros integrantes hicieron o dejaron de hacer. Hoy agradezco los equipos de los que soy parte, pues siento que nos pertenecemos y nos participamos.

GLM

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Las Buenas Intenciones.

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Pasa algo curioso con las intenciones, las buenas generalmente son las nuestras. Es decir, la gran mayoría de las veces que hacemos algo es con una buena intención, aunque no siempre tengamos el mejor de los resultados. Y bueno, si no tenemos el resultado deseado, pues resulta que la intención era buena y buscamos dejar en claro eso primero, antes de revisar si hubo algo que estuviera en nuestra responsabilidad que pudiéramos haber hecho diferente.

¿Y las malas intenciones? Pues esas son de los otros, y casi siempre que nos aclaran que actuaron con buenas intenciones o de buena fe, pues seguramente lo hacen para esconder sus “verdaderos” motivos, ¿o no? Después de todo, nosotros llevamos tantos años de experiencia, tenemos tanto conocimiento que, sabemos “leer” a la gente, ¿verdad?

¿Resulta un tanto absurdo leer los párrafos anteriores? Quizá un poco, ¿no creen? Lo interesante es que muchas veces son estilos de pensamiento que seguimos, y que luego llevamos a la acción, tengamos claras o no las intenciones de los demás, hayamos pensado con detenimiento y calma en las posibles consecuencias más allá de nuestras buenas intenciones. Ojalá y podamos juzgar menos las intenciones de los demás y excusarnos en nuestras buenas intenciones, a fin de cuentas, ¿no dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones? Bueno, por lo menos tendré la intención de mantenerme vigilante en mi forma de pensar.

GLM

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Compromisos.

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Hace poco, en una entrevista, le escuché a Don Arturo Pérez-Reverte una frase que me pareció genial: “El diccionario no es la policía de la lengua”. En ese sentido, no busca castigar y normar, sino recoger la manera en que se habla en una lengua, y hasta cierto punto dar ideas sobre cómo se construye el sentido en la misma. Como quien dice, nos ayuda a explicarnos y a entendernos, por lo menos en las cuestiones básicas que tienen que ver con lo que decimos, que los tonos, inflexiones, lenguaje no verbal y contextos son punto y a parte y forman parte del sentido de manera tan o más importante que el lenguaje. Sirva todo esto como introducción para decir que a veces es muy importante pasar por el diccionario para entender y hasta para entenderse a uno mismo.

Según la Real Academia de la Lengua Española,  compromiso viene del latín compromissum y por lo regular tiene dos acepciones que son las más utilizadas:

  1. Obligación contraída.
  2. Palabra dada.

Lo que me parece muy interesante de ambas acepciones es que implican una acción del sujeto, es decir, no es que el o los compromisos “caigan” sobre la persona, sino que ésta los contrae o los escoge. Es cierto que el sentido cambia si la frase dice: “se vió comprometido” o si es: “me vi comprometido”, y es precisamente aquí dónde está el detalle que hoy me interesa, ¿no creen que es preferible ser sujetos activos que pasivos?, ¿no es más fácil encarar cualquier compromiso como algo que uno eligió? Habrá quien decida en este punto: “pues yo mejor me quedo en la parte pasiva”, o quién escoja decir: “es que a mí sí que me comprometieron”, pero de cualquier modo, desde mi punto de vista, éstas son elecciones que muestran si asumimos responsabilidad en la solución o sólo nos quedamos como víctimas del problema. ¿Ustedes qué piensan?

GLM

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¿Podemos diseñar mejor nuestro estilo de vida?

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Vivimos en tiempos complicados en lo social y lo económico, tanto en México como en el mundo, bueno quizá no en Alemania pero ese es tema de otro post. Hay dificultades tanto para encontrar empleo como para autoemplearse y/o mantener un negocio sostenible. Todo ello repercute en un ambiente social bastante complicado que apunta claramente a la necesidad de cambiar nuestro sistema económico, es decir la manera en que hacemos negocios, cómo producimos empleos y cómo nos empleamos. Desde mi punto de vista, ante tanta vorágine, es decir tanto movimiento que parece centrarse en cómo se le hace para sobrevivir, es fundamental tener un momento de calma para reflexionar y actuar en lo que sí podemos cambiar sin dejar de pensar en el mediano y largo plazo.

Una de las opciones que se me ocurren de momento, es prestar más atención en el estilo de vida que estamos llevando y plantearlos la posibilidad de diseñarlo de una manera más consciente. Sé que mientras más carencias económicas y personales se estén atravesando, más difícil es tener o provocar este momento de calma, pues es sumamente difícil pensar en el futuro si el presente es la preocupación porque vas a comer tú y los tuyos. No obstante, pienso que es cuando más importante es pensar y definir mejor qué es aquello en lo que se puede actuar. Bajar el nivel de gasto, revisar bien en qué se invierte el dinero, la energía y el tiempo para ver si así es cómo queremos vivir y, sobre todo, si es cómo queremos vivir en el futuro.

No creo que sea sencillo, de hecho no sé si en realidad podemos diseñar nuestro estilo de vida, pero me parece que vale mucho la pena intentarlo. Sobre todo porque hacerlo es también un acto social y político que se sale del esquema que parece que nos proponen para estar mejor. ¿Ustedes qué piensan?

GLM

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¿Cómo dejamos de sembrar Emergencias?

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Tanto en el contexto de terapia familiar o individual, como en las consultorías organizacionales, he podido observar que las emergencias no siempre “emergen”, muchas veces se van gestando por una serie de pequeñas acciones que hicimos o dejamos de hacer. Claro que ver esto es mucho más sencillo a posteriori, una vez que la emergencia ya está o en la puerta o cuando pudimos hacer algo para resolverla. Lo terrible es que muchas veces esas emergencias son repetidas y escaladas, es decir se vuelve a hacer o no hacer aquello que sabíamos que generaba problemas pero ahora el problema se presenta más grande y a veces hasta nos encuentra con menos recursos.

La pregunta que surge cuando esto se presenta suele ser: ¿por qué hacemos esto? El problema es que ésta pregunta nos lleva a explicaciones que no necesariamente frenan o bloquean la construcción o el “sembrado” de emergencias. De hecho el párrafo anterior es una de las explicaciones posibles y aunque al leerlo digas: “es cierto, yo a veces hago eso”, eso no implica necesariamente que dejemos de hacerlo. Pues sí, uno sólo cosecha lo que siembra. ¿Cómo dejamos de sembrar emergencias? Ese es precisamente el punto, que aunque puede haber generalidades en los patrones de comportamiento que seguimos para ello, la forma de desactivarlos depende de particularidades y no sólo implica fuerza de voluntad o conocimiento. Si así fuera, quizá la forma más sencilla de obtener un cambio sería haciendo algo diferente, ¡lo que sea! ¿No sabes qué hacer distinto?, ¿no sabes sí lo que estás pensando es realmente distinto? Pues es tiempo de buscar ayuda, que en principio eso ya puede ser algo distinto. ¿Es fácil?, no. ¿Vale la pena?, por supuesto, sobre todo si esas emergencias sembradas se están acercando cada vez más a punto de no retorno.

GLM

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