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Esta Publicación No va a Cambiar tu Vida.

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La Libertad de una Taza de Café. Por @Crisreza

Lo siento, pero esta publicación no va a cambiar tu vida. Tampoco va a cambiar tu manera de pensar, como lo aseguran un montón de videos que circulan por el ciberespacio. Pretender que una de mis publicaciones haga cualquiera de las dos cosas me parecería sumamente arrogante, a lo más que aspiro es a generar una conversación entre mi texto y tus propias ideas, que te generes algunas preguntas personales, a que quizá respondas alguna de las que yo me hago, y a que podamos tener una conversación virtual por los diferentes medios de conexión disponibles gracias a internet.

Algunas de mis publicaciones también buscan contar cómo he hecho algunos cambios, y en otras pretendo mostrar con algo de humor mi punto de vista, o ironizar sobre él y los puntos de vista que repetimos y hacemos una moda en el espacio virtual y el cotidiano (a veces creo que cada vez nos cuesta más trabajo diferenciarlos). Quizá la máxima aspiración en esos casos es inspirar a la reflexión, a conversar sobre el tema conmigo o con alguien más, o a que simplemente alguien las lea y me diga que no está de acuerdo.

Si alguien hace algo diferente a lo que yo he hecho por probarme que estoy equivocado y además de eso consigue que le vaya bien, ¡excelente! Si alguien sigue alguno de los experimentos que he hecho y obtiene buenos resultados, me parece genial. Y es que aún en el trabajo de profesional del cambio, que cada vez me cuesta más trabajo llamarle terapia, lo más que puede uno hacer es señalar posibles caminos, detonar la reflexión sobre el que se está siguiendo y aplicar técnicas que ayuden a que la(s) persona(s) consiga el cambio que está buscando o por lo menos deje de irle tan mal como le estaba yendo.

Y es que si bien es cierto que cada uno de nosotros tenemos que hacer nuestro trabajo personal, los profesionales del cambio no podemos quedarnos en señalar eso, también es nuestra labor mostrar posibilidades de reflexión y acción, recordar motivos, co-crear posibilidades, ayudar a modificar hábitos, etc., y para todo eso no basta una publicación ni un video. ¿O ustedes creen que sí?

GLM

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Terapeutas de Cuento XVIII. Falsas Dicotomías.

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Después de apagar el video de la sesión sobre la que quería que mi maestro me asesorara le dije: Ya no sé que es mejor, si trabajar con las ideas y las creencias de las personas o centrarme en las relaciones y los comportamientos que los contextos favorecen.

Mi maestro cerró el cuaderno de notas en el que atentamente había escrito varias notas mientras observaba la sesión en perfecto silencio, hizo una pequeña pausa en la que aprovechó para acomodarse los lentes y después me dijo:

-¿Qué te hace pensar que actúas en una u otra área? Es cierto que las intervenciones y las preguntas se suelen centrar en uno de los dos puntos de lo que en este momento mencionas como dicotomías, pero eso no quiere decir que una parte no toque a la otra. Muchas veces es más la teoría del terapeuta la que lo ciñe a uno u otro aspecto, otras es el estilo de la persona, pareja o familia, pero lo más importante para mí es no quedarse atrapado en lo que podría ser una falsa dicotomía, ¿por qué hacerlo? Si es por comodidad, con el tiempo sólo atenderás casos que respondan favorablemente al estilo que elegiste, pues esos casos tendrán mejores resultados y te irán refiriendo a más personas que tengan ese tipo de acercamiento a la vida. Si es por pureza teórica, ese tipo de casos terminarán por convencerte cada vez más. A mi me gusta más adaptarme a la situación y buscar soluciones diferentes a las intentadas, a veces me centro en la interacción y los comportamientos precisamente porque el problema se ha tratado de resolver en la dimensión de las ideas, las creencias y las palabras; otras, me centro en la manera en que las personas han encuadrado un comportamiento y busco como se pueden construir diferentes marcos de interpretación basados en lo que las personas piensan, dicen y hacen.

Hizo una pausa para tomar un poco de su café y después de saborearlo comentó:

-¿Has pensado en cambiar de lugar tu silla para que puedas captar con tu visión periférica tanto tu librero como el espejo unidireccional?

GLM

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Terapeutas de Cuento XVII. Alimento para Gusanos.

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La espiritualidad siempre ha sido un tema importante para mi, y de hecho suelo abordar el esa área con mis pacientes, así que un día decidí preguntarle a mi maestro sobre alguna recomendación para que mis pacientes resistentes o escépticos pudieran ver la relevancia de incorporar esto a sus vidas. Después de dar un trago a su café, me dijo:

-Deja te cuento una historia, hace no tanto tiempo llegó conmigo un paciente que estaba atravesando por un duelo muy difícil, su única y joven hija acababa de morir en un accidente automovilístico y eso había puesto para él todo su mundo de cabeza. Estaba muy molesto con la vida y se estaba cuestionando mucho por qué había pasado tanto tiempo trabajando para un futuro que ahora, a todas luces sería diferente. Cuando le pregunté por sus creencias, me dijo: “Nunca he creído en dios, ahora mismo se me haría todavía más tonto hacerlo. Estoy convencido de que cuando morimos todo acaba, y que cuando esto pasa nos convertimos en alimento para gusanos”. Pude haber cuestionado esa creencia, hasta me había dado la posibilidad de hacerlo porque me dijo que había cremado a su hija, ¿acaso no quería que fuera alimento para gusanos? Pero eso hubiera sido darle preferencia a mi interés por ese tema en lugar de atender el enojo que cubría la tristeza y el miedo ante un futuro incierto. Mejor me centré en trabajar en dolor y el enojo, lo que eventualmente nos llevó a ver cómo podía reinventarse para tener un presente menos duro y un futuro al que quisiera dirigirse.-

Creo que se dio cuenta de que me sentí un poco tonto por buscar darle prioridad a mis temas sobre los de los pacientes, y mientras veía el espresso que había preparado para mi me dijo -Lo más curioso es que al final terminó dejando su trabajo y puso un negocio, ¿sabes de qué?- Antes de que yo pudiera decir algo rápidamente respondió -Composta. Dijo que quería aprovechar a los gusanos antes de que estos se alimentaran de él.-

GLM

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Terapeutas de Cuento XV. El Plan Maestro

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Sabía que tendría una semana con algunos casos complicados, supongo que eso pasa cuando uno participa mucho en los talleres de las especializaciones y maestrías, o cuando uno se presenta como voluntario para cuanto caso simulado y casos a revisión surgen en grupos de estudio. Así que decidí pedirle una asesoría a mi maestro el lunes temprano. Pasé a su consultorio y, mientras preparaba un café para cada uno de los dos en su hermosa DeLonghi, pude ver que en su escritorio tenía tres hojas en las que estaba escrito el mismo nombre de una familia. Yo iba a pedirle asesoría sobre su forma de preparar los casos, quería conocer más a detalle cuál era su manera de construir un plan de acción, así que no me importó ser poco discreto y le pregunté: “¿son estos tres planes posibles para atender a una familia?”. Me miró fijamente mientras me pasaba la taza con lo que parecía un delicioso espresso, se dió la vuelta para tomar su taza, observó por un momento su café, después acercó su nariz mientras cerraba los ojos, bajó la taza un poco y, aún con los ojos cerrados, bebió un trago de su café. Volvió a abrir los ojos, su mirada se clavó en mi y dijo: “Sí, son tres escenarios posibles para la siguiente sesión con esa familia.” Después de decir eso, volvió a tomar de su café mientras caminaba a la silla que ocupaba cuando estaba en sesión.

“¿Siempre hace tres planes para la sesión con cada caso?” Pregunté. Después de hacer una pequeña mueca, algo parecido a una sonrisa algo triste, respondió: “A veces hago más, en raras ocasiones hago sólo uno.”  Pensé que sin querer habíamos llegado justo a eso que yo buscaba ese día. –“¿Cómo hace para llegar a ese plan maestro, al plan exacto para el caso?” Soltó una carcajada y, cuando terminó, me dedicó una amable sonrisa. –“No creo que haya un plan maestro. De hecho, cuando sólo hago un plan, o cuando sólo me planteo un escenario, que es como prefiero pensarlo, me siento con más incertidumbre. Casi nunca se dan los escenarios tal cual los pensé, eso sólo pasa en las ficciones, pero claro que sirven, pues me dan ideas y me ayudan a sentirme preparado. Pero la intervención correcta, esa aparece en el momento, y rara vez es sólo una intervención la que resuelve un caso. Además, muchas veces cuando hago seguimiento y pregunto por aquello que más ayudó a que se resolviera la situación, me dicen algo totalmente distinto a lo que yo esperaba.”

Terminé mi café, le pedí prestados algunos libros y después nos pusimos a conversar sobre nuestras familias.

GLM

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Terapeutas de Cuento XIV. Los que Buscan Explicaciones.

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Le pregunté a mi Maestro: –¿Qué es peor que las barracudas?– Haciendo referencia al concepto de Joel Bergman de esas familias y pacientes que van de terapeuta en terapeuta demostrando que nadie puede con ellos.

-No sé si son peores, o si podrían clasificarse como otro tipo de barracudas, y es que no me encanta ponerle tipologías a quienes me consultan- comenzó a decir mi maestro -pero sí me llaman mucho la atención los que llegan buscando explicaciones- continuó -esos que generalmente llevan por lo menos un proceso terapéutico y que además se han leído cuanto libro de autoayuda ha caído en sus manos o se ha puesto de moda. Esos, lo que generalmente quieren encontrar son justificaciones.

¿Qué hay que hacer con ellos?– Pregunté.

Después de un breve silencio, sonrió y me respondió: -¿Quieres que te explique o que te enseñe cómo hacerlo?-

GLM

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Terapeutas de Cuento XI. ¿Puede cambiar la gente?

Abre la Puerta

He perdido la cuenta de las veces que me han preguntado eso en terapia. La pregunta muchas veces tiene que ver con una persona que sabe que ha hecho daño porque ha visto el dolor en los ojos de alguien que alguna vez quiso, que quizá todavía quiere. A veces es algo más racional, pues dice que aunque no comparte el mismo punto de vista moral, sabe que para esa persona lo que hizo estuvo mal. También están los que dicen que sus acciones tuvieron consecuencias no esperadas, y que estas no tuvieron nada que ver con sus intenciones. Luego están aquellos que no pueden controlar su forma de actuar, muchas veces por una adicción, otras por un problema de desajuste químico que les fue diagnosticado, otras por un contexto que no les deja salida.

Lo curioso es que esa misma pregunta me la he encontrado en el ámbito empresarial, la mayoría de las veces desde un dueño que pregunta por uno de sus empleados, pero también desde algunos que saben que han tomado decisiones demasiado arriesgadas o que son conscientes de que terminan siendo esa caricatura del empresario rico y la empresa pobre.

Siempre hago una pausa antes de responder. Generalmente les pregunto directamente: “¿tú quieres cambiar?”. Muchas veces terminan las sesiones, ya sean de terapia o asesoría, y término preguntándome yo mismo: “¿quiere cambiar la gente?, ¿puede cambiar la gente?”. Si no creyera que sí, probablemente ya no haría esto. Si yo pudiera cambiar, quizá no vería al siguiente paciente.

GLM

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