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Hablando de Nosotros.

Pareciera que no, pero siempre estamos hablando de nosotros. Sí, aunque usemos un lenguaje académico, de ese que pretende a subirse a una torre de marfil para medir, describir y analizar desde una posición privilegiada, una que le permite ver a la realidad completa, objetiva. Pero cuando hablamos así una de las primeras cosas que estamos mostrando es que queremos seguir perteneciendo a esa comunidad, pues es un grupo de personas que sabe más, que entiende más, que estudió más. Y aunque eso sea en gran parte cierto, no es más, pues también son personas, y como tales tienen intereses, límites, fallas, puntos ciegos, y cuando estos se olvidan es cuando más se notan.

Bueno, aquí soy yo el que puede estar haciendo lo mismo que critico, señalar afuera algo que muchas veces soy yo quien lo cometo, pues aún cuando soy lo más descriptivo posible, estoy describiendo lo que yo veo. Quizá se parezca a lo que tu ves, y entonces al estar de acuerdo todo parece ser un poco más cierto, hasta que se compruebe lo contrario, o hasta que ya no lo estemos tanto. Entonces empezamos a hablar de los otros, pero aún así, con las diferencias que marcamos, a veces grandes y otras pequeñas, siempre estamos hablando de nosotros, pues nunca estamos realmente separados, en sentido estricto, como humanos, siempre somos parte los unos de los otros.

GLM

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A mí me gusta la lluvia.

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Qué bueno, porque en mi ciudad llueve bastante. A veces es una lluvia ligera y continua que se siente como brisa, en esas ocasiones la lluvia suele durar varias horas. Pero lo más frecuente es que nuestra lluvia sea breve y algo violenta, con gotas gruesas y rápidas que hacen que las mismas calles de siempre se inunden, y que los habitantes de toda la vida manejen como si nunca lo hubieran hecho en estas condiciones. Y de todos modos me gusta la lluvia. En parte por el olor que deja, pero sobre todo por el sonido que produce, que es parecido al ritmo que puedo agarrar escribiendo cuando de verdad tengo algo que decir o cuando hay algo que me interesa mucho transmitir. A mi me gusta la lluvia, también porque me recuerda que trae vida, y que limpia, y que se mueve, con ritmo, como a veces le pasa a mis ideas, unas veces constantes y otras de golpe. De verdad, a mí me gusta la lluvia.

GLM

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Aprendizaje Perpetuo.

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Desde nuestra experiencia, nuestras lecturas, las series que vemos, las películas, los deportes que practicamos y los que vemos. Todo es aprendizaje perpetuo. Bueno, sólo si estamos atentos. De lo contrario, habrá mucha frustración, muchos corajes, probablemente envidias; y todo porque más bien nos fijamos en lo que no sucedió, en lo que no obtuvimos, en lo que no alcanzamos. ¿No es mejor prestar bien atención?, ver aquello que sí está, la lección que nos está dando la vida. Tantas respuestas se nos van porque no son aquellas que esperábamos. Al final todo es un gran experimento, y cada experiencia nos da la oportunidad de seguir aprendiendo.

GLM

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Esto No Es Una Plaza Pública.

Plaza Facebook

Tiene algunas características que la hacen parecer así. Aquí podemos platicar con nuestros amigos y familiares, nos cuentan o nos muestran historias, chismes y alguna que otra noticia o artículo que puede o no tener fundamento. Aquí podemos pasar nuestro tiempo de ocio observando o comentando lo que vemos.

Pero no, Facebook no es una plaza pública, es una red social en las que estamos y participamos voluntariamente y que, en sentido estricto, es una clase de espacio (virtual) privado al que nos invitan a pasar para que mientras platicamos, nos relacionamos o simplemente vemos, nos puedan vender algo y, al parecer, también estudiarnos como personas y sociedad. Es una mezcla entre panóptico y laberinto, entre cárcel y centro comercial, que muy probablemente no imaginó Jesús Ibáñez cuando escribió su artículo Madrid-2: dos ciudades a elegir, en el que comparaba una cárcel y un centro comercial que tenían el mismo nombre. En ese artículo, que recomiendo mucho leer, hay perlas como la siguiente:

“El capitalismo de producción programa nuestras actividades de producción (produce productores), el capitalismo de consumo programa nuestras actividades de consumo (produce consumidores).”

Todo esto viene a cuento porque en estos días ha habido mucho revuelo sobre algunos cambios que introdujo Facebook en las “historias” y noticias que nos muestra cuando entramos en esta red. Si uno lee el comunicado de Mark Zuckerberg, así como alguna de sus entrevistas y el comunicado del director de News Feed, pareciera que hay una buena intención detrás de estos cambios, la idea es privilegiar las publicaciones y las interacciones que tengan más sentido, algo que suena bien hasta que tomamos en cuenta que este mayor sentido se establece con base a sus parámetros.

Así que estos cambios sobre los que rápidamente se quejaron algunos mercadólogos, en parte con razón, a los que otros reaccionaron intentando adaptarse a esta nueva forma de vender en esta red social, pueden ser una manera de admitir su poder e influencia más allá de internet, una especie de mea culpa sobre una influencia que quizá no pretendían tener, como ser un medio que influyó de manera contundente en los resultados electorales de su país o el reconocimiento de que no debió asumirse como una plataforma para facilitar movimientos democráticos.

Quizá hasta sea una forma en la que intentan redimirse. Pero, ¿podrán hacerlo? Umair Haque, economista autor de The New Capitalist Manifesto, cree que no, pues para él la red social llegó a un callejón sin salida que la obligaría a cambiar la manera en que la red genera ingresos si es que en verdad quiere transformarse. Por otra parte, ¿los que participamos en ella queremos y podemos participar en este cambio?, a veces parece que sí, pero muchas otras no.

En ocasiones parece que preferimos espacios semiprivados o semipúblicos en los que esté sumamente normado cómo participar, en los que haya sobre todo gente como uno, y en los que podamos eludir la responsabilidad de estar ahí, pues no olvidemos que también nosotros tenemos que ver en lo que esta red se ha convertido, algo que Stevan Dojcinovic (editor en jefe del medio serbio independiente KRIK) reconoce que ha sucedido en su gremio:

“Nosotros, los periodistas, también tenemos algo de responsabilidad al respecto. Utilizar Facebook para llegar a nuestros lectores siempre ha sido conveniente, así que invertimos tiempo y esfuerzo para generar una presencia ahí, con lo que ayudamos a convertirlo en el monstruo que esa red es hoy en día.”

¿Qué pasa si Facebook no quiere cambiar realmente? Creo que en ese sentido la respuesta es más sencilla, nos podemos salir de ella. Después de todo, como bien señaló  Jesús Ibáñez:

“No hay regla de juego que asegure la libertad si no queda asegurada la libertad de cambiar de regla de juego.”

GLM

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Conversaciones Difíciles.

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Muchas veces las evitamos, y en gran parte lo hacemos porque las suponemos más difíciles de lo que terminan siendo. En ocasiones involucran algo que queremos pedir y que creemos que será difícil que nos lo concedan. Otras tienen que ver con algo que queremos que admita la otra persona y, por experiencias previas, “sabemos” que no lo hará. Además, algunas de estas conversaciones son difíciles porque los que tenemos que reconocer algún error somos nosotros mismos, o porque intuimos que nos dirán o preguntarán algo que no queremos escuchar o responder, es más, puede que sea algo para lo que ni siquiera tenemos respuesta.

Hay que decir que están también aquellas en las que las emociones presentes son las que las vuelven más complicadas, esas en dónde lo que pesa es más que el tema. ¿Qué me dicen de aquellas que ya no se quieren tener por la relación con la que se tiene con una persona en específico? En esas pareciera que, diga lo que diga nuestro interlocutor, así sea una apreciación sobre el clima, se considerará algo difícil porque “siempre” dice algo contrario a nuestra manera de ver el mundo.

Cualquiera que sea el caso, las conversaciones difíciles se van enredando más mientras más se postergan, en gran parte porque las vamos teniendo tanto en nuestra mente, las imaginamos tan vívidamente, que ya no vemos manera de que algo bueno pueda salir de ellas. Y lo curioso es que cuando las tenemos, a veces por una mera cuestión de azar, de pronto escuchamos bien lo que está pasando, tanto lo que nos dicen como lo que decimos, y nos damos cuenta de que algo bueno puede salir de esa conversación, incluso si se convirtió en discusión. La cuestión es precisamente la escucha, pues cuando ponemos el énfasis en ella no hay conversación difícil de no sea productiva para todos los involucrados.

GLM

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El Derecho a Cambiar de Opinión.

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Humberto Maturana tiene alguno años señalando que, para él, es importante que se incluya dentro de los Derechos Humanos Universales el de cambiar de opinión. Parece una idea muy simple, y quizá lo es, después de todo esto de cambiar de opinión es muy lógico si a uno le faltaba información, o si algo que creía que era de una forma resultó ser “realmente” de otra, o bueno, si uno se da cuenta de que su opinión estaba equivocada lo ilógico sería no cambiarla, ¿o no?

La cuestión es que no nos es tan fácil cambiar de opinión, más bien hay temas en los que nos es más complicado que en otros, y claro, también hay edades, momentos y personas con las que admitir que hemos modificado lo que opinábamos con relación a un tema lo consideramos ahora equivocado, incompleto o simplemente ya no nos satisface. Incluso hay ocasiones en las que vemos con malos ojos a aquellos que han cambiado de opinión, hasta les tenemos apodos, les decimos veletas, indecisos y hasta pusilánimes por dejar de pensar como pensaban antes.

¿Y qué me dicen si el cambio se da en una creencia?, ahí sí tenemos más apelativos y hasta insultos para dar y repartir rápidamente, muchas veces sin analizar antes el por qué, cómo y qué implica para alguien modificar una creencia. Digo, en el para qué generalmente encontramos o, más bien, inventamos alguna oscura intención, conspiración y hasta una coerción para el cambio de creencia. ¿No habíamos dicho que el cambio era bueno?, ¿cuándo conviene cambiar de opinión?, ¿y de creencias?

¿Será que el problema se da cuando el cambio aleja a la persona de aquello que nosotros opinábamos, pensábamos o creíamos?, ¿o cuando el cambio modifica la relación que teníamos con la persona? No sé, yo pensaba hacer un post muy largo al respecto, pero cambié de opinión, de momento prefiero plantearme estas preguntas y, por qué no, también preguntarte, ¿ha habido algo en lo que en el último año has cambiado de opinión, forma de pensar o creencia?, ¿qué impacto tuvo esto en tu vida? Quizá con esta información se pueda armar la continuación de esta publicación.

GLM

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La Gratitud y las Quejas. 6º y 7º Experimentos del Año.

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Es difícil ver que dejé de escribir en el blog a mitad del año, pues me pesa haber descuidado este espacio. Afortunadamente esto no quiere decir que dejé de escribir ni que dejé de hacer los experimentos, así que más vale retomar la escritura en este sitio reportando lo que viví con los experimentos seis y siete de este año, pues ambos están íntimamente relacionados.

Empezar y terminar los días de un mes dando gracias me ayuda a recordar  lo que sí tengo, algo que siempre ayuda pues me es más fácil pensar en posibilidades desde esta posición, aún al enfrentar momentos complicados. De hecho, cuando se han presentado complicaciones en algunos proyectos regreso a esta idea de dar gracias por lo que sí tengo y desde ahí comienzo a retomar. Vamos, regresar a escribir en el blog es también parte de este ejercicio, pues este espacio está aquí y en él puedo escribir siempre que quiera y lo que yo desee.

Con las quejas en esta ocasión me pasó algo muy curioso, pues por una parte el dejar de quejarme me obliga a hacer algo al respecto de las situaciones que me desagradan, pero también me di cuenta de que muchas veces sentía que me quedaba con ganas de decir algo. Al analizar con más detalle en que situaciones me sucedía esto, pude ver que eran aquellas en las que había dejado crecer una pequeña molestia o había dejado de hacer algún señalamiento o aclaración en el momento que había sido necesario.

Es decir, me di cuenta que muchas veces me surge la queja cuando ya llevo tiempo con un desacuerdo, molestia o sin prestar atención a alguna incomodidad que pude haber resuelto antes de que creciera. Probablemente habrá quienes piensan que esto también es quejarse, pero a mi me parece que si la incomodidad es dicha a tiempo, es descriptiva y no juzga intenciones, no necesariamente es una queja.

Por otra parte, también me di cuenta de que hay momentos, situaciones y hasta personas con las que lo que mejor funciona es la queja directa y hasta airada, pues de lo contrario no se escucha o no se toma tan en serio la incomodidad, molestia o el simple señalamiento.

Ciertamente, las quejas bajan cuando uno se centra en lo que sí hay y lo agradece, y con esa actitud es más sencillo encarar las situaciones aunque estén muy complicadas. Pero también hay momentos en los que queda bien quejarse y pelear por modificar el estado de las cosas. La clave parece estar en diferenciar cuando es momento de hacer qué cosa y no persistir en un estilo que está dejando de tener resultados.

GLM

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Retroalimentación.

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Tanto si te dicen que algo que hiciste les gusta o no les gusta, o te dicen el clásico: “está bien, pero…”, es más, el silencio también es una retroalimentación. El punto es entender qué es lo que nos están retroalimentando, pues muchas veces no es el trabajo en sí ni nuestra persona per se, y es que muchas veces es lo que provoca nuestro trabajo en esa persona que lo ve, lo lee o lo escucha, pero el problema es que muchas veces las personas no están acostumbradas a analizar esa parte y a ponerle palabras.

¿Cómo nos van a decir que se sienten cuestionados si eso lo asocian a algo negativo?, ¿cómo decir que les pusimos enfrente una pregunta que no habían contemplado y para la que no tienen respuesta?, ¿qué pasa si lo que hicimos confronta su visión del mundo? Bueno, si muchas veces hasta es difícil decir porque algo nos parece mal, quizá por eso es más fácil tomar parámetros de un tercero para aplicárnoslos, así hasta parece que no es que el que retroalimenta lo piense así, más bien es “la regla” o “escala” que está aplicando.

¿Y que pasa cuándo nos toca a nosotros retroalimentar a alguien sobre su trabajo?, ¿qué tan específicos somos?, ¿qué tan claro tenemos que en ese momento estamos siendo jueces y qué es lo que estamos juzgando? Cuando lo hacemos, ¿retroalimentamos la acción o a la(s) perona(s)?, ¿es para mejorar o para que algo no se vuelva a hacer?

Mientras más claro tengamos cómo se nos retroalimenta, cómo lo hacemos nosotros y sobre qué vamos a estar hablando y escuchando, es más fácil vivir este proceso. ¿Cómo sabes que una retroalimentación es efectiva?, sencillo, si se continúa haciendo lo que estuvo bien y se cambia lo que estuvo mal. Todas estas ideas son fáciles de decir y quizá también de comprender, el detalle está en practicarlas.

GLM

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Tu Inteligencia Puede Jugar en Tú Contra

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Si siempre encuentras explicaciones que dicen que todos los demás están mal y que tu eres una víctima de sus errores o los de las circunstancias. Si tu lógica parece infalible pero tus resultados no son los que deseas, o si sabes tanto que te quedas paralizado al contemplar todas las cosas que pueden salir mal. Entonces tu inteligencia está jugando en tu contra.

O si la has usado tantas veces para salirte con la tuya aún estando equivocado, porque siempre encuentras una excusa o el argumento perfecto para quitarte la responsabilidad o para echarle la culpa a alguien más, aunque te salgas con la tuya tu inteligencia está jugando ahí en tu contra. Y es que al final siempre hay y habrá consecuencias, las mentiras y engaños que haces a los demás y a ti mismo con tu maravillosa inteligencia terminarán dejándote solo, y entonces podrás tener toda la razón, pero probablemente no tengas mucha satisfacción.

Cuidado, porque tu inteligencia también te puede hacer tonto a ti mismo.

GLM

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¿Se Pueden “Desgastar” las Palabras?

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No sé si les haya pasado, pero yo he conocido personas que utilizan mucho una palabra y después de un momento de plática me he puesto a dudar de si sabe qué significa o, en otros casos, empiezo a sentir que la palabra la empiezo a ver más como una muletilla, hasta me parece que pierde peso. Por eso la pregunta del título, ¿será que hay palabras que podemos desgastar de tanto utilizarlas?

Siguiendo con la idea de la repetición excesiva, me he encontrado con personas que a todos los que van saludando o a quienes me van presentando les dicen que los quieren mucho o que me quieren mucho, y a lo mejor es que soy muy amargoso, pero después de un tiempo me termina pareciendo que pues al final no nos han de querer tanto o a lo mejor no quieren tan profundo.

También me sucede cuando escucho un rato a esos adolescentes de posición acomodada que dicen que odian todo, bueno, realmente dicen que odian todo aquello que no les gusta. Entonces me pregunto si la palabra perderá peso o si el odio ganará terreno. ¿Será entonces que a veces volvemos huecas a las palabras?, ¿o habrá palabras que podrán llenar contextos y discursos por simple repetición?

Qué pasaría si saboreáramos más lo que decimos, si pensáramos que tanto las palabras dulces, ácidas y amargas que digamos en algún momento es probable que tengamos que tragárnoslas. ¿Y si pensáramos que cada una de ellas tenemos que honrarlas? No sé, quizá es que a mi me gustan mucho las palabras y lo que hacemos con ellas. Comenzaré por cuidar más cuáles uso y cómo lo hago.

GLM

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