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Un Mes sin Carne. 9º Experimento del Año.

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Ya es el tercer año consecutivo en el que experimento teniendo un mes sin carne, y sigue siendo en el mismo mes como un regalo para la ovolacteovegetariana de la familia, algo que es un detallito pero que lo hago con mucho cariño. La suma entre la recurrencia del experimento y que sea un regalo ayuda a que bastante sencillo cumplir con esta modificación de hábito, con todo y que en esta ocasión hubo varias veces en las que comí fuera de casa, dónde tenemos una dieta que tiende hacia lo vegetariano.

Ahora no tuve antojos y pude decir que no sin problema aún en situaciones sociales, y fue un poco gracioso que a un par de personas a las que les dije que estaba en un mes sin carne me respondieron: “ah, estás en uno de tus experimentos”, lo que de cierta manera me indica que me leen o por lo menos me escuchan cuando hablo de esto de practicar un cambio mensualmente. Claro, también se ha presentado el comentario: “¿es otra de tus cosas chairas?” que es medio en broma y medio en serio, por aquello de que nada más en un mes.

Como en este experimento me ha ido bastante bien, la verdad es que estoy decidiendo si extenderlo o volverlo un poco más complejo. La primera opción implicaría dejar de consumir carne por lo menos dos meses, y la segunda la estoy pensando como tener un mes con una alimentación vegana. Tengo un par de meses para decidir que camino tomar y, porque no, para concretar la idea de llevar un monitoreo preciso de qué le pasa a mi organismo cuando dejo de consumir productos animales. Si saben de alguien que me pueda asesorar en eso del monitoreo, espero recomendaciones.

GLM

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¿Se Pueden “Desgastar” las Palabras?

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No sé si les haya pasado, pero yo he conocido personas que utilizan mucho una palabra y después de un momento de plática me he puesto a dudar de si sabe qué significa o, en otros casos, empiezo a sentir que la palabra la empiezo a ver más como una muletilla, hasta me parece que pierde peso. Por eso la pregunta del título, ¿será que hay palabras que podemos desgastar de tanto utilizarlas?

Siguiendo con la idea de la repetición excesiva, me he encontrado con personas que a todos los que van saludando o a quienes me van presentando les dicen que los quieren mucho o que me quieren mucho, y a lo mejor es que soy muy amargoso, pero después de un tiempo me termina pareciendo que pues al final no nos han de querer tanto o a lo mejor no quieren tan profundo.

También me sucede cuando escucho un rato a esos adolescentes de posición acomodada que dicen que odian todo, bueno, realmente dicen que odian todo aquello que no les gusta. Entonces me pregunto si la palabra perderá peso o si el odio ganará terreno. ¿Será entonces que a veces volvemos huecas a las palabras?, ¿o habrá palabras que podrán llenar contextos y discursos por simple repetición?

Qué pasaría si saboreáramos más lo que decimos, si pensáramos que tanto las palabras dulces, ácidas y amargas que digamos en algún momento es probable que tengamos que tragárnoslas. ¿Y si pensáramos que cada una de ellas tenemos que honrarlas? No sé, quizá es que a mi me gustan mucho las palabras y lo que hacemos con ellas. Comenzaré por cuidar más cuáles uso y cómo lo hago.

GLM

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Del Aforismo al Eslogan.

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Probablemente a muchos les parezca anacrónico hacer una comparación entre uno y otro término. Quizá incluso haya personas que digan que a fin de cuentas son lo mismo, que el mundo ha cambiado tanto que el aforismo de antes es el eslogan de ahora y que los filósofos del pasado “evolucionaron” en los gurús del optimismo que hace moverse alegremente al mercado.

A mí me gustaría ver cuántos de estos mecías de la superación personal estarían dispuestos a tomarse una cicuta para defender sus ideas, su visión del cambio o lo que otros definen como pervertir a los jóvenes o a la gente. Para mí pasar del aforismo al eslogan sin diferenciarlos, es confundir el sentar ciertas bases para conocer o investigar más con sembrar las ideas necesarias para consumir más y pensar menos. ¿Ustedes qué piensan?

GLM

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Cuestión de Estilo.

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“El estilo es la incorrectitud que “pule y da esplendor” a lo que se habla o escribe.”

Pablo Fernández Christlieb.

Uno puede escribir como habla y hablar como escribe y no por eso sonar o leerse “bien”, y es que no siempre se tiene claro lo que se quiere decir, cómo decirlo y qué medio utilizar. Tanto en la plática como en la escritura esto se nota en el uso de muletillas, en la falta de claridad, el exceso de palabras y en el uso de términos que aunque pueden estar correctos suenan o se leen forzados.

Si uno quiere hacer algo más que transmitir una idea, es decir, si uno busca mover a la acción, convencer, mostrar, argumentar o hasta hacer sentir algo a quien nos escucha o lee, lo mejor es que uno encuentre su voz y pula su estilo, que tenga claro el medio y contexto en el que quiere desempeñarse y, en la medida de lo posible, que evite la pretensión de sonar o escribir como alguien más.

Aunque bueno, todos empezamos queriendo escribir o platicar como alguien, y sólo los que más practican llegan a desarrollar su estilo propio. “Sólo” se necesita tener claro qué es lo que se quiere decir o provocar y desarrollar una o varias formas de hacerlo. Ojalá y haya más gente que lo logre y menos que vayan por ahí posando como si tuvieran un estilo mientras todo lo que hacen es seguir las recetas de alguien más.

GLM

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Encontrar y Descubrir.

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Para encontrar algo es indispensable saber qué es. Suena tan obvio como impertinente es la pregunta: ¿dónde se te perdió?, pues de poder responderla eso que buscamos no estaría realmente perdido. Descubrir es hallar algo que se ignoraba o, por ponerlo de otra manera, destapar algo nuevo que no se sabía que existía, por eso es difícil descubrir algo, porque uno tiene que reconocer primero que había algo que uno ignoraba.

La distinción entre encontrar y descubrir es importante en muchos ámbitos, y es particularmente especial en todo lo que tiene que ver con las solución de problemas, pues muchas veces buscamos encontrar una solución cuando lo que se necesita es descubrir una. Esto es, a veces intentamos aplicar “soluciones tipo” o aplicar recetas para resolver un problema porque nos parece similar a alguno que ya habíamos resuelto, lo malo es que ese tipo de soluciones no siempre funcionan y en la expectativa de su funcionamiento solemos perder tiempo y recursos.

Por otra parte, descubrir una solución supone que esperemos lo inesperado, aunque suene a cliché, pues nos pide la apertura para notar algo distinto, sea una clave, un camino, o a veces una ausencia, como sucedió en el descubrimiento de la penicilina. Así que más vale tener cuidado e identificar si uno está en una búsqueda para encontrar algo o descubrirlo.

GLM

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¿Cómo inicias tu semana?

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¿Ya sabes qué harás todos los días?, ¿sólo algunos?, ¿ninguno? Cada quien tiene su estilo para organizarse o no, lo importante es tener claro si ese estilo te ayuda a lograr aquello que dices que quieres hacer, pues a veces culpamos a nuestras capacidades, a los demás o incluso a las condiciones nacionales y globales de resultados que tienen que ver con nuestra organización.

No quiero decir que los contextos, las personas o las capacidades no desarrolladas o practicadas no influyan, no, no estoy tratando de decir que todo es cuestión de uno mismo, pero sí hay muchas veces que un pequeño cambio en nuestra organización personal nos puede dar grandes resultados.

Así que, ¿cómo inicias tu semana?

GLM

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Los Equipos y las Dificultades.

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Muchas veces es en las dificultades en dónde los equipos crecen, pues ellas los obligan a desarrollar nuevas capacidades. Esto sucede cuando un equipo se encuentra ante un problema común, puede cohesionarse más y promover que el esfuerzo aumente ante éste, ya sea porque uno o más de sus miembros muestran que no se rendirán ante la situación que se presenta adversa, porque se recuerda que el objetivo vale la pena con todo y el trabajo “extra” que implica, o porque se tiene definida una meta posterior a la que no se puede llegar si no se atraviesa el obstáculo.

Otras ocasiones los problemas desgastan a los equipos, ya se porque no había suficiente unión para enfrentar algo así, porque el dilema es demasiado grande o llegó precisamente en el peor momento para el grupo, para uno o varios de sus miembros. Esto se nota cuando las quejas son más que los comentarios positivos, cuando se olvidan los motivos o se empieza a dudar de ellos, o incluso porque ya se terminó el ciclo de vida de dicho equipo y sus miembros dejaron de sentir que crecían en él o comenzaron a creer que aportaban más que los demás.

He formado parte de equipos que han vivido de los dos tipos de situaciones anteriores. He lamentado cuando no he podido hacer algo para sobrepasar la dificultad, y he reflexionado para comprender lo que los otros integrantes hicieron o dejaron de hacer. Hoy agradezco los equipos de los que soy parte, pues siento que nos pertenecemos y nos participamos.

GLM

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Mayorías

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Cuando trabajaba en el Centro de Estudios de Opinión de la U. De G., llegó a mí una frase que me causó mucha gracia en su momento:

“Si miro la inmensidad de las estrellas, soy un punto en el espacio. Si veo lo grande que es el mundo, soy un grano de arena. Si veo las encuestas, ahí soy el 20%”

Es cierto, no es muy graciosa, a lo mejor así es el humor de los opinólogos, encuestadores y anexos, pero sirve para ilustrar un poco cómo todo depende del punto de vista, y que se puede jugar bastante con los porcentajes para sustentar un argumento. Lo que me parece muy interesante es que muchas veces no se necesitan siquiera los porcentajes, basta con decir: “la gente”, o si se quiere ser más contundente: “la mayoría de la gente”. Utilizar el argumento de la mayoría es sumamente efectivo cuando uno se está dirigiendo a un grupo de personas que no está bien informado, y además puede generar gran atracción si el grupo o la persona a la que se está hablando puede verse beneficiada de ser parte de esa mayoría.

Esto de hablar por las mayorías, lo utilizan los publicistas y los políticos cuando faltan argumentos y se le quiere dar peso a un mensaje, pero también lo utilizamos sin darnos cuenta cuando queremos convencer sin tener nosotros mismos tanta información. Luego pasa algo curioso, llega un punto en el que después de ver muchos mensajes que hablan de mayorías uno se encuentra cómodamente fuera de ellas, ¿será esto algo bueno? No lo sé, pero me esto me recuerda a otra frase, ésta atribuida a Mark Twain:

“Cuando te encuentres del lado de la mayoría, debes hacer una pausa y reflexionar”

Así que, vale la pena reflexionar si utilizamos sin fijarnos el argumento de: “la mayoría”, si “caemos” en él o si estamos buscando “nuestra” propia mayoría, algo muy distinto que el bien común, pero eso ya es tema para otra publicación.

GLM

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Crítica o Retroalimentación.

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En estos días está en boca de los medios deportivos mexicanos como el dueño del Guadalajara, Jorge Vergara, explicó el mal momento de su equipo como un problema que no dependía tanto de él, pues era una cuestión de rendimiento de los jugadores e incluso criticó el desempeño de uno en particular. Evidentemente esto generó muchas críticas, que terminan siendo algo parecido a lo que él hizo, así que va este escrito en un intento de retroalimentación.

La crítica es sobre el pasado, aunque a veces se puede pedir que se haga algo distinto a eso que se hizo así de mal o no tan bien como se quería. Muchas veces está cargada de suposiciones sobre por qué se hizo lo que se hizo, ideas sobre las posibles intenciones y hasta conjeturas de cuál podría ser el plan maquiavélico detrás de dicha ejecución. Es decir, aunque la crítica tiene mucho que ver con lo que se ve, con el resultado y con el proceso, está mucho más centrada en lo que no se ve.

Por otra parte, la retroalimentación habla del resultado, señalando claramente si se llegó o no a él, apuntando si hubo una ligera o gran discrepancia en aspectos específicos. Generalmente, después de hablar del resultado la retroalimentación aborda el tema del proceso, clarificando si una acción no se hizo, si se realizó mal o si estuvo hecha fuera de tiempo. Además de buscar centrarse en lo que se ve, la retroalimentación tiene énfasis en que en el futuro se consiga el resultado deseado, ya sea por una corrección en acciones, o por el desarrollo de habilidades. La crítica califica, mientras que la retroalimentación señala con candor que se puede mejorar.

Una y otra tienen que ver con expectativas y definiciones, algo que no siempre está tan claro ni en el trabajo ni en cuestiones relacionales. Ambas se utilizan de manera indistinta, generando problemas de ejecución, comunicación y hasta de relación. El primer paso es identificar cuando se usa una y cuando la otra, el segundo es entender que hay momentos para hacer cualquiera de las dos de manera individual y otros, que suelen ser pocos, grupal. Mientras que se está en el proceso de aprender a usar estos dos conceptos y a hacerla de líder o dirigir un grupo, más vale practicar en espacios individuales. De lo contrario se prestará a malos entendidos, sobre entendidos y todo terminará complicándose. Más vale pensar lo que se va a decir, que luego querer explicarlo de manera retroactiva. Más vale pensar como se va a responder, que vivir reaccionando ante las consecuencias no contempladas.

GLM

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Serás Juzgado.

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Por lo que haces y lo que no haces. Si lo haces de buenas o de malas y si tienes la mejor de las intenciones o sólo estás buscando sacar provecho. Además, lo que para algunas personas parecerá bueno, para otras será un acto tremendamente egoísta. Si hablas o escuchas, si tienes un fundamento o si estás diciendo lo primero que cruzó por tu mente. Sí, serás juzgado. Por la gente que no te conoce, por los que te han visto una o dos veces, por la gente con la que trabajas y con por aquellos para los que trabajas, por tus amigos, familiares, pareja e hijos. Serás juzgado. A veces al calor de una emoción, otras con el análisis de lo observado, unas más con lo supuesto, e incluso con lo que haces recordar a algunas personas. Serás juzgado como juzgas y, en ocasiones, de manera más dura.

Ahora que ya sabes que serás juzgado, que tienes esta certeza de que tus acciones y la falta de ellas serán calificadas, ¿qué te detiene a actuar?, ¿qué impide que hagas lo que te apasiona? Sobre todo si tú tienes claro que tu intención es buena, que estás haciendo tu mejor esfuerzo y que estás tomando en cuenta toda la información que sí tienes e incluso estás investigando para conocer algo nuevo. Cuida como juzgas y como te juzgas a ti mismo, porque de esa forma puede que actúes con más justicia. De cualquier modo serás juzgado, así que actúa (o no) con la mayor consciencia posible de tus actos y con la mayor responsabilidad de las repercusiones previstas y las imprevistas.

GLM

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