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Terapeutas de Cuento XVII. Alimento para Gusanos.

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La espiritualidad siempre ha sido un tema importante para mi, y de hecho suelo abordar el esa área con mis pacientes, así que un día decidí preguntarle a mi maestro sobre alguna recomendación para que mis pacientes resistentes o escépticos pudieran ver la relevancia de incorporar esto a sus vidas. Después de dar un trago a su café, me dijo:

-Deja te cuento una historia, hace no tanto tiempo llegó conmigo un paciente que estaba atravesando por un duelo muy difícil, su única y joven hija acababa de morir en un accidente automovilístico y eso había puesto para él todo su mundo de cabeza. Estaba muy molesto con la vida y se estaba cuestionando mucho por qué había pasado tanto tiempo trabajando para un futuro que ahora, a todas luces sería diferente. Cuando le pregunté por sus creencias, me dijo: “Nunca he creído en dios, ahora mismo se me haría todavía más tonto hacerlo. Estoy convencido de que cuando morimos todo acaba, y que cuando esto pasa nos convertimos en alimento para gusanos”. Pude haber cuestionado esa creencia, hasta me había dado la posibilidad de hacerlo porque me dijo que había cremado a su hija, ¿acaso no quería que fuera alimento para gusanos? Pero eso hubiera sido darle preferencia a mi interés por ese tema en lugar de atender el enojo que cubría la tristeza y el miedo ante un futuro incierto. Mejor me centré en trabajar en dolor y el enojo, lo que eventualmente nos llevó a ver cómo podía reinventarse para tener un presente menos duro y un futuro al que quisiera dirigirse.-

Creo que se dio cuenta de que me sentí un poco tonto por buscar darle prioridad a mis temas sobre los de los pacientes, y mientras veía el espresso que había preparado para mi me dijo -Lo más curioso es que al final terminó dejando su trabajo y puso un negocio, ¿sabes de qué?- Antes de que yo pudiera decir algo rápidamente respondió -Composta. Dijo que quería aprovechar a los gusanos antes de que estos se alimentaran de él.-

GLM

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2º Experimento del Año. Un Experimento Fallido.

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Bueno, en sentido estricto más que un experimento fallido, solamente le leí a mis hijas 10 de 29 días que tuvo el mes. Es cierto, no es ni el 50% del número de días que tuvo el mes, y no es por ponerle excusas a ese tipo de cumplimiento, pero además de que la carga de trabajo que he tenido ha sido bastante alta, la verdad es que este año también noté como la carga de estudio y de intereses de mis hijas ha aumentado. Con esto no quiero decir que ni ellas o yo no disfrutamos de los pocos días en los que hicimos coincidir nuestras agendas para darnos el espacio de leer juntos, al contrario, me parece que lo disfrutamos un montón y que es muy importante que terminemos este libro que estamos leyendo juntos, lo que quiero decir es que en esta ocasión los puntos de atención de cada uno de nosotros nos requieren mucha energía, bueno, por lo menos a mi, que no se trata de hablar por ellas, menos ahora que veo que no sólo tienen más ganas de defender sus intereses y su voz, sino que hoy tienen más argumentos y los saben articular de mejor forma. Quizá por esto mismo es que vale mucho la pena que sigamos teniendo este tipo de momentos de convivencia, sin aparatos electrónicos de por medio, con una historia que nos une y con un espacio que con todo y todas las ocupaciones, decidimos darnos los unos a los otros. Sin duda fueron pocos días, no queda más que procurar más de ellos aunque no se trate de un experimento.

GLM

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La Necesidad de Escribir y Escribir por Necesidad.

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Es extraño esto de escribir. Hay ocasiones en las que las ideas surgen tan fácilmente que hasta parecieran que se escriben solas. Otras, aunque dan vueltas dentro de la cabeza tardan tiempo en ordenarse y cuando se pasan al papel o la pantalla hay que darles diferentes acomodos hasta que uno queda más o menos satisfecho. Hay veces que hay una necesidad por escribir, tanta que la claridad va surgiendo a medida que se escribe, como si se ordenaran las ideas y las emociones con la palabras que se van tecleando y al mismo tiempo que uno mismo las está leyendo. También están esos escritos que tienen una fecha límite, que tienen un tema específico y que, sea fácil o difícil, hay que entregar. Estos son los momentos de escribir por necesidad, y tienen que ver con artículos, investigaciones, propuestas, entregas para un requisito, o hasta un armado más del currículum. Aquí es dónde muchos nos atoramos, muchas veces por pensar demasiado en qué es lo que quieren “escuchar” estos lectores particulares, otras por pre juzgarlos y, sobre todo, por sentirnos pre juzgados, por pensar mucho en las muecas que harán con una u otra idea, con el acomodo que quizá prefieran y que seguramente es absolutamente distinto a eso que creemos y sentimos que es nuestro estilo. Nos volvemos otra vez los niños que piensan: ¿qué dirán de mi?, ¿seré lo suficientemente bueno?, ¿me irán a ver?, ¿de verdad leerán esto?. Lo bueno es que aún con estas ideas en la cabeza, sea por la fecha límite o por la necesidad del trámite o requisito, terminamos por llegar al punto final del escrito, y además imprimimos o adjuntamos el archivo y lo enviamos, lo entregamos, o simplemente hacemos click en el botón que dice Publicar. Lo mejor de todo es que sea desde la necesidad o por la necesidad, aunque sea algo difícil, esto termina por ser un gusto. A lo mejor, habrá que empezar siempre por ahí, por el simple y maravilloso gusto.

GLM

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1er Experimento del Año. Escribir un post todos los días.

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Si bien escribí 29 de 31 días posibles, noté diferencias con relación a la última vez que hice este experimento. Para comenzar, llegué a escribir y publicar algo en 15 minutos. Probablemente no fueron post particularmente buenos, pero fueron lo suficientemente notables como para recibir un comentario, o para por lo menos tener un par de vistas. Por otro lado, noté que en esta ocasión no sufrí tanto el “tener” que publicar o el hacer algo que me impidiera hacerlo. Digamos que me sentí bien publicando y no publicando, que aunque había una meta no la sentí en ningún momento como un castigo o como una obligación pesada. Además, aunque no publiqué en el blog no dejé de escribir para los otros proyectos en los que estoy trabajando, así que puedo decir que no dejé de escribir ni uno de los 31 días del mes.

Otra cosa que me gusta mucho de esto de publicar con la mayor frecuencia posible, es que si hay algo que leer es más probable que aparezca un lector. Y no nada más se trata de provocar más vistas en este espacio, ahora hay algo más comentarios en el espacio y sobre todo fuera de él, lo que viene a ser más importante porque detona más posibilidades que van más allá del blog personal. Digamos que la bitácora va cobrando algo más de vida, y que la habilidad de escribir y el hábito de pensar más en ideas para escribir van adquiriendo más fuerza. Quizá no es mucho, pero es un avance, y esos hay que reconocerlos para avanzar más y mejor.

GLM

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La Amistad de los Libros.

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No es una amistad para los solitarios, creo que es una amistad que ayuda a escoger bien quien nos acompaña y nos enseña a estar con nosotros mismos. No es una amistad sencilla, pues hay libros que te dirán cosas que no esperabas escuchar y te harán sentir cosas que quizá no querías sentir en ese momento. No es unidireccional, pues no se trata sólo de recibir información o consumir historias, nos ayudan a crear historias relacionadas a lo que leemos o incluso paralelas a la trama y el universo en el que se desenvuelve el libro. Es una amistad que nos conecta con más libros y autores, que nos da cosas en común con personas que creíamos totalmente ajenas a nuestro estilo de vida o nuestra forma de ver el mundo, y quizá lo sean, pero cuando vemos que alguien está leyendo un libro que leímos, cuando sabemos que le gustó, o incluso cuando podemos tener una conversación para que nos cuente por qué no le pareció bueno o no tan bueno como a nosotros, entonces descubrimos una conexión distinta. La amistad de los libros difícilmente se deja, y cuando se vuelve muy profunda, no queda de otra más que empezar a escribir.

GLM

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Cosas de la Escritura.

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Escribir no es fácil todos los días, sin embargo mientras más lo haces más inevitable se vuelve escribir algo, aunque sea muy breve. Sobre todo cuando uno se da cuenta de que no todo es publicable o compartible, pero que no por eso hay que dejar de escribirlo. Cuando el trabajo implica escribir, ya sea como documentación o para crear algún texto, hay períodos en los que la escritura se vuelve esquiva. Algunos le llaman “bloqueo de escritor”, otros simplemente dicen que son una especie de excusa para no hacer el trabajo, que a veces hay miedo de no escribir algo tan bueno o que se teme recibir una crítica y por eso no se escribe.

Hay días en que cualquier idea, comentario o imagen ayudan a que surjan un montón de cosas que escribir. Otros uno anda por la vida pidiendo un tema, buscando artículos o imágenes que detonen algo, o explorando viejos cuadernos en los que pueda aparecer una idea que se abandonó hace un tiempo o se dejó inconclusa. También hay períodos, que suelen ser esos que están acompañados de una fecha límite, en los que todas las ideas que surgen están alejadas de ese proyecto que se tiene que terminar; entonces no se deja de escribir, pero pareciera que la escritura nos aleja de eso que se tiene que terminar lo más pronto posible.

Lo bonito es que una vez que la escritura se hace hábito, se vuelve algo necesario. Ayuda a ordenar ideas, a pensar mejor las cosas, y a veces se convierte en la vía para seguir inventando una vida distinta, una palabra a la vez, un párrafo seguido de otro, con una coma por aquí, un punto y coma cuidadosamente colocado, y un punto final que puede terminar con una idea o incluso un proyecto, pero que, una vez colocado, sabes que lo que realmente hace es dar inicio a esa otra idea que hay que escribir para que todo vuelva a empezar.

GLM

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Terapeutas de Cuento XV. El Plan Maestro

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Sabía que tendría una semana con algunos casos complicados, supongo que eso pasa cuando uno participa mucho en los talleres de las especializaciones y maestrías, o cuando uno se presenta como voluntario para cuanto caso simulado y casos a revisión surgen en grupos de estudio. Así que decidí pedirle una asesoría a mi maestro el lunes temprano. Pasé a su consultorio y, mientras preparaba un café para cada uno de los dos en su hermosa DeLonghi, pude ver que en su escritorio tenía tres hojas en las que estaba escrito el mismo nombre de una familia. Yo iba a pedirle asesoría sobre su forma de preparar los casos, quería conocer más a detalle cuál era su manera de construir un plan de acción, así que no me importó ser poco discreto y le pregunté: “¿son estos tres planes posibles para atender a una familia?”. Me miró fijamente mientras me pasaba la taza con lo que parecía un delicioso espresso, se dió la vuelta para tomar su taza, observó por un momento su café, después acercó su nariz mientras cerraba los ojos, bajó la taza un poco y, aún con los ojos cerrados, bebió un trago de su café. Volvió a abrir los ojos, su mirada se clavó en mi y dijo: “Sí, son tres escenarios posibles para la siguiente sesión con esa familia.” Después de decir eso, volvió a tomar de su café mientras caminaba a la silla que ocupaba cuando estaba en sesión.

“¿Siempre hace tres planes para la sesión con cada caso?” Pregunté. Después de hacer una pequeña mueca, algo parecido a una sonrisa algo triste, respondió: “A veces hago más, en raras ocasiones hago sólo uno.”  Pensé que sin querer habíamos llegado justo a eso que yo buscaba ese día. –“¿Cómo hace para llegar a ese plan maestro, al plan exacto para el caso?” Soltó una carcajada y, cuando terminó, me dedicó una amable sonrisa. –“No creo que haya un plan maestro. De hecho, cuando sólo hago un plan, o cuando sólo me planteo un escenario, que es como prefiero pensarlo, me siento con más incertidumbre. Casi nunca se dan los escenarios tal cual los pensé, eso sólo pasa en las ficciones, pero claro que sirven, pues me dan ideas y me ayudan a sentirme preparado. Pero la intervención correcta, esa aparece en el momento, y rara vez es sólo una intervención la que resuelve un caso. Además, muchas veces cuando hago seguimiento y pregunto por aquello que más ayudó a que se resolviera la situación, me dicen algo totalmente distinto a lo que yo esperaba.”

Terminé mi café, le pedí prestados algunos libros y después nos pusimos a conversar sobre nuestras familias.

GLM

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Terapeutas de Cuento XIV. Los que Buscan Explicaciones.

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Le pregunté a mi Maestro: –¿Qué es peor que las barracudas?– Haciendo referencia al concepto de Joel Bergman de esas familias y pacientes que van de terapeuta en terapeuta demostrando que nadie puede con ellos.

-No sé si son peores, o si podrían clasificarse como otro tipo de barracudas, y es que no me encanta ponerle tipologías a quienes me consultan- comenzó a decir mi maestro -pero sí me llaman mucho la atención los que llegan buscando explicaciones- continuó -esos que generalmente llevan por lo menos un proceso terapéutico y que además se han leído cuanto libro de autoayuda ha caído en sus manos o se ha puesto de moda. Esos, lo que generalmente quieren encontrar son justificaciones.

¿Qué hay que hacer con ellos?– Pregunté.

Después de un breve silencio, sonrió y me respondió: -¿Quieres que te explique o que te enseñe cómo hacerlo?-

GLM

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¿Y si Tuviéramos un Editor Mental?

Máquina de escribir

Trabajar con un editor es algo interesantísimo, sobre todo cuando es bueno y además se da el tiempo de explicarte el por qué de ciertas ediciones o te da una retroalimentación acerca de los problemas que encontró en tu texto. Ahora que somos muchos los que nos animamos a escribir cualquier cosa y publicarla en el ciberespacio, corremos el riesgo de olvidar la importancia que tienen los editores. Toda esta reflexión surgió a raíz de la lectura del texto: Cómo se edita un texto: las cinco reglas de Botsford, que es una maravillosa pieza sobre el arte de editar, algo que es tan importante para la escritura que hasta Stephen King tiene la frase: “Escribir es humano, editar es divino”. Lo mejor de todo, es que la reflexión detonó también la idea del título de este post, ¿qué pasaría si tuviéramos un editor mental? Ojo, estoy hablando de un editor y no de un censor, puesto que no se trata de estar cuidando todo lo que se dice para ser políticamente correcto todo el tiempo, sino más bien se trata de pensar un poco más y estructurar mejor lo que se está pensando para actuar de una mejor o más provechosa manera y, de preferencia, de manera en que los beneficiados sean todos los involucrados.

No sé, pero esto del editor mental me hace pensar en uno de los psicólogos que más me ha impactado ver en vivo, Tom Andersen. No es que lo haya conocido personalmente, pero las conferencias de él que tuve la oportunidad de presenciar fueron para mi un excelente ejemplo de lo que se puede hacer cuando los pensamientos están lo suficientemente cuidados (¿editados?) para que las palabras resultantes sean cuidadosas y “poderosas”. En la primera, en 1996 en el Congreso Mundial de Terapia Familiar, al final de su exposición dejó a un auditorio lleno de profesionales en silencio e impactado con sus ideas, o bueno, por lo menos yo así me sentí. La segunda, en una visita al DF, no sólo recuerdo como estábamos todos al final de su exposición, sino cómo él, al finalizarla, lejos de tomar el papel de celebridad buscaba seguir escuchando y cuidaba las palabras que dirigía a los que se acercaban a él. Quizá la idea del editor mental nos pudiera ayudar a poner énfasis en la escucha y no sólo en la exposición de ideas y motivos. Quizá hasta nos pueda ayudar para que no consideremos nuestras ideas como definitivas, y que contemplemos la posibilidad de que sean editadas para ser más bellas.

GLM

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10º Experimento del Año. Publicar un Post Diario.

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31 días publicando un post todos los días, 1 día más que cuando hice este experimento el año pasado. ¿Diferencias? Escribir no es algo fácil, pero es más sencillo mientras uno practica más, y cuando uno asume el compromiso de hacerlo hasta aparecen ideas por desarrollar, de hecho, en esta ocasión hice una lista de 10 ideas que podría plasmar en este mes antes de que comenzara. Lo interesante es que de ellas, 8 aparecieron en este blog y 2 más están todavía desarrollándose, es decir, ayuda tener un plan, pero siempre puede salir una idea imprevista que puede ser desarrollada y hasta puede tener una buena recepción. De forma natural, mientras más publicas más posibilidades tienes de ser leído, aunque es muy probable que los post que crees que se leerán más no lo sean y, de igual forma, aquellos que a veces crees que pueden generar más comentarios no lo harán. A fin de cuentas, uno tiene 4 o 5 lectores fieles, 1 o 2 que comentan de manera esporádica, unos cuantos más que “escanean” las publicaciones, y varios que leen sólo los títulos. Otro descubrimiento, hasta ahorita pocos de mis lectores le dan click a los enlaces, a veces pienso que es porque no es necesario hacerlo, otras porque no queda tan claro que si algo está en azul y subrayado es un link que lleva a otra página. ¿Lo más interesante de este mes? Sin duda, la práctica de ordenar las ideas por escrito, pues esto me obliga a clarificarme y me ayuda en diferentes áreas de mi trabajo. Lo extraño, es que ésta práctica me está influyendo en que en algunas conversaciones me cueste más trabajo ordenarme, como si me quisiera editar mientras hablo, o como si quisiera incluir algunos enlaces durante la conversación, sin duda, esto es un punto muy importante a mejorar, porque a veces puedo resultar desesperante por traer demasiadas ideas en la cabeza.

Me queda pendiente tener una constancia en cuanto al horario de las publicaciones, quizá eso me ayudaría a tener más lectores, y definitivamente sería bueno para no tener que retrasar actividades porque tengo que escribir. Esto será algo que buscaré en los siguientes meses, pues mi idea es ver qué tanto puedo extender esta práctica de poner algo en este medio todos los días. Espero no enfadarlos, y ojalá que se animen a hacer algún comentario sobre lo que han leído.

GLM

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