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Hablando de Nosotros.

Pareciera que no, pero siempre estamos hablando de nosotros. Sí, aunque usemos un lenguaje académico, de ese que pretende a subirse a una torre de marfil para medir, describir y analizar desde una posición privilegiada, una que le permite ver a la realidad completa, objetiva. Pero cuando hablamos así una de las primeras cosas que estamos mostrando es que queremos seguir perteneciendo a esa comunidad, pues es un grupo de personas que sabe más, que entiende más, que estudió más. Y aunque eso sea en gran parte cierto, no es más, pues también son personas, y como tales tienen intereses, límites, fallas, puntos ciegos, y cuando estos se olvidan es cuando más se notan.

Bueno, aquí soy yo el que puede estar haciendo lo mismo que critico, señalar afuera algo que muchas veces soy yo quien lo cometo, pues aún cuando soy lo más descriptivo posible, estoy describiendo lo que yo veo. Quizá se parezca a lo que tu ves, y entonces al estar de acuerdo todo parece ser un poco más cierto, hasta que se compruebe lo contrario, o hasta que ya no lo estemos tanto. Entonces empezamos a hablar de los otros, pero aún así, con las diferencias que marcamos, a veces grandes y otras pequeñas, siempre estamos hablando de nosotros, pues nunca estamos realmente separados, en sentido estricto, como humanos, siempre somos parte los unos de los otros.

GLM

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Aprendizaje Perpetuo.

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Desde nuestra experiencia, nuestras lecturas, las series que vemos, las películas, los deportes que practicamos y los que vemos. Todo es aprendizaje perpetuo. Bueno, sólo si estamos atentos. De lo contrario, habrá mucha frustración, muchos corajes, probablemente envidias; y todo porque más bien nos fijamos en lo que no sucedió, en lo que no obtuvimos, en lo que no alcanzamos. ¿No es mejor prestar bien atención?, ver aquello que sí está, la lección que nos está dando la vida. Tantas respuestas se nos van porque no son aquellas que esperábamos. Al final todo es un gran experimento, y cada experiencia nos da la oportunidad de seguir aprendiendo.

GLM

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¿Cuánto Vale tu Café?

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No estoy preguntando por el precio de tu bebida en tamaño venti. Para empezar, cuando te ofrecen opciones de tamaño para tu café es muy probable que en ese lugar no se tenga tanto respeto por el grano con que lo preparan, el proceso de extracción o el trabajo que involucró el beneficio y el cultivo. Esos son los aspectos que tienen que ver con el valor de la taza que te tomas en la mañana o en la tarde, ya sea en tu casa o en una cafetería.

Y es que si en el lugar que compras tu café, ya sea preparado o en grano, te saben decir no sólo qué tipo de grano es y de qué región, sino qué tuvieron que hacer los productores para que llegara a ese local, puedes pensar en que el precio está relacionado con el valor que tuvieron para cuidar cada aspecto de la planta, de la cosecha, del secado, o de algún proceso particular con el que están experimentando.

Si encuentras un lugar así y además te pueden decir por qué le dieron el tueste que le dieron, cuánto se tardaron en perfilarlo y qué es lo que se puede obtener de ese café en un método de extracción específico, entonces aprécialo, porque quiere decir que ahí también están invirtiendo tiempo y esfuerzo para saber bien el por qué y para qué de lo que están haciendo. Si además te explican de manera amable y cuando se los solicitaste, entonces es uno de esos lugares que vale la pena atesorar, pues saben valorar tu tiempo y no te quieren atiborrar de información que no pediste.

Si a ti te gusta el café y además lo valoras, a finales de este mes saldrá a la venta un libro en el que intentamos mostrar muchos de estos aspectos qué están alrededor del café mexicano. Dame unos días más y te contaré un poco más al respecto.

GLM

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Esto No Es Una Plaza Pública.

Plaza Facebook

Tiene algunas características que la hacen parecer así. Aquí podemos platicar con nuestros amigos y familiares, nos cuentan o nos muestran historias, chismes y alguna que otra noticia o artículo que puede o no tener fundamento. Aquí podemos pasar nuestro tiempo de ocio observando o comentando lo que vemos.

Pero no, Facebook no es una plaza pública, es una red social en las que estamos y participamos voluntariamente y que, en sentido estricto, es una clase de espacio (virtual) privado al que nos invitan a pasar para que mientras platicamos, nos relacionamos o simplemente vemos, nos puedan vender algo y, al parecer, también estudiarnos como personas y sociedad. Es una mezcla entre panóptico y laberinto, entre cárcel y centro comercial, que muy probablemente no imaginó Jesús Ibáñez cuando escribió su artículo Madrid-2: dos ciudades a elegir, en el que comparaba una cárcel y un centro comercial que tenían el mismo nombre. En ese artículo, que recomiendo mucho leer, hay perlas como la siguiente:

“El capitalismo de producción programa nuestras actividades de producción (produce productores), el capitalismo de consumo programa nuestras actividades de consumo (produce consumidores).”

Todo esto viene a cuento porque en estos días ha habido mucho revuelo sobre algunos cambios que introdujo Facebook en las “historias” y noticias que nos muestra cuando entramos en esta red. Si uno lee el comunicado de Mark Zuckerberg, así como alguna de sus entrevistas y el comunicado del director de News Feed, pareciera que hay una buena intención detrás de estos cambios, la idea es privilegiar las publicaciones y las interacciones que tengan más sentido, algo que suena bien hasta que tomamos en cuenta que este mayor sentido se establece con base a sus parámetros.

Así que estos cambios sobre los que rápidamente se quejaron algunos mercadólogos, en parte con razón, a los que otros reaccionaron intentando adaptarse a esta nueva forma de vender en esta red social, pueden ser una manera de admitir su poder e influencia más allá de internet, una especie de mea culpa sobre una influencia que quizá no pretendían tener, como ser un medio que influyó de manera contundente en los resultados electorales de su país o el reconocimiento de que no debió asumirse como una plataforma para facilitar movimientos democráticos.

Quizá hasta sea una forma en la que intentan redimirse. Pero, ¿podrán hacerlo? Umair Haque, economista autor de The New Capitalist Manifesto, cree que no, pues para él la red social llegó a un callejón sin salida que la obligaría a cambiar la manera en que la red genera ingresos si es que en verdad quiere transformarse. Por otra parte, ¿los que participamos en ella queremos y podemos participar en este cambio?, a veces parece que sí, pero muchas otras no.

En ocasiones parece que preferimos espacios semiprivados o semipúblicos en los que esté sumamente normado cómo participar, en los que haya sobre todo gente como uno, y en los que podamos eludir la responsabilidad de estar ahí, pues no olvidemos que también nosotros tenemos que ver en lo que esta red se ha convertido, algo que Stevan Dojcinovic (editor en jefe del medio serbio independiente KRIK) reconoce que ha sucedido en su gremio:

“Nosotros, los periodistas, también tenemos algo de responsabilidad al respecto. Utilizar Facebook para llegar a nuestros lectores siempre ha sido conveniente, así que invertimos tiempo y esfuerzo para generar una presencia ahí, con lo que ayudamos a convertirlo en el monstruo que esa red es hoy en día.”

¿Qué pasa si Facebook no quiere cambiar realmente? Creo que en ese sentido la respuesta es más sencilla, nos podemos salir de ella. Después de todo, como bien señaló  Jesús Ibáñez:

“No hay regla de juego que asegure la libertad si no queda asegurada la libertad de cambiar de regla de juego.”

GLM

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Sabes que Pasó Navidad…

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En parte porque poco a poco van desapareciendo las luces de las casas que parece que entraron en la competencia de quién decora de forma más pintoresca, sí, esas mismas que empiezan a quitar los muñecos de nieve, renos y demás etcéteras que deben conseguir que su factura de luz suba al doble. Sí, también sabes que ya pasó Navidad porque tienes que pagar un montón de cuentas, ah, claro, y porque subiste de peso y al regresar al trabajo desearía dormir por lo menos un par de horas más.

Pero uno de los indicadores más claros de que pasó la época de los festejos, regalos y excesos, es que comienzas a ver que los árboles naturales de los que se enorgullecían tus vecinos aparecen en las banquetas o, como me sucedió a mí hoy, justo en el lugar en el que estacionas el coche en la calle. Lo más interesante de todo esto, es que por más que preguntamos el árbol en cuestión no era de nadie, y sólo una vecina comentó que lo había visto el día anterior en otra casa, en la que por supuesto dijeron que no era de ellos. ¿Un milagro tardío de Navidad? No, sólo una muestra de que ya pasó y de que aquello de: “paz en el mundo a los hombres de buena voluntad” fue una bonita frase que no alcanzó a llegar siquiera a los propósitos de año nuevo.

GLM

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Los Divertidos Grupos de WhatsApp

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De los grupos de WhatsApp a los que pertenezco, sólo 3 no están en modalidad silencio. Antes de que alguno de los que me tienen en grupo de estos se ofenda, tengo que decir que yo entiendo esta herramienta como un medio de comunicación asincrónico, es decir, lo responderé en cuanto tenga un momento para hacerlo, pues entiendo que muy pocas personas buscarán establecer por ahí una conversación urgente o, incluso relevante.

Sí, sé que mucha gente la utiliza como herramienta de promoción y venta, pero para mí eso es spam en estado puro o casi. ¿Por qué me mandan una promoción de un producto o servicio sin que yo lo solicite?, me parece como aquella práctica de aventar volantes mediante avionetas en una ciudad, ¿de verdad vale la pena emplear recursos en algo así?

Es cierto que los grupos de padres y madres de las escuelas tienen una categoría aparte, quizá el 5% de lo que en ellos se escribe es información relevante y terminan siendo un excelente material para un estudio sociológico o, por lo menos, para reírse un poco de cómo podemos ser aquellos que se supone que debemos enseñarle a nuestros hijos cómo comunicarnos.

Los grupos de amigos de sólo hombres son todavía más interesantes. En estos, el 70% de la temática tiene que ver con material que va de lo erótico a lo pornográfico, pasando por los albures con tintes homoeróticos que muy pocos parecen notar, o que quizá son una especie de válvula de escape que utilizan los que más reprimen su parte femenina. Un 10% del contenido son agresiones o burlas que se utilizan para mostrar cercanía y generar pertenencia, es decir, al que no le decimos nada no lo queremos o lo respetamos mucho, y el que no aguanta no pertenece a este grupo. Un 10% más tiene que ver con algún deporte, casi siempre el fútbol, y generalmente es un tema que da pie para que surjan una vez más las agresiones antes mencionadas. El 10% restante se utiliza para tratar de ponerse de acuerdo en algo y termina pareciéndose mucho a los grupos de padres y madres de la escuela de los hijos.

¿Por qué no me salgo de estos grupos? En parte porque me divierten, también porque en todos ellos hay gente que aprecio, aunque a veces me enfade o me desespere un poco, ya sea porque se promocionan, comentan cosas que no vienen al caso o porque sólo saben mantener sus relaciones molestando un poco a aquellos que quieren. También me quedo en ellos porque a veces no me organizo lo suficiente para ver a sus integrantes y, después de todo, también soy parte de los que muchas veces no tienen otra forma de recordar que se puede contar con nosotros más que con una burla o una ironía.

GLM

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Conversaciones Difíciles.

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Muchas veces las evitamos, y en gran parte lo hacemos porque las suponemos más difíciles de lo que terminan siendo. En ocasiones involucran algo que queremos pedir y que creemos que será difícil que nos lo concedan. Otras tienen que ver con algo que queremos que admita la otra persona y, por experiencias previas, “sabemos” que no lo hará. Además, algunas de estas conversaciones son difíciles porque los que tenemos que reconocer algún error somos nosotros mismos, o porque intuimos que nos dirán o preguntarán algo que no queremos escuchar o responder, es más, puede que sea algo para lo que ni siquiera tenemos respuesta.

Hay que decir que están también aquellas en las que las emociones presentes son las que las vuelven más complicadas, esas en dónde lo que pesa es más que el tema. ¿Qué me dicen de aquellas que ya no se quieren tener por la relación con la que se tiene con una persona en específico? En esas pareciera que, diga lo que diga nuestro interlocutor, así sea una apreciación sobre el clima, se considerará algo difícil porque “siempre” dice algo contrario a nuestra manera de ver el mundo.

Cualquiera que sea el caso, las conversaciones difíciles se van enredando más mientras más se postergan, en gran parte porque las vamos teniendo tanto en nuestra mente, las imaginamos tan vívidamente, que ya no vemos manera de que algo bueno pueda salir de ellas. Y lo curioso es que cuando las tenemos, a veces por una mera cuestión de azar, de pronto escuchamos bien lo que está pasando, tanto lo que nos dicen como lo que decimos, y nos damos cuenta de que algo bueno puede salir de esa conversación, incluso si se convirtió en discusión. La cuestión es precisamente la escucha, pues cuando ponemos el énfasis en ella no hay conversación difícil de no sea productiva para todos los involucrados.

GLM

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La Velocidad de la Entropía. Terapeutas de Cuento XIX

Otoño

Ese día la asesoría con mi maestro se estaba transformando más bien en un momento para descargar todas mis frustraciones. Había un par de casos en los que me sentía estancado, por cuestiones estacionales la consulta estaba baja y para colmo ese día me había quedado sin gas, por lo que me había tenido que bañar con agua helada. Él dejó que hablara y hablara mientras ponía todo listo en su cafetera para servirnos un par de espressos y, cuando los cafés estuvieron listos y yo hice una pausa para agradecerle el mío, comenzó a decir:

— Recuerdo que una vez tuve en consultoría a un físico que llegó quejándose de la velocidad de la entropía– Notó que hice una mueca y antes de que pudiera decir algo continuó, — sí, yo tampoco entendí que quería decir con eso y entonces comenzó a decirme cómo en los sistemas lo más natural es la tendencia al desorden, y que las posibilidades de este desorden, que elegantemente se llama entropía, en un sistema cerrado tienden al infinito, mientras que las del orden son muy pocas, a veces sólo una. Vamos, en pocas palabras me dijo que en un sistema cerrado es mucho más sencillo que todo se fuera al carajo y, para terminarla de poner peor, de manera muy rápida. Que esto era una verdad absoluta y uno se encontraba peleando una y otra vez contra eso. Le dije que yo no me identificaba peleando contra la entropía todo el tiempo, y obviamente me comentó que eso se debía a que desconocía el concepto, pero que con él se podía explicar fácilmente porque las cosas en la vida de las personas más fácilmente se ponen a marchar mal que a marchar bien.–

–Como ya te imaginarás–, continuó, –le pregunté si me estaba hablando de la demás personas o si me estaba hablando de su vida en específico. A lo que respondió que así se sentía él y que tener en cuenta ese concepto le hacía pensar que todo esfuerzo era inútil, pues aún si conseguía cualquier avance lo más probable era que todo se volviera a estropear en cualquier momento. Entonces yo le hice un par de preguntas más: esto es lo que pasa en un sistema cerrado, ¿cierto?, a lo que respondió afirmativamente con la cabeza, ¿qué sucede cuando el sistema es abierto? Se me quedó mirando con los ojos muy abiertos y me dijo que cuando un sistema se abría las posibilidades cambiaban, que eso hacía que el sistema cambiara y que cambios continuos podrían hacer que la entropía no llevara al sistema a un caos total, a una degradación final, por lo menos teóricamente. Entonces le dije ¿cómo te puedo ayudar para que tu sistema se abra?, y ahí fue cuando empezamos el trabajo verdaderamente–

Como en muchas ocasiones antes, mi mentor guardó silencio, cerró los ojos para oler profundamente su café y comenzó a tomarlo pausadamente. Yo hice lo mismo con el mío y comencé a pensar cuáles eran los cambios a los que tenía que abrirme yo para detener a la entropía en mi vida, o por lo menos bajarle un poco de velocidad.

GLM

 

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Volver a Empezar…

Ciclos

Las veces que sea necesario, bueno, las veces que podamos hacerlo, pues habrá algún momento en el que ya no sea posible y, si hicimos algo bien, quizá esto no nos resulte triste o un problema. Sí, es cansado y muchas veces no nos sentimos preparados para hacerlo. Pero, vamos, ¿cuántas cosas hemos llegado a hacer que pensamos que no era el momento o que no estábamos listos para enfrentarlas?

Ahora bien, quizá habría que plantearse si vale la pena reiniciar un ciclo si un nuevo comienzo o una continuación ya nos parece muy cansada. A veces hay que terminar con algunas prácticas, rutinas y hasta relaciones que vuelven a empezar por alguna de esas cuestiones cíclicas en las que nos metemos o con las que medimos nuestras vidas.

Alguna vez escribí de la ventaja de pensar en ciclos, y aunque sigo pensando que es muy útil tener en mente esta idea, sí me parece muy importante tener en cuenta que hay ciclos a los que vale la pena ponerle un fin. Es más hay algunos que incluyen la terminación como una manera de marcar que hiciste bien las cosas, como el de la escuela, que cuando uno termina se gradúa y entonces se da cuenta de que hay que seguir aprendiendo aunque a uno no le den un diploma.

Si mañana reinicias actividades, disfrútalas. Quizá te falta menos para estar en ese ciclo, quizá pronto llegue tu graduación. Recuerda que de todos modos seguirás aprendiendo, y que a veces hay ciclos que creías que ya querías que terminaran y hoy todavía los extrañas.

GLM

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Confesiones de un Lector.

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Hola, soy Gustavo y me gusta mucho leer. Me gusta mucho leer de varios temas, ficción, cuento, novela, negocios, divulgación científica, deportes, biografías, en fin, termino leyendo de varias cosas tanto si el título del artículo o libro me llama la atención, como si el tema ha despertado algún interés en mi.

¿Leo mucho? No sé, leo lo que alcanzo a leer. Más bien, aquello que me doy tiempo para leer o, incluso, aquello que me resulta tan interesante que hace que le “robe” tiempo a alguna otra actividad. Sí, una de mis formas de procrastinar es leyendo, y a lo mejor es por eso que no me gusta decir que leo mucho. Lo curioso es que me genera bastante desconfianza cuando alguien se autodefine como un gran lector o hasta cuando dice que es un amante de los libros, aunque debo confesar que cuando esto sucede casi siempre les pido alguna recomendación para ver hacia dónde me envían, pues después de que me dicen un título o autor les pregunto por qué me lo recomiendan.

Cuando me dicen que alguien como yo tendría que leer ese libro, o cuando me dicen que es indispensable para una persona que se dedica a lo que yo me dedico, procuro profundizar en sus definiciones de mi persona y de mi profesión y actividades. Si me divierte, me interesa o me plantea algo interesante, busco el libro o artículo, si no, pues no.

A mi casi no me gusta recomendar libros, me parece algo muy personal y necesito conocer o convivir bastante con alguien para poderle sugerir alguno de los libros que me gustó. Eso sí, evito recomendar libros de autoayuda, sobre todo cuando alguien está en consulta conmigo, de hecho cuando esto sucede prefiero señalar una novela o incluso algún cuento, pues me parece que las ficciones ayudan mucho más que la gran mayoría de las recetas que están publicadas bajo el estandarte de la autoayuda. Digamos que pienso que los buenos libros siempre ayudan, aunque no se lo propongan.

Suelo tener libros por leer,  a veces tantos como los temas que me llaman la atención. En ocasiones priorizo aquellos que me van a ayudar a alguna de mis actividades, y lo más divertido es que hasta con esos me termino divirtiendo. Además de confesar que hay libros recomendados que ni siquiera he buscado, hay otros libros que me han regalado y no he pasado de la página 60, vamos, algunos de ni de la 20. Sí, están en la lista de libros por leer, pero tampoco me apura mucho hacerlo.

También hay muchos libros que me prestaron y leí, los regresé y tengo en la lista de libros por comprar. Sí, hay por lo menos 5 libros que me prestaron, leí y no regresé. No te preocupes, si tu me prestaste algún libro no es el caso, lo que pasa es que se me ha olvidado dártelo.

Confieso que me cuando me acuerdo de lo que he leído, casi siempre me cuesta más trabajo escribir, y a veces prefiero platicar un poco de eso ante la terrible sensación de que nunca podré igualar algunos de esos textos que me siguen manteniendo en este maravilloso vicio que es leer.

GLM

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