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Crítica o Retroalimentación.

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En estos días está en boca de los medios deportivos mexicanos como el dueño del Guadalajara, Jorge Vergara, explicó el mal momento de su equipo como un problema que no dependía tanto de él, pues era una cuestión de rendimiento de los jugadores e incluso criticó el desempeño de uno en particular. Evidentemente esto generó muchas críticas, que terminan siendo algo parecido a lo que él hizo, así que va este escrito en un intento de retroalimentación.

La crítica es sobre el pasado, aunque a veces se puede pedir que se haga algo distinto a eso que se hizo así de mal o no tan bien como se quería. Muchas veces está cargada de suposiciones sobre por qué se hizo lo que se hizo, ideas sobre las posibles intenciones y hasta conjeturas de cuál podría ser el plan maquiavélico detrás de dicha ejecución. Es decir, aunque la crítica tiene mucho que ver con lo que se ve, con el resultado y con el proceso, está mucho más centrada en lo que no se ve.

Por otra parte, la retroalimentación habla del resultado, señalando claramente si se llegó o no a él, apuntando si hubo una ligera o gran discrepancia en aspectos específicos. Generalmente, después de hablar del resultado la retroalimentación aborda el tema del proceso, clarificando si una acción no se hizo, si se realizó mal o si estuvo hecha fuera de tiempo. Además de buscar centrarse en lo que se ve, la retroalimentación tiene énfasis en que en el futuro se consiga el resultado deseado, ya sea por una corrección en acciones, o por el desarrollo de habilidades. La crítica califica, mientras que la retroalimentación señala con candor que se puede mejorar.

Una y otra tienen que ver con expectativas y definiciones, algo que no siempre está tan claro ni en el trabajo ni en cuestiones relacionales. Ambas se utilizan de manera indistinta, generando problemas de ejecución, comunicación y hasta de relación. El primer paso es identificar cuando se usa una y cuando la otra, el segundo es entender que hay momentos para hacer cualquiera de las dos de manera individual y otros, que suelen ser pocos, grupal. Mientras que se está en el proceso de aprender a usar estos dos conceptos y a hacerla de líder o dirigir un grupo, más vale practicar en espacios individuales. De lo contrario se prestará a malos entendidos, sobre entendidos y todo terminará complicándose. Más vale pensar lo que se va a decir, que luego querer explicarlo de manera retroactiva. Más vale pensar como se va a responder, que vivir reaccionando ante las consecuencias no contempladas.

GLM

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Serás Juzgado.

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Por lo que haces y lo que no haces. Si lo haces de buenas o de malas y si tienes la mejor de las intenciones o sólo estás buscando sacar provecho. Además, lo que para algunas personas parecerá bueno, para otras será un acto tremendamente egoísta. Si hablas o escuchas, si tienes un fundamento o si estás diciendo lo primero que cruzó por tu mente. Sí, serás juzgado. Por la gente que no te conoce, por los que te han visto una o dos veces, por la gente con la que trabajas y con por aquellos para los que trabajas, por tus amigos, familiares, pareja e hijos. Serás juzgado. A veces al calor de una emoción, otras con el análisis de lo observado, unas más con lo supuesto, e incluso con lo que haces recordar a algunas personas. Serás juzgado como juzgas y, en ocasiones, de manera más dura.

Ahora que ya sabes que serás juzgado, que tienes esta certeza de que tus acciones y la falta de ellas serán calificadas, ¿qué te detiene a actuar?, ¿qué impide que hagas lo que te apasiona? Sobre todo si tú tienes claro que tu intención es buena, que estás haciendo tu mejor esfuerzo y que estás tomando en cuenta toda la información que sí tienes e incluso estás investigando para conocer algo nuevo. Cuida como juzgas y como te juzgas a ti mismo, porque de esa forma puede que actúes con más justicia. De cualquier modo serás juzgado, así que actúa (o no) con la mayor consciencia posible de tus actos y con la mayor responsabilidad de las repercusiones previstas y las imprevistas.

GLM

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Comparaciones y Constantes.

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Pareciera que dichos conceptos no tienen relación, pero a final de cuentas uno es el que relaciona o separa las ideas (y a las personas también), así que mejor empiezo el post antes de irme más por las ramas. Aunque se dice que las comparaciones son odiosas, comparar es una acción básica para el aprendizaje y el conocimiento, el problema está en hacer las comparaciones entre dos cosas que tienen distintas funciones o cuyos atributos son tan distintos que en el ejercicio de contrastar parecerá que uno está por encima del otro o es “en esencia” mejor. ¿Qué pasa cuando llevamos esto a las personas? Pues resulta que una puede quedar al final como mejor que la otra, sin que “realmente” lo sea, pues es precisamente el punto desde el que se hace la comparación lo que resalta unos atributos y deja otros de lado. Lo interesante es que no nada más hacemos esto con los demás, sino que también lo hacemos con nosotros mismos, y a veces comparamos nuestra situación o vida con la de otra u otras personas que están en un punto diametralmente distinto, o que han tenido un camino tan diferente, que la comparación no es tan pertinente.

Por otra parte, constante es aquello que permanece aunque todo lo demás cambie. Algunas constantes son famosas, como Pi (3.14159265359…), y además de permitirnos explicarnos muchas cosas, nos sirven para hacer cálculos, hacer funcionar algunas cosas e incluso solucionar problemas. Pero, también hay constantes que impiden el crecimiento o que sólo nos ayudan a explicar porqué las cosas permanecerán igual. Por ejemplo, eso pasa mucho con la idea de que algo “es cultural“, o con la idea de que alguien “es” de una forma y por lo tanto no cambiará. Cuando lo constante es que nos comparemos desde un punto de vista negativo, ya sea pensando en las habilidades, situaciones o en los bienes de alguien más, entonces no sólo armamos una fórmula para estancamiento, sino para que nuestro esfuerzo, motivación y dedicación disminuyan.

Ya que las comparaciones son inevitables, pues mejor hay que compararnos con nosotros mismos y desde esa perspectiva plantear que queremos que siga constante y qué no. Suena sencillo, ¿verdad?, la cuestión es que no porque sea sencillo, será fácil. Pero bueno, es bien vale escribirlo en otro post.

GLM

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Las Buenas Intenciones.

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Pasa algo curioso con las intenciones, las buenas generalmente son las nuestras. Es decir, la gran mayoría de las veces que hacemos algo es con una buena intención, aunque no siempre tengamos el mejor de los resultados. Y bueno, si no tenemos el resultado deseado, pues resulta que la intención era buena y buscamos dejar en claro eso primero, antes de revisar si hubo algo que estuviera en nuestra responsabilidad que pudiéramos haber hecho diferente.

¿Y las malas intenciones? Pues esas son de los otros, y casi siempre que nos aclaran que actuaron con buenas intenciones o de buena fe, pues seguramente lo hacen para esconder sus “verdaderos” motivos, ¿o no? Después de todo, nosotros llevamos tantos años de experiencia, tenemos tanto conocimiento que, sabemos “leer” a la gente, ¿verdad?

¿Resulta un tanto absurdo leer los párrafos anteriores? Quizá un poco, ¿no creen? Lo interesante es que muchas veces son estilos de pensamiento que seguimos, y que luego llevamos a la acción, tengamos claras o no las intenciones de los demás, hayamos pensado con detenimiento y calma en las posibles consecuencias más allá de nuestras buenas intenciones. Ojalá y podamos juzgar menos las intenciones de los demás y excusarnos en nuestras buenas intenciones, a fin de cuentas, ¿no dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones? Bueno, por lo menos tendré la intención de mantenerme vigilante en mi forma de pensar.

GLM

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Compromisos.

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Hace poco, en una entrevista, le escuché a Don Arturo Pérez-Reverte una frase que me pareció genial: “El diccionario no es la policía de la lengua”. En ese sentido, no busca castigar y normar, sino recoger la manera en que se habla en una lengua, y hasta cierto punto dar ideas sobre cómo se construye el sentido en la misma. Como quien dice, nos ayuda a explicarnos y a entendernos, por lo menos en las cuestiones básicas que tienen que ver con lo que decimos, que los tonos, inflexiones, lenguaje no verbal y contextos son punto y a parte y forman parte del sentido de manera tan o más importante que el lenguaje. Sirva todo esto como introducción para decir que a veces es muy importante pasar por el diccionario para entender y hasta para entenderse a uno mismo.

Según la Real Academia de la Lengua Española,  compromiso viene del latín compromissum y por lo regular tiene dos acepciones que son las más utilizadas:

  1. Obligación contraída.
  2. Palabra dada.

Lo que me parece muy interesante de ambas acepciones es que implican una acción del sujeto, es decir, no es que el o los compromisos “caigan” sobre la persona, sino que ésta los contrae o los escoge. Es cierto que el sentido cambia si la frase dice: “se vió comprometido” o si es: “me vi comprometido”, y es precisamente aquí dónde está el detalle que hoy me interesa, ¿no creen que es preferible ser sujetos activos que pasivos?, ¿no es más fácil encarar cualquier compromiso como algo que uno eligió? Habrá quien decida en este punto: “pues yo mejor me quedo en la parte pasiva”, o quién escoja decir: “es que a mí sí que me comprometieron”, pero de cualquier modo, desde mi punto de vista, éstas son elecciones que muestran si asumimos responsabilidad en la solución o sólo nos quedamos como víctimas del problema. ¿Ustedes qué piensan?

GLM

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¿Podemos diseñar mejor nuestro estilo de vida?

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Vivimos en tiempos complicados en lo social y lo económico, tanto en México como en el mundo, bueno quizá no en Alemania pero ese es tema de otro post. Hay dificultades tanto para encontrar empleo como para autoemplearse y/o mantener un negocio sostenible. Todo ello repercute en un ambiente social bastante complicado que apunta claramente a la necesidad de cambiar nuestro sistema económico, es decir la manera en que hacemos negocios, cómo producimos empleos y cómo nos empleamos. Desde mi punto de vista, ante tanta vorágine, es decir tanto movimiento que parece centrarse en cómo se le hace para sobrevivir, es fundamental tener un momento de calma para reflexionar y actuar en lo que sí podemos cambiar sin dejar de pensar en el mediano y largo plazo.

Una de las opciones que se me ocurren de momento, es prestar más atención en el estilo de vida que estamos llevando y plantearlos la posibilidad de diseñarlo de una manera más consciente. Sé que mientras más carencias económicas y personales se estén atravesando, más difícil es tener o provocar este momento de calma, pues es sumamente difícil pensar en el futuro si el presente es la preocupación porque vas a comer tú y los tuyos. No obstante, pienso que es cuando más importante es pensar y definir mejor qué es aquello en lo que se puede actuar. Bajar el nivel de gasto, revisar bien en qué se invierte el dinero, la energía y el tiempo para ver si así es cómo queremos vivir y, sobre todo, si es cómo queremos vivir en el futuro.

No creo que sea sencillo, de hecho no sé si en realidad podemos diseñar nuestro estilo de vida, pero me parece que vale mucho la pena intentarlo. Sobre todo porque hacerlo es también un acto social y político que se sale del esquema que parece que nos proponen para estar mejor. ¿Ustedes qué piensan?

GLM

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¿Cómo dejamos de sembrar Emergencias?

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Tanto en el contexto de terapia familiar o individual, como en las consultorías organizacionales, he podido observar que las emergencias no siempre “emergen”, muchas veces se van gestando por una serie de pequeñas acciones que hicimos o dejamos de hacer. Claro que ver esto es mucho más sencillo a posteriori, una vez que la emergencia ya está o en la puerta o cuando pudimos hacer algo para resolverla. Lo terrible es que muchas veces esas emergencias son repetidas y escaladas, es decir se vuelve a hacer o no hacer aquello que sabíamos que generaba problemas pero ahora el problema se presenta más grande y a veces hasta nos encuentra con menos recursos.

La pregunta que surge cuando esto se presenta suele ser: ¿por qué hacemos esto? El problema es que ésta pregunta nos lleva a explicaciones que no necesariamente frenan o bloquean la construcción o el “sembrado” de emergencias. De hecho el párrafo anterior es una de las explicaciones posibles y aunque al leerlo digas: “es cierto, yo a veces hago eso”, eso no implica necesariamente que dejemos de hacerlo. Pues sí, uno sólo cosecha lo que siembra. ¿Cómo dejamos de sembrar emergencias? Ese es precisamente el punto, que aunque puede haber generalidades en los patrones de comportamiento que seguimos para ello, la forma de desactivarlos depende de particularidades y no sólo implica fuerza de voluntad o conocimiento. Si así fuera, quizá la forma más sencilla de obtener un cambio sería haciendo algo diferente, ¡lo que sea! ¿No sabes qué hacer distinto?, ¿no sabes sí lo que estás pensando es realmente distinto? Pues es tiempo de buscar ayuda, que en principio eso ya puede ser algo distinto. ¿Es fácil?, no. ¿Vale la pena?, por supuesto, sobre todo si esas emergencias sembradas se están acercando cada vez más a punto de no retorno.

GLM

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Echarle Ganas (¿Más de lo Mismo?)

Una de las frases que más me ha tocado escuchar después de que alguien cuenta un problema, algo que le incomoda o una dificultad que está enfrentando es: “échale ganas”. Seguramente a más de alguno también le habrá tocado escucharla como respuesta al preguntar: “¿y qué vas a hacer?”, incluso puede llevar el complemento: “ponerme las pilas y echarle todas las ganas”. Bueno, si hacemos un ejercicio de memoria a lo mejor hasta encontramos que nosotros mismos lo dijimos en alguna ocasión. Pero ¿qué pasa cuando no es suficiente con “echarle ganas”?

Ahí es cuando nos encontramos de frente con la “necesidad” de cambiar, cosa que no se soluciona solamente por leer grandes libros sobre ello (como Cambio, lectura indispensable para psicólogos desde mi punto de vista), y que si bien es cierto habrá que “echarle ganas”, no se conseguirá sólo con eso.

Uno de los “pequeños trucos” que podemos aplicar en este punto es hacer algo diferente, máxima del buen Steve de Shazer (otro link más para psicólogos que para otros lectores, pero que se le va a hacer) que suele funcionar y que hasta el mismísimo George Costanza llegó a utilizar un día con algo de éxito. El punto aquí es buscar un camino distinto para conseguir resultados diferentes, y en cierto modo “refrescar” la perspectiva desde la que abordamos el problema, pues si éste sigue ahí quiere decir que nuestra perspectiva no nos ha ayudado a solucionarlo.

Visto desde este punto, la respuesta “le voy a echar ganas”  muchas veces es sólo una muestra de que ya no se sabe qué hacer con el problema, propio o el que nos contaron, y parece que desde el punto de vista mexicano “ante la duda: ganas”, aunque eso a veces termine empeorando las cosas.

Todo esto cambia si se están teniendo los resultados que se quieren, o si se están dando cosas para ello. Dicho de otra forma, si con los pasos que estás dando te acercas  a donde quieres llegar, entonces sí “échale ganas”, si no, pues no nada más no vas a llegar, sino que terminarás alejándote.

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